26 mayo 2012

Mayo, mes de María (2012): Magnificat anima mea Dominum

Vamos acabando nuestra romería por los sábados de Mayo, doblemente dedicados a María, en el último de este mes. Siendo, como es hoy, vigilia de Pentecostés, no es difícil imaginarse a Nuestra Madre callada en oración humilde, recordando esa primera aparición de Su Hijo Resucitado hace apenas unos días, su Ascensión, en la  esperanza de la promesa del Paráclito. La Madre de Dios contempla ahora gozosa en su bendita Alma toda la Vida, muerte y resurrección de su Hijo; de esa Alma purísima tenemos espejo, a decir del Beato Juan Pablo II, en aquella maravillosa oración del Magníficat. Este cántico, junto con el Padrenuestro que nos enseñó su Divino Hijo, son muestras de la oración perfecta que conduce a la unión con Dios. María, Sedes Sapientiae, contrasta nuestra pequeñez con la grandeza del Señor: humildad y alabanza a Dios son la gran lección que Ella nos da, al tiempo que nos recuerda la fidelidad y misericordia infinitas del Padre, a quien todo lo debemos. Ella, la llena de gracia, Madre de Dios, nos enseña el camino de la santidad que es el de la humildad y abandono en el Señor. Como decía Kempis en Imitación de María: "36 Dios, por rico que sea en gracia, a nadie la confiere sino al humilde. 37 Y como que la virtud de la humildad abundó en María más que en todos los demás, por esto fué llena de gracia". Que la gracia y las fuerzas recibidas en este mes de mayo de 2012 nos conduzcan más eficazmente al camino del Cielo. Amén.


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Primer sábado de mayo 2012: Regina Caeli, Laetare!
Segundo sábado de mayo 2012: Ave María, Gratia Plena!
Tercer sábado de mayo 2012: Salve, Regina!
Los cinco sábados de mayo 2010: las advocaciones populares a la Madre de Dios.

19 mayo 2012

Mayo, mes de María (2012): Salve Regina!

Cruzando el tercer sábado de mayo, contemplamos a una Reina coronada celestialmente por los Ángeles, que proclaman su belleza revestida de castísima pureza por Gracia divina. Al rezar el Salve Regina, cantamos a una Soberana cuya realeza es elevada en el pedestal de su maternidad, que nos abraza a sus pobres hijos mientras deposita en nosotros, miserables pecadores, sus preciosas manos corredentoras. Ella es nuestra esperanza. Tú, mamá, y sólo Tú, puedes hacer que nos levantemos siempre y que en la medida de lo posible nunca ofendamos a tu Hijo. ¡Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos ojos tuyos tan misericordiosos! para gozar un día, juntos, de las inimaginables promesas de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.


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Primer sábado de mayo 2012: Regina Caeli, Laetare!
Segundo sábado de mayo 2012: Ave María, Gratia Plena!
Los cinco sábados de mayo 2010: las advocaciones populares a la Madre de Dios.

12 mayo 2012

Mayo, mes de María (2012): ¡Ave Maria, Gratia Plena!

Ya estamos en el segundo sábado de este mes tan mariano, y qué menos que piropearla como mejor sabe la Iglesia, con las palabras puras del Ángel: ¡Ave Maria, Gratia plena, Dominus tecum! que seguramente hicieran turbarse a la Virgen en toda su bendita humildad (¡Ella! ¡la primera de entre las mujeres y la más excelsa!). Cuando tras el Rosario recitamos tanta avemaría rápido, sin pensar a veces, y distrayéndonos cuando vamos por la calle, o conduciendo, espero de su maternal Misericordia que nos contemple como a niños pequeños, que en el momento de caer, o al vernos en un peligro, también de modo espontáneo, sin pensar, ni caer en la cuenta de quien más cerca tengamos, gritamos buscando amparo, consuelo y salvación: ¡Mamá!


05 mayo 2012

Mayo, mes de María (2012): Regina Coeli, Laetare!

Mayo es el mes de María, y la Iglesia dedica especialmente los sábados a la devoción de la Reina de todas las madres, la Madre de todas las reinas y sobre todo, Mater Dei, Madre de Dios y de su Iglesia, de la que es Corredentora con Jesucristo, pues tanto fue su Amor a su Divino Hijo que en la Cruz su alma fue también traspasada, como profetizó el viejo Simeón (Lc 2, 22-38). 

Además, en este primer sábado del mes de mayo todavía estamos en tiempo de Pascua, y por eso, tras la Resurrección, no hubo criatura más alegre y exultante que María, Reina del Cielo, Regina Coeli.


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En el día de San Pío V, algo litúrgico

San Pío V, Papa
El 5 de mayo, la Iglesia ha celebrado tradicionalmente la memoria del Papa San Pío V, que según el calendario litúrgico del Novus Ordo fue el pasado 30 de abril. Como sabréis mejor que yo, el Papa San Pío V se caracterizó por su defensa de la fe y la liturgia, inseparablemente unidas una a la otra. De la fe, mediante su esfuerzo en la aplicación de las enseñanzas del Concilio de Trento, en una época donde la herejía protestante se pretendía expandir; y de la liturgia, mediante la codificación y unificación del Misal, que hasta dicho momento se encontraba extremadamente fragmentado, habiendo sufrido alteraciones, adiciones o existiendo multiplicidad de ritos por toda la Iglesia. El Papa, en su devoción por el Santo Sacrificio del Altar realizó una labor de conservar la "pureza del culto de la Iglesia" y publicó el Misal de 1570 "restablecido el mismo misal conforme a la regla y a los ritos de los Santos Padres" (Bula "Quo Primum Tempore").
Foto tomada de www.cristorey.eu

