A pesar de lo ajetreado de esta semana, no quería dejar pasar el tema que mañana se votará en el Parlamento de Cataluña: la posible prohibición de las corridas de toros. El mundo taurino se ha movilizado esta semana, desde diversos y muy distintos sectores sociales, en favor de la Fiesta como un elemento inseparable de la cultura catalana. Me ha sorprendido gratamente la muestra de apoyo de ciertos personajes catalanes, a través de la firma del "Manifiesto de la Mercè. Por la libertad (aquí el .pdf original en catalán)". La prensa nacional también lo está siguiendo en profundidad, ya que nos afecta a todos. Curiosamente, el tema del aborto es también noticia, por haber pasado hoy la ley feticida la aprobación del Congreso. Toros y aborto es una cuestión que ya hemos tocado en este blog (¡o bitácora!), pues pienso que el contraste entre ambas cuestiones constituye un magnífico botón de muestra de cómo en España hemos llegado a llamar a lo bueno malo y a lo malo bueno (cfr. Is. 5, 20).
De entre las voces blogueras que se han levantado contra la barbaridad que supondría robarle a Cataluña una tradición cultural tan sublime, rica y profunda como es la tauromaquia, he leído unas cuantas (de las "sesudas" me han gustado ésta y ésta), pero desde luego, las razones de sentido común se imponen. El blog "Desde el tendido 6" apunta a una cuestión clave: "sin toros no hay dehesa". Desde luego, como dijo Ortega y Gasset, "el espectáculo taurino es sólo la faz o presencia momentánea de todo un mundo que vive oculto tras él y que incluye desde las dehesas donde se crían las reses bravas hasta las botillerías y tabernas donde se reúnen las tertulias de toreros y aficionados". El toro bravo, que hace siglos se extinguió en todo el mundo, ha sobrevivido en España única y exclusivamente gracias al toreo. Una vez más, los mononeuronales de la piara antitaurina, con la abolición de las corridas están asestando, ladeada y muy mal ejecutada, tras muchos pinchazos, la estocada mortal y fuera de la plaza, a un animal que vive gracias a la verdadera suerte suprema. Y, con la muerte del toro bravo, matan a todo un mundo y un espectáculo del que gozan, uniéndonos gracias a un espíritu profundamente español, franceses, portugueses y toda la Hispanidad. Ilustrativo es, pues, el hecho de que 133 políticos franceses hayan suplicado la defensa de la tauromaquia. ¡Incluso desde China!
Pero hay un gran argumento, fundamental, rotundo, espectacular y mágico, que en Barcelona tuvo su alumbramiento:




