26 enero 2013

Las meteduras de pata... o cuando la "liamos parda"


Sucede que te levantas y quieres creer que todo fue un sueño; te desperezas con la esperanza de que todo esté en orden, pero la resaca de sentimientos corroe la conciencia y te acuerdas de la que has liado. A veces esa “resaca” es cosa de un momento, un renacer de la conciencia a la realidad y se traduce en un abismo que se abre entre ti y el entorno, y se das cuenta de tu pequeñez. Puede haber sido por el mal que has hecho a un amigo, a un familiar, a uno mismo; una terrible equivocación, una consecuencia desastrosa no bien calculada, una injusticia… en todos los casos, la memoria y la conciencia irrumpen de pronto haciéndonoslo saber: no solo has metido la pata, la has cagado, la has liado, y mucho. Y piensas, como en la canción ¿Qué ** estaría yo pensando?
Oh it's so embarrasing
I'm this awkward and uncomfortable thing,
and I'm running out of places to hide



Quizás nunca como en esos momentos somos más humanos. Y por humano debe entenderse en toda su crudeza o sencillez la condición de criatura que, como tal, es limitada, pequeña… ridícula. La desesperación no es más que un quijotismo mal entendido en que nos vemos caballeros o damas impolutos sin mancha. Los horrores y errores son para los demás. Pero ¡ay! Que a todos nos llega el día de la humillación. Y bendita sea porque sobre ella se han cimentado las más altas cotas de grandeza.

Cagarla, además, tiene un punto de diversión, si se mira con el prisma correcto. En el peor de los casos, impone una gran aventura, que es la penitencia.



Ser un Judas hoy, es sinónimo de falso, pero un Judas debería ser alguien que no se arrepiente. O quien se desespera. Judas sería hoy un gran santo si se hubiera arrepentido después de traicionar a Jesús.

Por eso, soy fan del arrepentimiento. Cada vez más. Y confieso mi debilidad ante las grandes meteduras de pata. Y más ante los que no paran de cagarla y siempre se ríen –y lloran- y tiran para adelante arreglando su desastre. Tal vez la vida no es más que un arreglar entuertos, los de uno mismo y, si puede, los de su alrededor. Lejos de ser triste, es la vida más maravillosa que puede haber, porque es cómica y real y permite la redención final.

Creo que todos, antes o después, llegamos a ese punto de resaca del que hablaba al principio. El fracaso, con humildad, es reformador. Pero los hay que se han inventado una historia cuyo hilo argumental navega entre la negación del mal o del arrepentimiento. En ambos casos ese negacionismo inhumano, que es verdaderamente triste, convierte la vida en una quimera desesperante. Por eso, una vida tan humana, tan desastrosa y a la vez tan brillante como la de Édith Piaf no deja de maravillarme porque parece siempre tan cerca de la redención a la que conduce el sufrimiento y al mismo tiempo no la alcanza.



Imagino un final en que elle se regrette de tout, avec l’espoir de Dieu y en que verdaderamente, esa vida del que commence avec toi sea verdaderamente la de Él.

Pero en fin, si hay una vida que me inspira cercanía y compasión, más cercana a la redención como la entiendo sea la de un genio entre los genios como Johnny Cash, cuya vida, por sobradamente conocida, no hace falta señalar.



Y con él cierro esta entrada, para recordarla en el éxito y en el fracaso porque, en última instancia, no es a nosotros a quien corresponde la gloria, sino a Él.


31 diciembre 2012

El 2012 que se nos va

Ya se acaba el 2012, que en lo personal ha sido un año de demasiados contrastes. Entre otras muchas cosas, hace apenas un mes perdí a mi última abuela tan importante para mí y mis hermanos. Se marchó abandonada en Dios, poco a poco, yéndose sin hacer ruido, con su Virgen del Carmen a la cabecera. Estará con el abuelo, ¡tan felices -siempre lo decía- habían sido! y gozando de la presencia de Dios. Mis dos abuelas son un enorme referente personal, de fe, de vida y ejemplar modo de cuidar una familia. Les debo este humilde reconocimiento. Ahora las tengo en el Cielo, haciendo de madres, con la Madre de todos.

En otro orden de cosas, el que nos ocupa, el año ha transcurrido bregando en esta crisis tremenda que tenemos encima, en el que los efectos de un sistema fallido que se tambalea debería hacer caer muchas vendas que demasiados ojos tapan. No podía ser de otra manera cuando existe y se apoya un sistema que proclama la soberanía nacional de un pueblo que día a día se encuentra más esclavo de un poder partitocrático agarrado a la poltrona. Nunca como ahora la realidad contesta de modo tan arisco a los principios ideológicos que se proclaman. Y, permítaseme que lo diga, los dos brazos o costados del problema que tenemos se reparten la culpabilidad: las derechas y las izquierdas, maniqueas ellas, tuertas y destructoras nos corroen el espíritu y fuerzas de una Patria que desaparece. En esta empresa común de la derecha y la izquierda que se llama odio a la fe y destrucción de España, la corrupción hace estragos y se emplean chivos expiatorios, realizando cambios para que todo continúe igual en las dos sectas partitocráticas. Y su paradigma, este año, está en Cataluña en el que el delirio paranoide del nacionalismo lleva al abismo a todo su pueblo, en cruzada anti-quijotesca donde se enfrentan gigantes molinos de viento cual monstruos fantasiosos bajo unas ideas, a diferencia de nuestro caballero de la Triste Figura, nada nobles, altos y sublimes sino rastreros, bajos y materiales.

Pero como siempre en los peores momentos en que la Patria se encuentra sumida en el caos, siempre habrá un puñado de hombres y mujeres dispuestos a sacrificarse por un ideal altísimo que, no buscando su gloria ni el triunfo inmediato sino la gloria de Dios y simple fidelidad a su Amor, no cejan en su empeño por levantar las cosas. Por eso, en este 2012 se han puesto en marcha algunas iniciativas que, en este año de la fe, nos llenan de esperanza. Al menos para que, en el día del Juicio, el Señor nos cuente entre los que dieron de comer al hambriento, los que fueron fieles en lo poco y, en definitiva, habiendo sido tan misericordiosos como para alcanzar la necesaria misericordia de Dios:

- Asociación de Abogados Luis de Trelles: asociación que nace "con conciencia de responsabilidad social, vocación de testimonio y voluntad de ayuda a las personas más afectadas por las injusticias derivadas de las lógicas de poder y de egoístas intereses particulares, nos constituimos voluntariamente en asociación de abogados consagrada a restablecer los legítimos derechos de las personas y los colectivos según el Derecho y la Justicia en el ejercicio profesional. Dicha misión se concretará en un compromiso de ayuda a las personas y colectivos que en cada momento sufran las consecuencias del proceder arbitrario e injusto de los poderes políticos, económicos o sociales, cometidos por instituciones o particulares, conforme a criterios que la asociación definirá en cada momento según sus normas de funcionamiento."

- Grito contra la usura: con la idea de "promover una auténtica reacción defensiva al actual sistema liberal-disgregador contribuyendo a devolver el protagonismo a la sociedad. Por ello la plataforma GRITO CONTRA LA USURA Y EXTORSIÓN está alentando la creación de un auténtico movimiento de defensa y desarrollo social en base al Orden Natural, teniendo como protagonista a la familia, célula básica de la Sociedad; estimamos que la defensa del trabajador, del autónomo, del consumidor de bienes de primera necesidad o del dependiente tiene como sentido la defensa de la familia; detrás de la categoría laboral de parado, no sólo hay un trabajador o un “individuo abstracto o anónimo”, hay una unidad familiar afectad"

- I encuentro de la Liga Tradicionalista, auténtica reunión familiar, de El Escorial (junio de 2012). Un éxito que esperemos sea precursor de muchos otros. Os animo a leer la crónica

- Concentraciones por la Vida el 28-D. Por fin vemos acciones unitarias de los que defendemos lo mínimo de lo mínimo, es decir, los cuatro principios no negociables que el Papa pronunció en Sacramentum Caritatis: la Vida desde la concepción hasta la muerte natural; la familia, es decir, la unión natural de hombre y mujer abiertos a la vida; la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos y el bien común en todas sus formas. Así, CTC, AES, Cruz de San Andrés, Foro Arbil y más de 50 adhesiones más, el pasado 28-D nos concentramos en distintas ciudades de España, por los millones de niños no nacidos, asesinados en el vientre de sus madres y contra el partido abortista de derechas, el PP.

Y más y más acciones, calladas o no, pequeñas y grandes, que se han realizado este año, como los círculos carlistas que en Tortosa y Alicante van cobrando vida gracias a la gran labor mis correligionarios de aquellas tierras. O las reuniones de todos los viernes con jóvenes en el Círculo de Madrid, las actividades en Andalucía, Pamplona, la gran labor que hacen en Barcelona para toda España los de Cruz de San Andrés y Genocidio Cristiano, las familias que educan en la fe y piedad a sus hijos y tantas y tantas acciones por las que es menester entonar un Te Deum a Dios en este 2012 que ya acaba.

¡FELIZ AÑO NUEVO! 

24 diciembre 2012

¡Feliz Navidad a todos!

Es un misterio insondable para el hombre la Encarnación virginal del Hijo de Dios en el seno puro de la más excelsa de las mujeres, su Madre y Madre Nuestra, Santa María. Y sorprendente para los esquemas pobres de nosotros pecadores, que el Rey del universo, Cristo Jesús, anduviera la víspera de su nacimiento en busca de cobijo para venir al mundo. Tanto más triste y estremecedor es que la pureza inmaculada de la Virgen encinta encontrase rechazo en las más variadas posadas del lugar por donde sus santos pies pisaban. Hasta el asno reconoció a su Señora, la más generosa y entregada de las criaturas del Padre, y le ofreció su lomo para que aquella Custodia, más preciosa que todo el oro del mundo, tuviese donde apoyarse en el largo camino que recorría para encontrarle al Niño-Redentor un humilde pesebre donde limpiar a la humanidad pecadora de sus horrendos crímenes.

La espera es al tiempo dichosa y enternecedora, que el Salvador viene a darse por entero, el más inocente de los corderos, a sacrificarse en redención de los culpables, y no tiene más que un pobre pesebre para nacer. San José acondiciona el rincón para tan ilustres huéspedes que él tiene misión de guardar y proteger. La escena es estremecedora. Es tan infinito el abismo que separa al Justo de los culpables, al Santísimo de los pecadores, que aparentemente no era necesario explicitar más aún la indignidad humana pecadora con un lugar tan impropio del Rey de reyes. Y es que Dios, el Verbo encarnado, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad nos enseña su corazón misericordioso desde su Niñez amorosísima. Resulta tan abrumador el contraste de la deformada forma y fealdad del pecado cometido por el hombre en su naturaleza corrompida, con la Majestad infinita del Creador, que parece insalvable a los ojos humanos.

Sin embargo, nace el Divino Niño en el pajar de un establo, para que los hombres no tuviesemos razón al pensar que en nuestra miseria no podemos albergar al Mesías que nos salva del pecado. ¡No! El Verbo encarnado se hizo Niño y nació en un pesebre para que nada nos impidiese regresar cuantas veces necesitemos al Agua redentora del Salvador. El Rey se hace Niño para que nosotros, que estamos ensoberbecidos por nuestro pecado, al descubrir nuestra pequeñez por acción de la Gracia vayamos humildes a adorar a Dios. Ya no hay excusas para alegrarnos, pues nuestra miseria, por muy grande que sea, siempre será una minucia frente a la Misericordia y Amor de un Dios que adopta la naturaleza humana para redimirla de su culpa. El niño siempre se ensucia, siempre tropieza, siempre cae. Que nos humillemos, que nos abajemos, que volvamos al pesebre y veamos al Niño y a su Madre Purísima que nos acogen en su humilde morada, para que nos pongamos junto a los animales del establo, nos limpiemos con ese Agua divina, nos sequemos con la toalla que nos da José y, de su mano, vayamos a ver al Nacido y a su Madre que se recuestan para que le adoremos, más niños que nadie, más pobres que nadie, más felices que nadie...

¡¡FELIZ NAVIDAD!!


08 noviembre 2012

Sobre la tentación dualista o maniquea (I)

Huir del maniqueísmo exige juzgar con fundamentos
de Verdad y no de "partido"
Lo que sigue son extractos del artículo publicado en agosto de 1971 por D. Francisco Canals Vidal en la revista Cristiandad, y cuyo contenido enlazo directamente con mi anterior entrada "Guardemos las formas (sí, la formas)". No obstante, la profundización sobre este tema, tan trascendental para no caminar ciegos o cojos por el mundo de la política o vida social, requiere también una lectura atenta al magistral artículo "MONISMO Y PLURALISMO EN LA VIDA SOCIAL", que enlazo en esta entrada. 


LA TENTACIÓN DE LAS ANTÍTESIS MANIQUEAS

"Algunas sectas pitagóricas del siglo IV (a. De J.C.) afirmaban como fundamento del Cosmos, pares de principios opuestos:

   BIEN y MAL
                LUZ y TINIEBLAS
     DERECHA e IZQUIERDA
            UNIDAD y PLURALIDAD
ESTABILIDAD y MOVILIDAD
   CLAUSURA y APERTURA

Era un “dualismo” del tipo del que profesaron después los maniqueos. El MAL es concebido como esencial, consistente y originario. En consecuencia se afirma que en la realidad se dan elementos y dimensiones que son en sí mismos, por su propia esencia, tenebrosos y malos.

Aquellos pitagóricos eran tal vez “maniqueos” derechistas. Ya que ponían, en serie con la derecha el bien y la luz, lo unitario, lo inmóvil y lo cerrado. Con lo que merecerían las acusaciones que se dirigen hoy a los aborrecidos conservadores y reaccionarios.

O tal vez eran izquierdistas tan consecuentes y radicales que encontraban aburridos a los bienpensantes y se gozaban ya en las flores del mal. Tal vez hallaban en lo tenebroso la plenitud de posibilidades de un izquierdismo móvil, pluralístico y abierto.

La mentalidad maniquea es blasfema y desintegradora, ciega para la verdad. Según la verdad es bueno lo que es, en razón de la perfección de su ser, y el mal se da como desorden y carencia privativa. (…)

El sofisma maniqueo pretende enfrentar lo ABIERTO y lo CERRADO al modo del BIEN y del MAL. Si el maniqueísmo izquierdista opta por lo abierto, hasta preferir, por aperturismo, lo malo en caso de aceptar que lo cerrado es lo bueno, un derechismo contagiado de mentalidad maniquea puede tender a sospechar el mal en lo abierto.

Pero lo bueno es lo que es, en la perfección de su ser. Malo es lo desordenado y privado de perfección. De acuerdo con la filosofía perenne de la fe cristiana.

Y así como en el bien está el tiempo de morir y el tiempo de matar –y no el tiempo para el suicidio y el homicidio-; y el tiempo de sembrar y el tiempo de cosechar –pero no el de sembrar cizaña en el campo de trigo, ni el de meter la hoz en mies ajena-; está también en el bien el tiempo para el movimiento y la quietud –pero no para la agitación inútil ni para la pereza-; en el bien está el cerrar y el abrir –aunque es indecoroso abrir lo que tiene que estar cerrado, e injusto cerrar lo que tiene que estar abierto. (…)
Cuando el pensamiento tradicional defiende las libertades de expresión; la autarquía de las instituciones docentes y la libertad de enseñanza; la vida espontánea de los cuerpos intermedios y el respeto a las libertades de asociación fundadas en el orden natural; la autarquía de los municipios y corporaciones locales; nunca falta quien crea ver en estas actitudes como una concesión del tipo “nosotros también defendemos la libertad”.

Sería disparatado responder a esto con aquello de que “hay que reconocer las razones de la revolución”, o recordando que “hay que hacer lo justo porque es justo”, y no porque lo porque lo propugne la revolución y para anticiparse a ella, según se expresó el presidente Kennedy.

(…) La apertura de todo lo que ha de ser abierto para que la vida social despliegue su dinamismo al orden natural de Dios [Nota de SLH: o el cierre de lo que debe permanecer cerrado…], lo propugna el pensamiento tradicional, no como ofreciendo su alianza al progresismo izquierdista [N: o al conservadurismo derechista], o como si mediase a modo de TERCERA FUERZA, sino como una PRIMERA FUERZA política orientada hacia el orden integral de la sociedad.

06 noviembre 2012

Guardemos las formas (sí, las formas)

Hace unos meses salí de Misa un tanto indignado con la homilía que acababa de escuchar. Lo que prometía ser una buena predicación contra la hipocresía se convirtió en un alegato contra el "formalismo" que derivó hacia un desprecio a la "forma" frente a lo "auténtico", que sería la intención o la disposición interior. Mis ojos se tornaron como platos al escuchar la burla hacia la antigua costumbre del luto, que incluso llevaba a muchachas jóvenes que debían contraer nupcias vestidas de negro si tenían la mala suerte de que, al tiempo de casarse, habían sufrido en su familia la muerte de un pariente cercano.

Como en los meses siguientes he puesto atención a argumentos de este tipo, que invocaban lo "auténtico" que sería la disposición interior frente a lo "falso" que es la forma exterior, he ido reparando en lo extenso de este errado pensamiento, mucho más arraigado de lo que creía.

El error de fondo y profundo tiene su raíz, por ir al meollo del asunto, en un olvido total de Santo Tomás de Aquino, que rescató el realismo aristotélico al pensamiento cristiano para superar el anquilosado platonismo -incluso si tamizado por el pensamiento agustiniano- que no lleva sino al dualismo, y en ocasiones dualismo maniqueo. 