El llamado "Misal de S. Pío V", con algunas modificaciones que siempre respetaron el original, se mantuvo en vigor y alimentó la piedad eucarística de toda la Iglesia durante siglos. No me detendré en los detalles, por bien conocidos y repetidos, de lo que sucedió de 1970, cuando fue efectivo el Novus Ordo Missae del Papa Pablo VI, hasta la publicación por Su Santidad Benedicto XVI del Motu Proprio "Summorum Pontificum" en 2007, que declaró la unicidad de ambos Misales dentro del mismo Rito Romano, aun distinguiendo entre "Forma Ordinaria" (Novus Ordo) y "Forma Extraordinaria" (llamada, entre otras, Misa tradicional, valga la redundancia o pleonasmo). Pero sí repetiré resumidamente mi opinión, que expresé en este blog hace un par de años, aquí (I) y aquí (y 2)

Al tiempo de publicarse el nuevo Misal, la Iglesia vivía una fuerte sacudida, que llevó a Pablo VI a hablar incluso de que el "humo de Satanás" había entrado en la Iglesia (y al parecer se refería a los abusos litúrgicos en el postconcilio), lo que llevó a que, salvo en muy pocas excepciones, podamos decir que el Misal de Pablo VI permaneció prácticamente inédito durante años. Las aguas, vistas con perspectiva, van volviendo a su cauce, aunque no toda esté todavía en él, viendo corregidos numerosos errores, gracias en particular a la labor incansable del humilde y verdadero Pastor que "apacienta a su grey" que tenemos por Santo Padre. Pero considero que el daño durante estos años está hecho y queda por cicatrizar. El Papa Benedicto XVI, en su biografía, lo expresaba así:
"se destruyó el antiguo edificio y se construyó otro, si bien con el material del cual estaba hecho el edificio antiguo y utilizando también los proyectos precedentes. No hay ninguna duda de que este nuevo Misal comportaba en muchas de sus partes auténticas mejoras y un verdadero enriquecimiento, pero el hecho de que se presentase como un edificio nuevo, contrapuesto a aquel que se había formado a lo largo de la historia, que se prohibiese este último y se hiciese aparecer la liturgia de alguna manera ya no como un proceso vital, sino como un producto de erudición de especialistas y de competencia jurídica, nos ha producido unos daños extremadamente graves".
Las palabras del Papa son lo suficientemente elocuentes, que prosigue:
"es dramáticamente urgente una renovación de la conciencia litúrgica, una reconciliación litúrgica que vuelva a reconocer la unidad de la historia de la liturgia y comprenda el Vaticano II no como ruptura, sino como momento evolutivo".
Podría ser un ejemplo de
"hermenéutica de la
continuidad"
Creo que hay que tener en cuenta esta afirmación del Papa, por un lado, no sólo para comprender su intención para toda la Iglesia cuando "liberalizó" el misal de Pío V (según las rúbricas que en 1962 dió Juan XXIII) y estableció dos formas de un mismo rito, sino para responder a su solicitud como Cabeza visible de la Iglesia. Opino que la belleza y esplendor del culto de la liturgia tradicional (el "antiguo edificio"), debe alzarse a un lugar visible -incluso ostensible- que impregne la devoción de todo cristiano en su Adoración del Cuerpo y Sangre realmente presentes en el Santo Sacrificio de la Misa (que se actualiza incruentamente, se hace presente el Calvario mismo, de un modo misterioso, cuando el Sacerdote repite las palabras de la Consagración y se produce la transubstanciación). De ese modo, forma ordinaria y forma extraordinaria han de llamarse mutuamente, han de enriquecerse mutuamente, como dos formas de una misma esencia que tienden a unirse para un mismo Fin. Todo lo cual, si eso llega a producirse mediante la inclusión de varias misas según la forma extraordinaria, junto con la ordinaria, en todas las parroquias del Orbe católico, intuyo que de aquí a varios años (seguro décadas, si no más) y tal vez varios Papas, si Dios quiere podamos tener un único misal y calendario litúrgico para toda la Iglesia, renovados los actuales, pero siempre en perfecta comunión y continuidad con los dos milenios (y vamos por el tercero) de peregrinaje de la Iglesia

San Pío de Pietrelcina
Por otro lado, seguramente en todo este marco y siguiendo la idea de "reconciliación litúrgica" están los ímprobos esfuerzos de Benedicto XVI para con la Hermandad Sacerdotal de San Pío X (HSSPX), cuya situación de suspensión y comunión imperfecta con la Iglesia es un hecho que a todo católico debe herir profundamente. Parece que las noticias son esperanzadoras, que los sacerdotes de la HSSPX podrán volver a ejercer su ministerio lícitamente y que esas dos partes que se quieren puedan volver a la misma comunión necesaria. Personalmente, me voy a unir (e invito a unirse) a la novena que comienza el 8 de mayo mediante el rezo del Veni Creator Spiritus y el Memorare (Acordaos) para que el Espíritu Santo, y por intercesión de nuestra Madre Santa María, iluminen al Santo Padre y al Superior General de la HSSPX en esta hora tan señalada. 

Por todo ello, en el día de hoy y en las circunstancias que nos rodean, no estará de más si recitamos la Oración que para el día de San Pío V, Papa, establece el misal de la forma extraordinaria para su memoria (en castellano):
Oh Dios, que para abatir los enemigos de vuestra Iglesia y restaurar el culto divino, os dignasteis elegir a San Pío para Sumo Pontífice: haced que, defendidos por su auxilio, nos dediquemos a vuestro santo servicio, para que, superando las asechanzas de todos los enemigos podamos alegrarnos en perpetua paz.
In nómine Patris + et Fílii et Spíritus Sancti. Amen. Introíbo ad altáre Dei... 


Dominus conservet eum, et vivificet eum,
et beatum faciat eum in terra,
et non tradat eum in animam inimicorum ejus

02 mayo 2012

Cantando a las Españas

Últimamente me estoy tomando alguna que otra licencia literaria y hoy, 2 de mayo, no podía ser menos, por lo que dejo escrito mi canto a unas Españas que han sido grandes, también, en lo popular y costumbrista: 

Hablar de una España no se puede; hablar de muchas es ocioso, que en su entraña han vivido fuerzas de raza, temple y orgullo de un pueblo anárquico, que no se doblegó ante nadie y que en sus libertades siempre tuvo su más preciado tesoro. Las Españas que rezan a un solo Dios, miran a su Madre con sencillez y llaman en llantos rompiendo el protocolo:

cada uno quiere sentarse a su Derecha, y Cristo nos lo reprende con la boca pequeña, pues se regocija de una nación que le canta saetas a un Mesías gitano, al Redentor que bendice multitudes sobrias, llenas de dureza castellana y se despide el Resucitado pescando con sus amigos a bordo de una trainera de la Albufera valenciana. Quizás Cristo sonría y baje su Mano para acariciar, con cuidado de no tambalear, un frágil Castellet catalán, que en comunidad se arropa para que un chiquillo alcance la gloria tocado con barretina y acariciando a las Cortes celestiales.

Vicente Doménech, el Palleter,
animando al levantamiento contra
los franceses en Valencia
Son así, en fin, las Españas, indómitas sus gentes, leales a sus reyes, que festejan los valientes lances en pausada cadencia, retratados en la retina, dominando a la bestia brava que le planta batalla al son de un pasodoble que prorrumpe en notas de aclamación popular. 

Donde Alonso Quijano pierde la cordura en arrebatador suspiro por la estepa manchega, blandiendo su lanza a trote de rocinante, pero lúcido como nadie cuando por amor y su ideal, mártires de la locura racionalista son heridos por el azote de un gigante y arremeten contra el molino solitario cayendo defraudados él y Sancho, marchando marchitos por las tierras españolas.

Y oyendo el grito estremecedor del Irrintzi vascongado, Covagonda se entrega a la contemplación de toda una tierra que alcanza los teocallis derrotados de un Tenochtiltlan Evangelizado. Mientras que al otro lado toda victoria desmerece ante la derrota heróica de los Últimos que ningún crédito concedieron  a quienes de Legazpi osaron expropiar la herencia.

Y entre flamenco y jotas, una aragonesa danza junto a una sevillana, un chotis y muñeiras, pues lo español es cultura y España, nuestra Patria.

15 abril 2012

Manifiesto Monárquico al Rey por venir

Hace doscientos años España vivía una decadencia institucional, política y moral que hizo patente la necesidad de una renovación a prácticamente todos los niveles. No hace falta extenderme demasiado en el recuerdo de los sucesos de Bayona, la ocupación francesa de nuestro suelo y un 'rey' impuesto y extranjero. Pero eso no eran sino las consecuencias visibles. Los reyes de España hacía un tiempo que venían horadando los pilares de nuestra fortaleza jurídica y política, ya desde la abolición de los fueros de los reinos de la Corona de Aragón, el regalismo, el Despotismo o largos periodos sin convocar Cortes y una interminable sucesión de reformas fallidas que, sin embargo, nos permiten seguir pensando en aquéllos como nuestros Reyes.

Y es que catalanes, vascos, valencianos o castellanos, como todos sus ancestros, aún vitoreaban a su Rey, porque España era la Monarquía, y se adherían al Monarca como primer Pater Familias del conjunto de familias que formaba la Patria; y mantenían, con diversas leyes, costumbres e idiomas, una unidad inquebrantable fraguada por la Comunión de Fe en Cristo, lo que dotaba a pueblo y monarquía de un horizonte eterno y trascendente bajo cuya Egregia protección brotó fructuosamente la vida de una civilización que deslumbró al mundo durante siglos.

Y por esa salud que le quedaba al pueblo, como en otras muchas ocasiones en nuestra historia, cuando la abominación de la desolación ponía un pie en nuestro suelo, España entera se alzó contra el extranjero a grito de "¡Viva el Rey, la Patria y la Religión!", y deseó hasta apodarle en tal deseo la vuelta de su Rey. 

Pero el deseado resultó felón, y marchó, el primero, por la senda que nos conducía al abismo. Su Hija ocupó un lugar que, no por tamaño, le resultó grande, y fue protestada y expulsada. Ya entonces la salud de España volvía a mirar al Monarca y reclamó para él su Trono, poniendo en Carlos María Isidro sus esperanzas, como siempre, en que Carlos V fuese el regio Pater Familias que España anhelaba recuperar, al ver sentado de nuevo, en lo más alto de la dignidad patria, el magno espíritu de  San Fernando III, de Jaime I el conqueridor, Alfonso X el sabio, de la gran Reina Católica o de Felipe II. 

D. Alfonso Carlos I,
como Fernando III, un
verdadero Rey Santo
Pero la historia ha sido la que es y el daño estaba hecho. La dinastía de la Década Ominosa, la misma que desciende de la de los Tristes Destinos se asentó y se expulsó, se reinstaló, huyó sin desear volver, y volvió nombrado a dedo. Lo de ahora es, simplemente, un esperpento que muestra la cara más bochornosa de un régimen en que los resortes morales más básicos brillan por su ausencia: como consecuencia, la república borbónica (dos-sicilianas) hace aguas.

Hoy Domingo (y termino) he visitado el Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, y no he podido sino preguntarme qué tendrá que ver el Jefe de Estado que hoy se denomina rey con sus Gloriosos ancestros. ¿Qué ha quedado de nuestra Monarquía Hispánica? Y al ver reposar en el mismo panteón a Carlos I y a don Juan de Borbón y Battenberg, en vez de llorar sólo he podido rezar dos padrenuestros: uno en acción de gracias por los grandes Reyes que sí tuvimos y ya no quedan; y otro, por que algún día se vea cumplida, en la persona que Dios tenga a bien concedernos, la promesa de aquel Rey gallardo de las Españas* que fue Carlos VII, cuando, al pisar por última vez la Patria a la que amaba exclamó a las generaciones futuras para que nunca perdamos la esperanza: ¡Volveré!

Hoy, más que nunca: ¡Viva España! y ¡Viva el Rey Legítimo!

"La Unión de la santidad de la fuerza, el triunfo total del espíritu
sobre los afectos domeñados, la perfección moral convertida en norma de
república y buen gobierno, la vida de Gracia rigiendo la vida política,
sólo en nuestro Santo Rey pueden encontrarse"
(Menéndez Pelayo, sobre Fernando III)
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* Si bien sus sucesores merecieron el entusiasmo y fervor de sus fieles, e incluso alguno como D. Javier I llegaron a jurar fueros (famosa es su foto en Guernica), D. Carlos VII fue el último que gobernó de facto en parte del territorio español. 

04 abril 2012

Aprendiendo de Aparisi y Guijarro

"No se leen ya en el mundo obras voluminosas; el espíritu humano, cansado de sí mismo, y arrebatado a la vez por diferentes objetos, lleva impreso el carácter de un siglo en que todo se precipita con increíble rapidez, sin que sea dado fijar su atención, ni un solo momento, en ninguna cuestión, por importante que sea. Empero hay cuestiones que no pueden explicarse ni comprenderse tan apresuradamente y, sin embargo, son las más importantes al hombre. Esta precipitación, en la que nada se detiene, nada se medita, bastaría por sí sola a debilitar, y con el tiempo a destruir de todo punto la razón humana."

Me gusta leer a Aparisi y Guijarro. Cada vez más. Y tal vez sea porque leerle es un aprendizaje continuo de la sencillez del sentido común, que por nada malvende la Verdad sino que nos la ofrece de un modo sutil, pero clara e inequívoca, también ruda, claro que sí. Leyéndole me siento más discípulo aún del Maestro. Encuentro en sus discursos la expresión perfecta de lo que uno quizás ya conoce, tal vez sin que hubiese reparado en ello. Y cuando más veo que nos reprende, que nos hace ver el error dejando relucir en sus palabras la Verdad, más resuenan en mí las palabras del Apóstol: "no es propio de uno que sirve al Señor pelearse, sino ser amable con todos, hábil para enseñar, paciente, que corrija con mansedumbre a los rebeldes por si Dios les da un arrepentimiento que les lleve a reconocer la Verdad (2 Tim II, 24-25)".

La cita que reproduzco es toda una llamada a detectar uno de los grandes obstáculos que encontramos en el mundo de hoy para reconocer la Verdad: hemos perdido la paciencia, la mansedumbre (quizás por la falta de paz interior que todo lo agita), el valor del silencio, la oración personal, tú a Tú con Dios, solos, sin ruido... y así nos va.

26 marzo 2012

Lo que va de 1812 a 1875... y llegamos a 2012

No ha pasado ni una semana y ya casi nadie habla de ella. Doscientos años separan una fecha y otra, tiempo suficiente como para que, sin pestañear, se convierta una fecha, el 19 de marzo de 1812, en el referente de algo que no existió: entonces, la absoluta falta de apoyo por el pueblo que se alzó en armas contra el francés a grito de "Viva el Rey, la Patria y la Religión", se ve hoy transmutada en una sospechosa alabanza unánime, al mismo texto que venía a derogar los principios que posibilitaron nuestra gallarda independencia.

Pero no quiero disquisiciones. Es patente:

Dice José Luis Comellas que "lo anómalo [de las Cortes de Cádiz] fue la forma de convocarse y reunirse aquellas Cortes. No hay más remedio que admitir, como reconoce uno de los más importantes organizadores de la reunión, el poeta Quintana, que los partidarios de las reformas comprendieron que la ocasión era única (ausente el rey, sumido el país en una guerra total), y no la desaprovecharon. Las Cortes de Cádiz pudieron así transformar casi sin resistencia el régimen español."

Y es que, de los autores que tengo ahora a mano, Menéndez Pelayo arroja más luz: "aquellas Cortes gaditanas tuvieron, entre sus muchas extrañezas, la de haber sido congregadas por los procedimientos más desusados y anómalos, no siendo propietarios sino suplentes elegidos en Cádiz por sus amigos y paisanos muchos de aquellos diputados, lo cual valía tanto como si se hubiesen elegido a sí mismos".

Sí recomiendo, llegados a este punto, reflexionar un momento, para no insensibilizarnos, sobre los conceptos que salieron de Cádiz: "soberanía", representatividad o el concepto mismo de Constitución. Y el contraste con la realidad: "al terminar la guerra de Independencia, los españoles se encontraron, algunos con gusto, la mayoría con sorpresa, que las bases legales de la convivencia en el país habían sido transformados por completo (Comellas)." Reitero: ¿representatividad? ¿soberanía nacional? ¿Cómo puede ser que el acto que se pretende como el primero de una Nación autoconsciente suponga una "sorpresa" para el sujeto activo de la acción? Quizás Menéndez Pelayo nos da la respuesta "pues sabido es, y muy cándido será quien lo niegue, que mil veces se ha visto por el mundo (y más si pensamos que escribe esto 70 años después de Cádiz) ir por un lado la voluntad nacional y por otro la de sus procuradores", que en las Cortes gaditanas fueron "ciegos y sordos al sentir y querer del pueblo (Menéndez Pelayo)". No fue de extrañar, pues, afirmar como "indudable" el hecho de que "el pueblo recibió con palmas su abolición".

Y, en fin, pensaba al leer todas estas circunstancias que rodearon el latrocinio de Cádiz en cómo explicar al hodierno español medio el pensar que, sobre la cuestión, tenemos los tradicionalistas. Pero gran suerte, una vez más, haber tenido los españoles un rey como Carlos VII quien, con su ejemplo 62 años después de aquellas falsas Cortes, demostró mejor que con mil discursos, cuál es la doctrina española de siempre sobre la verdadera libertad y representatividad sociales. Lo cuenta el Conde de Rodezno, en 1875 y en el transcurso de la llamada III Guerra Carlista (¿y por qué no "liberal"?), cuando las tropas alfonsinas y carlistas se daban una pausa, y Carlos VII reinando de hecho en parte de las Españas:

"el 5 de julio, Vizcaya, foralmente congregada, presentes los procuradores de sus repúblicas, valles, concejos, villas y ciudades, constituída bajo el árbol de Guernica, emblema de sus instituciones históricas. (...) Un gentío inmenso cubría la carretera y seguía ansioso a la numerosa comitiva; todos los edificios aparecían engalanados; el cañón atronaba los aires, volteaban las campanas alegremente y los cohetes cruzaban el espacio. (...) junto al árbol simbólico se alzaba un modesto trono de damasco: lo ocupó Carlos VII, acompañado de su padre, D. Juan de Borbón (...). Comenzó la misa (...) y al consagrar la Divina Hostia, el Rey, posando su mano sobre el Ara, pronunció el solemne juramento". Terminada la misa, se proclamó la "antigua y expresiva fórmula: 
¡Oíd, oíd, oíd! ¡Vizcaya, Vizcaya, Vizcaya!¡Por el Señor D. Carlos VII de este nombre, Señor de Vizcaya, y Rey de Las Españas! ¡Que viva y reine con gloriosos triunfos por dilatados y felices años!
Cada vez que esta proclamación se efectuaba, era delirante la contestación que el pueblo daba.

Días después, el 7 de julio, y con parecidas ceremonias, D. Carlos fue proclamado en Guipúzcoa y juró en la villa de Villafranca los Fueros de aquella provincia, ante la representación de sus repúblicas, alcaldías y uniones, conforme a las fórmulas inmemoriales."

Sin embargo, reinando en un territorio mucho mayor que la isla de León y de Cádiz, teniendo toda la aclamación popular de sus territorios, nos da la gran lección, pues, sin embargo, "los Fueros de Álava y Navarra no pudieron ser jurados por Carlos VII; los primeros, porque estimó la Diputación de Álava que no estando dominada toda la provincia (...) no estaría representada en toda su integridad; y los de Navarra, porque la proclamación tradicional debiera hacerse en las Cortes del Reino, que las circunstancias no permitían convocar."


Y ahora, a reflexionar: soberanía, representación, legitimidad, legalidad...

25 enero 2012

El matrimonio: comentarios a algunas propuestas

Últimamente se ha hablado de la familia y el matrimonio en lo que podríamos denominar “ámbito provida” a raíz de una iniciativa, a mi juicio desafortunadísima, del Foro de la Familia (“FF”), que ha propuesto la inclusión en nuestra legislación de una ley que ampare la existencia de “un matrimonio alianza que promueva y ayude a afrontar los conflictos matrimoniales con ánimo de superación, sin apostar por la fácil ruptura”. Y digo desafortunada, pero bien podría decir que poco rigurosa e incoherente. También he de decir que, mucho más valiente, comparto lo esencial del matiz de la Asociación Cruz de San Andrés (“ACSA”) y animo a sumarse a la iniciativa. No obstante, humildemente propongo una pequeña crítica constructiva o, si se prefiere, un matiz al matiz, que en el caso del FF es casi una reconvención y en el de ACSA un complemento creo que necesario. Me explico, por partes:

Parto de la constatación de la media mentira que nos lanza el Código civil (cada vez más incivil) sobre el matrimonio y los preceptos donde se hace referencia al mismo cuya “forma de celebración” es religiosa: artículo 49, y los de la sección 3ª del capítulo III del Título IV, donde el Código incurre en la ambigüedad (que lo es para quien no esté atento), de hablar en el artículo 60 de “matrimonio celebrado según las normas de Derecho canónico”, pues éstas aplican únicamente en cuanto a forma en la que se presta el consentimiento, y para nada más. En España, por tanto, sólo existe un matrimonio, el civil, con distintas maneras de “celebración”. Muchos más preceptos ayudan a corroborar esta idea, y sobre todo los artículos 44 (que otorga los mismos efectos cuando ambos “contrayentes” sean del mismo sexo) y el 85, que establece que “el matrimonio se disuelve, sea cual fuere la forma (…) de su celebración (…) por el divorcio”, que son frontalmente incompatibles con las normas de Derecho canónico.

Las consecuencias de esta gran mentira que es la existencia una “forma religiosa” de celebrar un matrimonio, por muchos efectos civiles que se le reconozcan ha sido el verdadero Caballo de Troya jurídico contra el matrimonio en España ya que ha creado la ficción de la existencia de un matrimonio religioso, pero sin sus verdaderos efectos, pues (in)civil es su regulación jurídica. Una intromisión en toda regla del derecho civil sobre el canónico, al que deja en indefensión. Tanto como si se aboliera el secreto profesional y se obligase a los sacerdotes a violar el Secreto de Confesión.

Por consiguiente, y acabo, la reforma urgente y de mínimos que necesita España es el pleno reconocimiento por parte del derecho civil del Código de Derecho Canónico para quien opte por este ordenamiento jurídico como regulador de su matrimonio. Es decir, coherencia. Quien opte por el matrimonio “por la Iglesia” queda vinculado por el derecho que lo regula, debiendo el estado permanecer escrupulosamente respetuoso con su regulación y elementos esenciales (indisolubilidad, complementariedad de los esposos Hombre y Mujer, etc.). Otra cosa, me parece a mí, es marear la perdiz y perderse en fórmulas complicadas que no hacen sino arrojar más sombras que luz sobre el asunto.

18 enero 2012

Le llamaban don Manuel, nació en España...

Acababa mi última entrada con una reflexión sobre la capacitación intelectual, profesional o técnica y la idoneidad para asumir puestos de responsabilidad en los asuntos públicos. Y mira tú por dónde que ayer España despidió a Manuel Fraga Iribarne - don Manuel, como ahora se apresuran todos a llamarle-.  Dotado, sin duda, de una gran inteligencia, capaz, trabajador, eficiente y eficaz en casi todo lo que hizo, la sombra de Fraga siempre fue alargada. Dirigió el ministerio de Información y Turismo cuando Franco todavía regía los destinos de una España que se echaba en los brazos de unos tecnócratas que, se quiera ver o no, pusieron las bases de la España que para bien y (también) para mal, hoy tenemos y contra los cuales el mismo Fraga acabó enfrentado. Y es que para los de mi generación, los que crecimos con un Fraga casi anciano y en galego si por algo le tuvimos fue, al menos, como repartidor de exabruptos. No en balde soy de la generación cuya selectividad ya incluía la pregunta sobre Manuel Fraga.

Su legado es variopinto, desde el Spain is Different! que ha llegado hasta nuestros días, su gestión como presidente de la Xunta de Galicia, no sólo en las infraestructuras, sino en sus políticas exterior y lingüística, o la propia Constitución que-nos-hemos-dado en cuya redacción tuvo su parte. Pero en lo que quizás haya sido más decisivo fue en ser el canalizador de toda una parte de España, en su mayor parte tradicional, hacia lo que hoy se denomina como el centro derecha español. En efecto, Fraga es el padre de la derecha política española, esa misma mitad del espectro electoral que hace posible el sostenimiento de un sistema que permite y alienta en su seno la matanza tantos inocentes aún no nacidos, la desnaturalización de la familia mediante ataques como el divorcio y la equiparación jurídica al matrimonio de las uniones de personas homosexuales.  En definitiva, Fraga fue y ha sido el artífice del secuestro de una parte del pueblo español que, infectado por aquel síndrome nórdico, se hace el sueco entregando su destino a su mayor enemigo. Y como no quiero en esto pasar por críptico, dejaré clara la paradoja de que el pueblo español, esto es, el católico, entregue elecciones tras elecciones su entusiasta apoyo a la apisonadora que alisa el camino al fijar la gravilla que la izquierda esparce por la carretera hacia el abismo social. Porque ese y no otro es el papel del PP en el sistema político hodierno: el asentar, pulir, mejorar y allanar las reformas que la izquierda marca y deja a su paso. En efecto, tras el paso de la izquierda por el gobierno, el camino parece pedregoso y hediondo, como  aquel sobre el cual se ha derramado la grava para fijar el asfalto. Pero es la derecha quien con su máquina pesada asienta y refuerza la carretera reluciente cual autovía recién estrenada. Pues bien, este artificio, señores y señoras, es obra de Fraga.

Fraga, camaleónico como el Abad Sieyès, en fin, se vendió como el político aperturista en la dictadura, conservador en la transición, galleguista en su tierra e impulsor de Ruiz-Gallardón. Su coherente proyecto de un partido centroderechista, esto es, apisonadora de la autovía del progreso, mantuvo un firme itinerario que ha llevado al Partido Popular a una mayoría absoluta merced a los votos de quienes se oponen a las políticas que va a conseguir perpetuar en España. Y si tamaña fue su grandeza como intelectual y trabajador nato, tan gran verdad es, pues, aquel latinajo que decía: corruptio boni, pessima! La corrupción de lo bueno, es lo peor.

Dios le tenga en su Gloria.

17 noviembre 2011

Los tecnócratas


Reconozco que me divierto mucho cuando en la escena política ocurre alguna circunstancia que, por decirlo de alguna manera, alborota el gallinero, hasta que se aclaran y adoptan la postura según el color que más convenga a su chiringuito. Y, como en un gallinero alborotado, las gallinas corren y cacarean ruidosamente sin orden ni sentido. Ocurrió al principio de lo de las “acampadas” en Sol y ahora con el nombramiento de un gabinete de “tecnócratas” en Italia. Al menos, opino por lo que he oído en radio mientras me como el atasco mañanero.

