
La vida cristiana, la vida de la Iglesia, es siempre una novedad, un hito en la historia de los hombres, y no tiene otro fin que la Verdad, que es la persona de Cristo. Y Cristo, que es Dios, es el mismo hoy, ayer y siempre. Quienes cambian, quienes mutan, se degeneran o revitalizan son los hombres, en función de que permitamos a la Gracia romper las ataduras del hombre viejo, esclavo del pecado, para abrazar la libertad y la alegría de los Hijos de Dios, redimidos por Cristo de una vez para siempre en esa Cruz que se actualiza incruentamente todos los días en el Santo Sacrificio del Altar (la Santa Misa). Y como quiera que los hombres en cada época necesitan que se les anuncie la Buena Nueva, es para ellos como una novedad que les despoja de su ceguera de pecadores para "descubrir" la novedad de las viejas verdades. A lo largo de la historia de la humanidad, Dios, en su misericordia, ha convocado a la Iglesia en cada tiempo, también según sus formas, a descubrir una vez más la Fe que nos transmitieron los Apóstoles, y para ello se ha servido de instrumentos más o menos débiles, más o menos heroicos, más o menos conscientes, más o menos sencillos o pecadores.
Sirva esta introducción para situar en contexto la creación del Instituto Religioso (ver c. 607 y ss. del Código de Derecho Canónico)
Iesu communio, que hasta "ayer" eran conocidas como las Clarisas de Lerma. Pero nada en la Iglesia parece ser pacífico hoy en día. No estando en absoluto de acuerdo, tampoco voy a descalificar las suspicacias que, nada más publicarse la noticia, han surgido en algunos medios digitales (por ejemplo,
ReL,
InfoCatólica, blog de
Terzio). Y por una razón de justicia: yo mismo las tuve en cierta medida cuando leí por primera vez sobre el mal llamado "fenómeno" de Lerma. Suspicacias que se disiparon, primero con información y luego por
conocimiento de causa. A la vista de lo que pienso y las críticas, suspicacias, sospechas o, incluso calumnias que he leído, paso a continuación a exponer cuáles son los puntos fundamentales por los que creo que no ha lugar a las mismas:
A) Sobre quiénes son y qué hacen las monjas de La Aguilera y Lerma:
1. Sin querer definir o categorizar, sí diré que las monjas de Lerma y La Aguilera son una comunidad boyante de religiosas que han entregado su vida entera a Dios y a la Iglesia. ¡Su vida entera! No perdamos esto de vista. Además, se trata de mujeres de fe y una vida intensa de oración, en comunión con la Iglesia y ansiosas por contar y decirle a todo el mundo que la alegría de ser Hijos de Dios en nuestra Santa Madre Iglesia es algo al alcance de todo el mundo, cada uno en su estado pero eso sí, entregándose por completo a Cristo. La alegría desbordante como consecuencia de la vida en la Gracia es el mensaje fundamental que yo percibí al conocerlas.
2. Asimismo, otra nota, no sé si característica, es que no pocas de las chicas de Lerma-La Aguilera encontraron su vocación tras un proceso personal de redescubrimiento de la fe después de haberla perdido o haberse dejado llevar, como la mayoría de coetáneos míos y no tan míos, a una vida pecaminosa o, cuanto menos, frívola y vacía por completo de Dios. Es decir, la comunidad ha sido el origen y punto de llegada de auténticas conversiones. Muchas son realmente hijas pródigas a las que Dios, como Padre, les ha preparado el gran banquete del descubrimiento y la vida de una vocación consagrada. Puedo afirmar sin temor a nada que tras algunas historias de vuelta al Padre ha habido (de alguna soy testigo) hechos inexplicables si no es por la actuación Divina.
3. Dejo en tercer lugar el hecho de que sean jóvenes, en gran medida con carreras universitarias, inteligentes y habiéndose encontrado con Cristo en medio de una exitosa carrera profesional en un bufete, con la vida resuelta, en una farmacia, en el mundo de las telecomunicaciones, etc. Que sean guapas o no me importa un pepino. Como si son cardos borriqueros. El hecho es que lo son, pero aunque ya dijo Dostoyevski que "la belleza salvará al mundo", también dijo que esa belleza era Cristo.
4. Durante su larga formación, me consta que ésta es bastante completa, enriqueciéndose por supuesto de los grandes santos de la Iglesia, también de Santa Clara.
B) ¿Novedad?, ¿clarisas?
5. Sobre la creación del nuevo Instituto Religioso, recomiendo una pequeña dosis de prudencia. Un mínimo, al menos, hasta que se les otorguen los documentos definitivos en virtud de los cuales se regirá internamente.
6. Sobre la salida de la Orden de Hermanas clarisas he llegado a leer hasta la acusación o sospecha de una "hermenéutica de la ruptura" (sic), alegando que si de revitalizar se trata, ¿por qué no revitalizar las comunidades en peligro de extinción? Pues bien:
6.1 Primero una pequeña consideración general: entiendo que tras la vorágine que ha sufrido la Iglesia en los últimos 40 años se despierte una especie celo vigilante para asegurarse de que toda iniciativa sea santa y en comunión con la Iglesia y la Tradición. De ese celo, yo mismo participo. Ahora bien, no se puede caer tampoco en el exceso de celo que ahogue a priori cualquier nueva realidad que asome la cabeza. Porque lo de Lerma participa 100% de la Tradición de la Iglesia, en tanto que ésta es dinámica y nada obsta a que surjan nuevos impulsos adaptados a los tiempos, dentro de una verdadera hermenéutica de la continuidad a la que obedecen plenamente. Sin ir más lejos, en la Historia de la Iglesia, en el s. XIX vivimos un cierto resurgir de comunidades religiosas que, si bien de distinto carisma, podría hablarse perfectamente de que Dios inspiró a sus fundadores para una misión específica dentro del siglo XIX (claretianos, salesianos, religiosas del Sagrado Corazón), diferentes de los carismas que surgieron en la Edad Media (cistercienses, dominicos, franciscanos, órdenes mendicantes).