En efecto, en el hombre no existen como realidades separadas o independientes alma y cuerpo, como no lo están las ideas y la realidad, al modo que pretendía Platón. Por tanto, la verdad no está en la "idea" cuyo reflejo es el objeto. De igual modo, la abstracción de materia y forma como realidades independientes supone una ruptura de lo real en favor de lo idealista, o de lo que no se corresponde con la unicidad natural de las cosas. O mejor dicho: las cosas son reales y aunque se componen de "materia" y "forma", ambas forman una unidad necesaria que, al menos tienden a unirse. Anteponer la materia a la forma equivale a la traumática ruptura de la realidad que ya realizaban algunas sectas pitagóricas y se encuentra presente en toda forma de dualismo, como el maniqueismo de derechas e izquierdas.

En resumen, la forma ha de obedecer a la materia, igual que toda materia tiene una forma determinada.

Este neodualismo se ha infiltrado en tantas esferas del pensamiento cristiano actual, que el "guardar las formas" se ha convertido en sinónimo de hipocresía, como si el amor y el afecto a una persona fuesen compatibles con arrearle todos los días golpes en la sesera

Se ha aplicado, por otra parte, a promover la falta del decoro en el vestir, a la desacralización de la liturgia en aras de una "sencillez" muy mal entendida, a la pérdida de los sacramentos, a la manera de hablar, de comportarse, a la devaluación del arte, el olvido de la belleza, la incapacidad para objetivizar lo bello, a la pérdida de la llamada "urbanidad de la piedad" y así un largo etcétera que, aniquilando la forma, va cercenando la materia porque, recordemos, las cosas son reales y existen como tales. Se da la paradoja de que, buscando la "sinceridad" se acaban desfigurando las cosas. Me recuerdan a aquellos que, proclamando ese "yo es que soy muy sincero y no me callo las cosas" lo que hacen es, una y otra vez, herir, importunar, cuando no blasfemar o, simplemente, alzar la voz por encima de quien tiene razón -unos cretinos, vaya.

Errores son -no está de más decirlo- tanto el formalismo hipócrita que bajo la máscara de la forma se oculta la suciedad, como el espiritualismo idealista que aspira a un mundo de "intenciones" alejado de las "formas". En ambos casos se da un desorden contra el que todo cristiano debe luchar.

Por último y por acabar, una pequeña reflexión en defensa de las "formas". ¡Cuantas veces la estructura es protectora de lo que contiene o debería contener! Las formas, en sociedad, crean costumbre, norma y constituyen un "educador", incluso de la moral. Hasta en el huevo, la cáscara que de poco vale, es imprescindible. Las virtudes, por su parte, nacen de "forzar" a realizar actos externos o formales contrarios a nuestra inclinación íntima, hasta que la inclinación o impulso interior se adecúa a lo bueno creando hábito: así la importancia de las formas contribuye a la mejora interior. Cuando falta la referencia externa, se hace más complicado la mejora porque lo interior adquiere valor en sí mismo. Se dice que el amor crece con los actos de amor, y no al revés. Recuerdo la historia de aquel marido harto de su esposa por la rutina y los años de matrimonio, que decide el divorcio justo en el momento en el que a ella le diagnostican un cáncer terminal. Decide entonces, por compasión y por "guardar las formas", comportarse como un marido enamorado, y acto tras acto, acaba por enamorarse de nuevo.

Hagamos que las cosas sean lo que son, parezcan lo que son y que sean lo que parezcan. Eso es lo cristiano.

12 octubre 2012

El pilar que asienta la Hispanidad [corregido]


Ante todo, no debemos perder de vista que la Hispanidad comenzó cuando, sobre un pilar, la Madre de Dios se apareció a Santiago Apóstol, abatido en medio del camino, y le dijo: ¡Evangeliza!

Bajo esta perspectiva se levanta con coherencia toda nuestra historia y la del 12 de octubre. Los seis siglos que siguieron a aquel ¡evangeliza! sirvieron de simiente para que en Toledo el rey Recaredo confesara la fe católica, y la monarquía visigoda unificó a todos los hispanos por vez primera bajo esta voz: ¡Evangelicemos!

Y desde el 711, perdido el suelo patrio y perdida España una vez, don Pelayo engrandeció lo que posiblemente fue una escaramuza pero trascendental, que permitió la cabalgada póstuma del Cid sobre Valencia, las Navas de Tolosa, el santo rey Fernando III, el sabio Alfonso X, el conquistador Jaime I y finalmente el pueblo de Granada que se rinde a sus reyes. Isabel y Fernando, recibidas las llaves entre las lágrimas de Boabdil, pronunciarían humildes, tras 1492 años de espera: ¡Hemos evangelizado las Españas!