Resulta que algunos se llevan las manos a la cabeza porque en Italia los ministros no sean “políticos”. Algunos epítetos han sido: antidemocrático o dictatorial, “no elegido por los ciudadanos”, etc. Para muchos comentaristas españoles, que quienes dirigen nuestros destinos no pertenezcan a partidos políticos es una aberración “democrática”. No les importa que el pulcro respeto procedimental y parlamentario haya producido este resultado: en efecto, en Italia como en España, decir que el presidente del Gobierno es elegido por “el pueblo” es una falacia y una mentira desde el punto de vista estrictamente jurídico-político, ya que quien elige al presidente del Gobierno es el Parlamento. A Calvo-Sotelo (hijo) no lo eligió nadie más que las Cortes Generales, sin elecciones. Y a ninguno de dichos comentaristas se le ocurre decir –que podrían- que no fue presidente del Gobierno “democrático”. Vale, sí, pertenecía al partido gobernante, pero si opinamos con rigor, el presidente no salió de unas elecciones, sino de la decisión parlamentaria; y el presidente, con arreglo a la Constitución y las leyes, puede elegir a quien quiera, diputado o no, como ministro. Y digo todo esto, advirtiendo al lector que en nuestra sacrosanta transición española, uno de los modelos políticos (es especial para el asunto territorial, pero también para el sistema de partidos, aunque fuese como modelo negativo para corregirlo) de mayor referencia a la hora de redactar la Constitución fue el italiano. En definitiva, lo que deja patente este tema es hasta qué punto hemos identificado democracia con partidos políticos; es decir, hemos convertido el sistema en una pura y simple partitocracia.

No quisiera extenderme más, y acabo con una última reflexión: me asombra cómo las ideologías demoliberal y socialista han deformado la vida social y política en España, hasta que alguien considere que es más adecuado para un ministerio de Industria, pongamos por caso, un graduado escolar sin estudios superiores pero fiel al partido que un ingeniero con MBA sin partido. Y no es que piense que tener carrera o máster del universo sea garantía de competencia (a veces hasta precisamente lo contrario) pero creo que se entiende suficientemente lo que quiero decir. En cualquier caso, que conste que la tecnocracia no es garantía de nada y sigue teniendo el grave peligro de que la “técnica” impere sobre la moral o la justicia o pensar que sus consideraciones son independientes y preponderantes sobre los principios pre-políticos. Pero en fin, este es el sistema “que nos hemos dado” y el espectáculo debe continuar…

16 noviembre 2011

A propósito del 20-N (y II): la democracia

Sentado lo dicho sobre el mal menor, queda la pregunta del millón: ¿a quién votar en las elecciones? Y yo respondo con un revés, pues niego la mayor. Mucha gente de mi entorno, menos los que me conocen de verdad, se alarman ante la insinuación de que no iré a votar. Pero el hecho es que creo que considerar el voto como una cuestión primordial, primera, y donde el ciudadano asumiría el genuino protagonismo en política es ya una toma de posición ideológica que no por totalmente extendida es menos perniciosa. La auténtica democracia no es sufragista, sino tradicional, orgánica, concreta, de todos los días, foralista (o modernamente, subsidiaria), en una palabra: libre. Libre, sí, pero de una libertad concreta y real, y no utópica o idealista, abstracta, que imagina el individuo sin coyuntura ni concreciones o como nebulosa de ideas almacenadas en la chatarra del partido político; y es que no podemos ignorar la creciente obsolescencia de la ficción de la soberanía nacional, que atomiza la sociedad mediante el sufragio como mecanismo de elección de qué chatarra-partido político nos ha de regir los destinos durante cuatro años. Y mientras, a callar.

Pero admitamos que el mecanismo sufragista se pueda tolerar y que la participación en ella de opciones realmente regeneradoras y restauradoras del orden natural nos pueda llevar a la participación. Entonces, vayamos a examinar la campaña, y sacaremos conclusiones elocuentes. Para comenzar, la enmienda que los partidos del sistema se han sacado de la manga para reformar la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG) en cuyo artículo 169.3 se exige a los partidos sin representación que obtengan para presentarse avales por el 0,1% del censo electoral. Mejor manera para plantar en la conciencia de una persona más o menos formada la semilla de la desconfianza (cuanto menos) hacia los partidos mayoritarios, no existe. Curioso que PP y PSOE se pongan tan rápido de acuerdo cuando ven peligrar el chiringuito: para unos el 15-M y a los otros les debió de entrar urticaria cuando el anterior Arzobispo de Pamplona Monseñor Sebastián nombró a algunos partidos a los que  poder votar, ejerciendo de verdadero Pastor de la mies desnortada

Y por último, el enésimo intento generosísimo de la Comunión Tradicionalista Carlista de construir una alianza electoral con algunos partidos defensores de principios No Negociables. Y por enésima vez, salvo por AES, ha recibido la negativa por respuesta. 

Conclusión: salvo la presencia aislada de algún partido en alguna circunscripción, simplemente, no hay opción.

O sí, el compromiso vocacional del católico, que busca el servicio a la sociedad por Dios, trabajando día a día en la regeneración social y por el Reinado Social de Jesucristo, cuya fiesta próximamente celebraremos. Y en esas me he comprometido.

¡Vamos 

14 noviembre 2011

A propósito del 20-N (I): malmenoritis reloaded

A pesar de que cada vez me convenzo más de que la democracia -la participación del pueblo en la cosa pública- tiene poco que ver con las elecciones sufragistas, no quisiera dejar de comentar algo sobre las próximas del 20 de noviembre. Y para ello, rescato y actualizo esta pequeña reflexión sobre la licitud del mal menor, a la luz de las enseñanzas magisteriales pontificias y episcopales:

¿Cuántos que hablan de mal menor saben que Juan Pablo II condenó el "error proporcionalista" de creer legítima la elección de cualquier mal sólo por tener enfrente a otro mayor? Cuando un partido defiende el aborto, cuando un partido aprueba la píldora del aborto libre, cuando un partido se carga a los objetores de conciencia frente a Educación para la Ciudadanía, y un largo etc (no hablo del PSOE), uno le podrá votar, sí, pero no podrá decir que lo hace "en conciencia".

