16 noviembre 2011

A propósito del 20-N (y II): la democracia

Sentado lo dicho sobre el mal menor, queda la pregunta del millón: ¿a quién votar en las elecciones? Y yo respondo con un revés, pues niego la mayor. Mucha gente de mi entorno, menos los que me conocen de verdad, se alarman ante la insinuación de que no iré a votar. Pero el hecho es que creo que considerar el voto como una cuestión primordial, primera, y donde el ciudadano asumiría el genuino protagonismo en política es ya una toma de posición ideológica que no por totalmente extendida es menos perniciosa. La auténtica democracia no es sufragista, sino tradicional, orgánica, concreta, de todos los días, foralista (o modernamente, subsidiaria), en una palabra: libre. Libre, sí, pero de una libertad concreta y real, y no utópica o idealista, abstracta, que imagina el individuo sin coyuntura ni concreciones o como nebulosa de ideas almacenadas en la chatarra del partido político; y es que no podemos ignorar la creciente obsolescencia de la ficción de la soberanía nacional, que atomiza la sociedad mediante el sufragio como mecanismo de elección de qué chatarra-partido político nos ha de regir los destinos durante cuatro años. Y mientras, a callar.

Pero admitamos que el mecanismo sufragista se pueda tolerar y que la participación en ella de opciones realmente regeneradoras y restauradoras del orden natural nos pueda llevar a la participación. Entonces, vayamos a examinar la campaña, y sacaremos conclusiones elocuentes. Para comenzar, la enmienda que los partidos del sistema se han sacado de la manga para reformar la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG) en cuyo artículo 169.3 se exige a los partidos sin representación que obtengan para presentarse avales por el 0,1% del censo electoral. Mejor manera para plantar en la conciencia de una persona más o menos formada la semilla de la desconfianza (cuanto menos) hacia los partidos mayoritarios, no existe. Curioso que PP y PSOE se pongan tan rápido de acuerdo cuando ven peligrar el chiringuito: para unos el 15-M y a los otros les debió de entrar urticaria cuando el anterior Arzobispo de Pamplona Monseñor Sebastián nombró a algunos partidos a los que  poder votar, ejerciendo de verdadero Pastor de la mies desnortada

Y por último, el enésimo intento generosísimo de la Comunión Tradicionalista Carlista de construir una alianza electoral con algunos partidos defensores de principios No Negociables. Y por enésima vez, salvo por AES, ha recibido la negativa por respuesta. 

Conclusión: salvo la presencia aislada de algún partido en alguna circunscripción, simplemente, no hay opción.

O sí, el compromiso vocacional del católico, que busca el servicio a la sociedad por Dios, trabajando día a día en la regeneración social y por el Reinado Social de Jesucristo, cuya fiesta próximamente celebraremos. Y en esas me he comprometido.

¡Vamos 

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