Y en la Pinta, la Niña y la Santa María zarparon con el beneplácito e impulso reales, Colón y un puñado de valientes que, en este y otros viajes, proseguían la marcha civilizadora que comenzara en Covadonga. La reina Isabel oraba en un rincón de Extremadura y la Madre de Dios la escuchó: estaban en Guadalupe, y de aquellas tierras Dios bendijo a la Corona con hombres de extraordinaria entrega que por el rey don Carlos libraron del tormento a Tlaxcaltecas y Aztecas. Hernán Cortés, Alvarado, Pizarro, Pedro de Valdivia, entre tantos más, fueron adalides de una bandera que, con las aspas de San Andrés, proclamaban a sus hombres: ¡Evangelizad!

Y como en la madurez de todo hombre, la Hispanidad fue la vocación cumplida de los españoles: vascos, castellanos, catalanes o extremeños se unieron a mexicanos, peruanos, chilenos o argentinos para que las Españas que todos formamos bajo el nombre de hispanos fuesen una llamada al orbe entero que admiraba cómo la fe en Dios, la confianza en su Madre, la lealtad a sus reyes y fidelidad a su tradición, creaban un gran pueblo, el mayor que nunca jamás se vio en la historia. Y en el sentimiento de todos, una enseñanza de Amor: el ¡Evangelio!

Es hoy, cuando obstruidos los entendimientos por la miseria humana, la Hispanidad se yergue quizás más resplandeciente ante nuestros ojos que, acostumbrados a la oscuridad hodierna, tal vez retiren la mirada. Pero no por ello ha de dejar de lucir porque es su Luz la que nos permite caminar y, aunque abatidos como Santiago en medio del camino, cansados y desanimados, en algún pilar, en algún recodo, o en el interior de nuestra alma española e hispana, la Virgen del Pilar, Nuestra Señora de Guadalupe, en Cáceres o en el Tepeyac, nos vuelve a interpelar: ¡Reevangeliza!

10 septiembre 2012

Homenaje a la auténtica Cataluña

Como cada 11 de septiembre los catalanes celebran su "Diada", en recuerdo de la rendición de la ciudad de Barcelona en la guerra de sucesión, que significó la victoria de las tropas de Felipe V frente al Archiduque Carlos. La misma fiesta en la que se rinde ofrenda floral como adalid de una supuesta resistencia "nacional catalana" a Rafael Casanova, obviando deliberadamente que el Conseller en Cap resistió el sitio "por el rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España", así como el jefe de la defensa, el general Villaroel que "por toda la nación española combatimos".

Pero este año, la Diada viene precedida, si cabe, por un ambiente independentista mayor que antaño. Referendums, declaraciones unilaterales de independencia por parte de algún pueblo, la petición de rescate financiero de la región y, para rematar la faena, las declaraciones imprudentes de algún Bisbe desorientando a la feligresía al declarar moralmente inocua la opción por el independentismo.

El caso es que el nacionalismo va consiguiendo sus objetivos de transformación del futuro mediante la manipulación y tergiversación del pasado. Pero es que el caldo de cultivo está listo, al haber asumido todo el espectro político las ideas desintegradoras del liberalismo. Ya he explicado anteriormente estos entresijos ideológicos por lo que a ello me remito. En estos tiempos, además, el nacionalismo posee una componente (falsamente) esperanzadora, que dota a una sociedad desnortada la posibilidad de culpar al "opresor" de todos sus males y tiene en la consecución de sus objetivos (sea la Hacienda propia o la independencia final) un modo de desviar la atención hacia un punto alejado de los problemas reales. Por eso el nacionalismo, allá donde ha triunfado, ha tenido en las situaciones de crisis o depresión colectiva su oportunidad de avanzar en su proyecto suicida. Ese componente mesiánico funciona como una auténtica religión civil y no en balde, como dice el profesor José Morales "el nacionalismo más o menos extremo tiende a instrumentalizar la religión para sus propios fines".

El único combate posible, me parece a mí, además de desenmascarando la mentira y sus resortes ideológicos, es amar intensamente lo que el nacionalismo, so pretexto de un falso amor, diviniza idolátricamente (la "nación"). Por eso admiro la Cataluña de los verdaderos maulets, de los malcontents, de los matiners, y en fin, la Cataluña grande que cultivó su maravillosa lengua, la de Ramón Muntaner, Jacint Verdaguer o incluso de Josep Pla (a quien nunca está de más leer). La Cataluña que luchó por las auténticas libertades frente a la uniformización y centralismo liberales. Nunca estará de más recordar que, de vivir en 1714, lo progresista y moderno sería, sin ningún tipo de duda, el bando botifler (de Felipe V).