En este sentido, me gustaría recordar  la Nota que la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe emitió el pasado día 21 de diciembre de 2010, a propósito de algunas lecturas de "Luz del mundo". Pues bien, la Nota, además de recordar precisamente el peligro "proporcionalista" en la interpretación de la teoría del mal menor, recuerda por un lado que "no es lícito querer una acción que es mala por su objeto, aunque se trate de un mal menor". Cita en su apoyo la Encíclica Veritatis Splendor, que a su vez cita a Pablo VI en la Humanae Vitae. Y algunos alertarán de las barbaridades en ingeniería social del PSOE, obviando las subvenciones al aborto en comunidades como Madrid o Valencia. Pues bien, dice el Magisterio perenne de la Iglesia:
"En verdad, si es lícito alguna vez tolerar un mal menor a fin de evitar un mal mayor o de promover un bien más grande, hacer el mal para conseguir el bien no es lícito,  (cf. Rm 3, 8)"
Nótese que dice "alguna vez tolerar", y no que "siempre" sea lícito tolerar, ni mucho menos dice que siempre sea lícito el mal menor. Al contrario, desde decir que "sería lícito en algún caso tolerar un mal menor" hasta "hay que querer el mal menor" hay una gran diferencia.

Y en todo caso, tenemos lo que dijo en el año 2002 la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en su Nota sobre el compromiso y la conducta de los católicos en la vida política:
"La conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral"
Para mayor aclaración todavía, el Papa Benedicto XVI en su Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis definió y concretó cuáles eran los principios que él denominó "no negociables":
"El respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas."
Y por terminar, que todavía he oído alguna objeción más a todo esto (si es que es posible), de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe:
El compromiso político a favor de un aspecto aislado de la doctrina social de la Iglesia no basta para satisfacer la responsabilidad de la búsqueda del bien común en su totalidad
 Además, 
"Cuando la acción política tiene que ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad. Ante estas exigencias éticas fundamentales e irrenunciables, en efecto, los creyentes deben saber que está en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de la persona."
 Y más recientemente, en su habitual y calculadamente críptico lenguaje, la Conferencia Episcopal de España señalaba el pasado mes de octubre que:
3. No se podría hablar de decisiones políticas morales o inmorales, justas o injustas, si el criterio exclusivo o determinante para su calificación fuera el del éxito electoral o el del beneficio material. Esto supondría la subordinación del derecho al poder. Las decisiones políticas deben ser morales y justas, no sólo consensuadas o eficaces; por tanto, deben fundamentarse en la razón acorde con la naturaleza del ser humano. No es cierto que las disposiciones legales sean siempre morales y justas por el mero hecho de que emanen de organismos políticamente legítimos.
En definitiva, el mal menor, que alguna vez puede ser tolerado, no vale siempre, y en todo caso, subordinado a la Ley Natural.

Quien tenga oídos para oír, que oiga, porque está muy claro ¿no?

01 noviembre 2011

Más allá del Jalogüín (II)

En la resaca del Jalogüín, se impone alguna reflexión que va más allá (nunca mejor dicho) del simple hecho "esotérico-festivo", que es lo que apuntaba en la anterior entrada, sobre la aplastante uniformización cultural que padecemos, aunque parezca por "libre" adhesión. Una fusión por absorción que se viene fraguando por descapitalización y devaluación de nuestros más preciados activos -y perdonadme el símil empresarial-, es decir, la debilidad cultural española por olvido y debilitación de lo propio es causa de que modas tan ajenas a nuestro ser se implanten con entusiasmo en suelo patrio, llámese Jalogüín o Papá Noel (y hasta que al Corte Inglés a algún gran Centro Comercial se le ocurra celebrar Thanksgiving o Martin Luther King).

No obvio el fenómeno de la interconexión creciente entre sociedades, por el progreso tecnológico, que ha favorecido el mutuo conocimiento. Pero hemos de destacar que la mutua influencia no conlleva necesariamente (contra lo que se suele afirmar) un enriquecimiento mutuo. De hecho, la experiencia nos está demostrando lo contrario. El fenómeno meramente tecnológico ha coincidido en la historia con un derrumbe moral e intelectual de lo que se suele llamar "occidente" que ha favorecido una globalización por asimilación pasiva de premisas ideológicas contrarias, seguramente por inercia, a los principios morales y religiosos que sustentaron la Cristiandad. 

Mantengo la teoría de que sólo desde la afirmación de lo propio puede uno enriquecerse con lo ajeno. Sin embargo asistimos a un fenómeno que pretende supuestamente construir mediante la destrucción de lo propio. Es la misma idea subyacente en la concepción relativista de la sociedad que funda el estado democrático por negación de las verdades eternas, de modo que por la tolerancia (que es realmente indiferentismo) se llegue a la pacífica (yo diría muerta) convivencia (o co-yacimiento). Decía Rafael Gambra que el conformismo moderno se manifiesta en una entrega total del individuo y las sociedades a la dictadura de "Los Tiempos", algo que de alguna manera vislumbró sin verlo del todo Ortega y Gasset en la Rebelión de las Masas. El inconformismo (el verdadero hombre libre) sería aquel que huye de esa dictadura para buscar la solidez de la Mansión donde poder construir y heredar (en definitiva, progresar). Por eso, Jalogüín es más que un mero divertimento, en el mejor de los casos. Jalogüín es la claudicación del hombre y la sociedad libre a la masa y a Los Tiempos.