6.2 La falta de vocaciones, y en especial a las clarisas, es un grave problema de la Iglesia por el que hay que rezar mucho. Cuando Sor Verónica entró de novicia llevaba 23 años sin entrar una sola vocación. Cuando entró mi hermana este verano, había entrado otra chica de unos veintitantos años la semana anterior y la misma semana entraban otras dos chicas más, y alcanzaban ya las 170. Creo evidente que no existe ni una pequeña correlación o proporción inversa entre el las vocaciones en Lerma y el de otros conventos de clarisas. Por lo tanto, otra suspicacia que no tiene sentido.
6.3 Carisma. A Lerma, de modo espontáneo y paralelo al auge de vocaciones, en un proceso que ha durado unos 25 años, comenzó a acudir gente. Primero familiares, luego amistades, parroquias, otras órdenes, monjas, religiosos, religiosas y simples invitados. La vocación apostólica de la comunidad de Lerma entiendo que ha sido inspirada por Dios y providencial para la vida de Fe de mucha gente. Y todo ello con un mensaje muy sencillo y poderoso: Jesús. En Lerma uno no oirá nada nuevo, fuera del Magisterio o ideas nuevas. Al contrario, una pureza de vida que se traslada a recomendar los Sacramentos, a poner a Dios en todas y cada una de las realidades en las que nos encontramos. De modo paulatino, lo que ocurría en Lerma se ha desarrollado sin voluntad de "renovar" nada, aunque lo haya hecho. Hace poco el Cardenal Piacenza dijo que "toda reforma de la Iglesia nace doblando las rodillas". En este caso no es una reforma de la Iglesia, pero explica muy bien qué ha pasado: ver a las monjas rezar en su oratorio, de rodillas, postradas con la frente en el suelo durante largo tiempo y cómo asisten a la Santa Misa explica muchas cosas y disipa temores no sé si fundados.
6.4 La evolución de las cosas llevó a que aquella comunidad distara de otras comunidades de clarisas. Los que tienen la suerte de haber conocido a otras hijas de Santa Clara lo pueden corroborar. Lejos de suponer un agravio la separación, pienso que es lo más justo, honesto y apropiado. No se trata de no encontrarse a gusto dentro de las clarisas, sino de un encaje no sólo jurídico sino también de poder definirse adecuadamente para desarrollar mejor la vocación que Dios les ha encomendado. Desde luego, la práctica totalidad de nuevas vocaciones en Lerma-La Aguilera obedecen a una llamada específica que no se da en otros conventos, por muy santos que sean.
7. Que estaba en manos de la Santa Sede el decidir qué configuración jurídica iba a tener la comunidad que se repartía en Lerma y en La Aguilera era algo, hasta donde sé, bastante conocido. Ante la pregunta directa que un familiar mío les hizo, con toda la comunidad delante, la propia Sor Verónica nos lo explicó, tal y como finalmente ha ocurrido. Por tanto, la situación ni estaba oculta. Concedo lo de "latente", pero en ningún caso falto de claridad.
8. En cualquier caso, la creación de la Iesu communio no es una pérdida de identidad, sino el reconocimiento que hace la Iglesia de la propia que tenían, que surgió a lo largo de 25 años y que frutos santísimos está dando. Me temo que es un reduccionismo lo de considerar su creación como "algo nuevo que no quiere ser reconocido según el estilo espiritual de Stª Clara".
9. Por último, resulta que la comunidad acogió hace no mucho a otra comunidad de monjas, todas muy mayores, que vivían en un convento envejecido, de esos que tristemente abundan, que se encuentran en peligro de "extinción". Yo personalmente y otro hermano mío, nos interesamos especialmente por ellas, que llevaban toda una vida en clausura, entregadas a Dios. Algunas más de 60 años de monja. Pues fue emocionante oírlas hablar de la comunidad a la que entraba mi hermana. Los ojos sólo puestos en el Cielo y agradeciendo a Dios ese regalo para la Iglesia del s. XXI que son la comunidad de Lerma-La Aguilera. Este testimonio, para mí, guarda un lugar preferente.
C) Conclusiones
10. Para tradicional, yo. Reconozco que lo que me mueve es una iglesia Barroca o del Gótico, una liturgia bien cuidada, Misa tradicional o Novus Ordo en latín, leer a San Ignacio, a Santa Teresa o a Kempis. El estilo juampablista acuñado por Terzio, pues como que no me va del todo. Pero entiendo que carismas en la Iglesia, dentro de la misma comunión, hay muchos. Reflexioné en su día bastante sobre el "fenómeno" y llegué a la conclusión de que lo de Lerma es una ventana de Fe y apostolado inmejorable para buena parte de la juventud alejada de Dios. Allí la gente va, observa, lo flipa, escucha, pregunta, atiende, objeta, se ríe y se comparten experiencias de Fe de un modo natural, sincero, en el que Jesucristo es el centro de todo. La verdad de lo de Lerma es que de allí no poca gente sale "tocada", se confiesa, comienza a vivir en Gracia, a tener Dirección Espiritual con algún buen sacerdote y, en fin, constituye como decía un auténtico apostolado que hace que la gente encuentre de verdad a Cristo. Y eso es lo más importante y lo que me lleva a decir Deo Gratias! y gracias al Santo Padre porque en su saber gobernar la Iglesia ha tenido a bien reconocer esta comunidad como algo bueno para la Iglesia y para la juventud.