Que no nos roben la auténtica Cataluña, la Cataluña hispánica y tradicional, defensora de sus libertades y las de todas las Españas, catalana, católica y universal. Por eso, parafraseando al gran Mossèn Cinto, me permito esta licencia sin ningún tipo de pretensión ortodoxa en la forma, pero sí en el contenido:

Dolça Catalunya, Pàtria del nostre cor,
Quan de nosaltres et sentim allunyar-te,
la nostra ànima s'esmicola pel dolor.

Pàtria catalana, filla de Montserrat,
escut de les Espanyes, bella terra
en veure't patir el cor prorromp en esclat.

No et deixis ensibornar pels qui no et volen
sinó per construir el seu feu particular
Nosaltres, el teus germans d'arreu la Hispanitat, sí t'estimem!

(Traducción: Dulce Cataluña, Patria de nuestro corazón / Cuando de nosotros te sentimos alejarte / nuestra alma se rompe en pedazos de dolor / Patria catalana, hija de Montserrat, escudo de las Españas, bella tierra / al verte sufrir el corazón prorrumpe en estallido / no te dejes embaucar por los que no te quieren / sino para construir su feudo particular / ¡Nosotros, tus hermanos de toda la Hispanidad, sí te amamos!)

09 septiembre 2012

El mito de la Inquisición (gran documental de la BBC)

La historia es a la Patria lo que la biografía a la persona. Por eso es tan paradójico que en la época de la autoafirmación subjetivista y autodeterminista los españoles tengamos nuestra historia tan oculta por prejuicios, mitos y leyendas que la deforman. Tal vez sea así porque España ha sido el pueblo menos egoísta de la historia universal, teniendo en cuenta que consagró desde el origen su misión e identidad a la realización de la Civilización del Amor, desde los tiempos de la Reconquista a los que siguió la maravillosa aventura de la Hispanidad. Pero ¡ay! que la Cristiandad vino a quebrarse con la entronización del "yo" autónomo bajo las formas de la Sola Scriptura, Sola Fide y, sobre todo, el libre examen a los que no pudo seguirse sino la división hasta el infinito de las interpretaciones de la Verdad. Y con ello, las llamadas "guerras de religión" rompieron la unidad de "Europa" (permítaseme la licencia del término) y las naciones que optaron por rechazar lo katholikós (lo universal) en favor de lo subjetivo, lanzaron sus infamias contra el enemigo, el más grande de los cuales fue España. Llamamos "leyenda negra", pues, al conjunto de estas infamias, entre las que se encuentra la de la Inquisición española. Sobre el cómo los españoles la adoptaron, volveremos otro día.

Pero no quisiera que esta introducción propia reste interés a lo que ahora traigo a colación (prescindan de ella, si quieren). Se trata de un gran documental sobre la Inquisición, de la cadena británica BBC cuya importancia es múltiple: no sólo por venir del país originario de la mencionada leyenda negra (admitiendo su falsedad) sino por lo bien documentado y las pruebas que muestra en favor de la mencionada institución sobre la que tantas mentiras se han vertido. Gracias a "Don Quijote" que lo colgó en su magnífico blog "El Rincón de Don Rodrigo", cuya lectura recomiendo. 



Y es que ya lo dijo el egregio polígrafo Don Marcelino Menéndez Pelayo: "Desengañémonos: si muchos no comprenden el fundamento jurídico de la Inquisición, no es porque él deje de ser bien claro y llano, sino por el olvido y menosprecio en que tenemos todas las obras del espíritu, y el ruin y bajo modo de considerar al hombre y a la sociedad que entre nosotros prevalece". 

28 agosto 2012

Libro: Solución social (Thibon y Lovinfosse)


En un entorno de crisis de civilización como el actual, las propuestas sensatas, factibles y morales son más que bien recibidas. Es el caso de las medidas económicas que el filósofo francés Gustave Thibon y el empresario belga Henri Lovinfosse pusieron sobre la mesa a mediados del siglo XX en su obra “Solución Social”, que ahora edita la Fundación Fenareta.

