Se me ocurre, rescatando aquel paralelismo con la íntima y esencial unidad -que no confusión- entre alma y cuerpo en la persona, que atribuir el deber de adorar y confesar a Dios a la Iglesia pero negarlo al Estado, es equivalente a justificar una fe despojada de piedad -de obras-; a pretender una Gracia sin Sacramentos; una esquizofrenia, en fin, injustificable para cualquier católico, que sabe y conoce, como reza la sabiduría popular, que cuando no se vive como se piensa se acaba pensando como se vive. Concluyo esta pequeña reflexión deduciendo de ello que, siendo necesario que el cuerpo obedezca a la confesión de fe que el alma realiza -acto interior o espiritual-, poniéndose de rodillas -acto exterior o terrenal-, así el Estado que no quiera perderse por caminos de impiedad, ha de confesar a Dios, Fuente de Gracia y Amor, Salvación y única paz entre los hombres.
«El cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres» (Don Quijote a Sancho - II parte, capítulo 58)
28 febrero 2011
15 febrero 2011
Libros de D. Francisco Canals Vidal
Últimamente la cosa va de libros. Lo cierto es que hacía tiempo que quería hablar de uno que leí antes que el de Menéndez Pelayo: "Catalanismo y tradición catalana", del profesor D. Francisco Canals Vidal (Barcelona, 1922-2009). Del mismo autor, esta semana me terminé "Política española: pasado y futuro". Como recomiendo ambos encarecidamente, los comentaré lo más someramente que mi capacidad de síntesis pueda.

El siguiente de Canals será, seguramente, "Mundo histórico y Reino de Dios". Ya os contaré.
10 febrero 2011
La Historia de España (textos de Menéndez Pelayo)
Hace unos meses me terminé la "Historia de España", de don Marcelino Menéndez Pelayo. En realidad, de él son los textos, en mayor medida de su gran obra "Historia de los heterodoxos españoles", pero se trata de una recopilación realizada por Jorge Vigón en los años 30.
La primera impresión que me llevo, la fundamental, es que en algún momento le habré de hincar el diente a los tomos de los "Heterodoxos" (otro/s libro/s más en cola), pues ya con su lectura uno no puede sino admirar la erudición y sapiencia del gran polígrafo cántabro.
Entrando en materia, destacaría los siguientes puntos, bien por razón de su importancia relativa en cuanto al conjunto de la historia de España, o por un interés subjetivo que en mí ha despertado su lectura:
a) Interesantísimo me pareció, por mis lagunas imperdonables sobre este periodo histórico (lo reconozco), el análisis que don Marcelino desarrolla de la sociedad española de los siglos XII y XIII; y, muy especialmente, el retrato del gran rey de Castilla, Fernando III el "Santo".
b) Profundísimo análisis y magistral lección de historia (y del ejercicio de la profesión de historiador), sobre la controvertida -y desconocida- Inquisición española. De lectura obligada -en mi modesto entender-, sea en este libro, suelto o, para los valientes, en los Heterodoxos.
c) Conveniente recordar la persecución religiosa en España. Asociamos muchas veces con este término el ominoso periodo de la II República. Pero la quema de conventos, asesinato de sacerdotes y fieles católicos, por no hablar del expolio de las desamortizaciones, vienen de mucho más atrás. Lo que ocurriera desde 1833 en adelante (con raíz en 1812), es interesante recordarlo, para que tomemos conciencia.
d) Menéndez Pelayo no elude ningún tema espinoso, ni siquiera el de la relación entre cristianos y judíos o entre cristianos y musulmanes. Bastante ecuánime y riguroso en datos y presentación de los mismos.
En conclusión: si estás convencido de que vas a leerte los Heterodoxos (y más si los has leído), no lo leas. Pero si no sabes si leerlos o no quieres (allá tú), entonces es un buen parche a esta laguna. En mi caso, antes o después, leeré los Heterodoxos...
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