Quizás sorprenda del libro su actualidad y vigencia, más de medio siglo después, ya que al leerlo uno piensa que se está hablando al hombre moderno, angustiado por la desesperanza del fracaso de las ideologías imperantes, y trata de darle salida mediante una solución digna de una sociedad libre. Es cierto que la obra viene condicionada por la coyuntura del momento, dominada por la amenaza comunista, pero no es menos cierto que, igualmente, señala las amenazas e inmoralidades de la ideología que trata de usurpar la libertad de mercado endiosando su caricatura. Pero la mayor sorpresa y virtud sea que las propuestas que se plantean, partiendo de un análisis certero de los errores de la economía y la estructura social, están listas para ser aplicadas inmediatamente. Es decir, no son elucubraciones teóricas alejadas de la realidad sino medidas concretas que (lo más importante) nacen de la formulación de principios claros y acordes con una visión integral de la persona como ser familiar y social.

La obra, que consta de dos partes, analiza en la primera mitad, con increíble lucidez, las contrariedades existentes en la sociedad y economía de nuestro tiempo, anunciando los principios sobre los que viran las medidas salariales, fiscales y aduaneras que a continuación ponen sobre la mesa. Frente al maniqueísmo que impregna la dinámica política y económica actuales (y en este pecado se cae tanto por el “lado” izquierdo como por el derecho) Thibon y Lovinfosse propugnan la natural convergencia de intereses en un entorno de libertad y responsabilidad. Las propuestas son concretas, factibles e inmediatamente aplicables: adaptación de los salarios a la productividad, especialmente por incremento de la misma; creación de organismos independientes con tribunales de apelación, que juzguen su aplicación; economía basada en el consumidor (y no en el consumo); redimensionamiento del estado, por un lado reduciendo su estructura y por otro fortaleciendo su papel como árbitro y mediador; la vuelta a un patrón monetario de valor fijo y universal; potenciación de pequeñas y medianas empresas donde se potencia la responsabilidad de empresarios y trabajadores; una política aduanera audaz en apostar por la justicia y el interés del consumidor; una reforma fiscal coherente y estable respecto de la renta nacional (con una presión fiscal mucho menor que la actual); la sustitución de los subsidios del paro por pequeños trabajos públicos y la obligatoriedad del pago de salarios íntegros durante los primeros días de paro en caso de despido, etc.

Por supuesto, estas reformas no se agotan con su enunciación pues, a juicio de los autores no se pretende "construir una ciudad ideal" y "no exige la destrucción de la ciudad actual como condición previa para la edificación futura. No pretendemos alterar bruscamente nada, no pretendemos quemar los puentes después de haber pasado". Pero, añado yo, es una apuesta valiente e inteligente por salvar a la sociedad actual de su destrucción por la vía de la esclavitud materialista.

Es, a mi juicio, una propuesta merecedora de prestar atención, sujeta a matices, reformas o adaptaciones, pero que constituye un interesante paso adelante. Por ello animo a su lectura, a su valoración y a su examen, y concluyo con una arenga y advertencia de sus autores, cuyo contenido comparto sin reservas:

"Nada es más contrario a los espiritual -y a sus exigencias de salvación total- que ese espiritualismo etéreo, tan frecuente sin embargo en los medios intelectuales y religiosos, que rehúye ponerse a prueba en el firme y áspero terreno de las realidades materiales. Es la tara -denunciada por Péguy- de esos idealistas que, prendados de una pureza imposible, no se contaminan las manos, porque no tienen manos."

22 agosto 2012

Decadencia


Hoy ya no se juzga la validez o no de las ideas. Ni mucho menos la veracidad de las mismas, porque la verdad en sí ha dejado de ser una meta. Así, no se debate ni se somete a auténtica revisión las propuestas políticas o económicas, y no digamos las filosóficas que aparezcan. Lo que es hoy medida de todas las cosas, lo que determina la "validez" o aceptación de unas ideas -que no son tales- es su novedad respecto a lo ya existente. O, en el caso de España, simplemente, las novedades que otros países ya han adoptado antes que ella. Y a esto llaman "progreso"... como si avanzar hacia un despeñadero fuera el fin de una carrera*.

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Hice esta reflexión mientras terminaba el libro "Solución social" de Gustave Thibon, tal vez preguntándome cómo es que una soluciones tan de sentido común para el marasmo económico han tenido, hasta hoy, tan poco eco. Del libro, Dios mediante, escribiré próximamente.

09 agosto 2012

Españoles e italianos (y IV)

Santa María la Mayor (Roma),
muy vinculada históricamente con España
Hemos establecido en las tres entregas los nexos de unión entre españoles e italianos, sin que ninguno sea de mayor peso que el de la catolicidad de ambas naciones añadida al hecho fundamental de Roma como Sede de Pedro, que se encuentra en suelo italiano, como italianos fueron los estados pontificios. Ello, añadido a la historia y sustrato común que compartimos, me lleva a una tesis principal que es hora de sintetizar, a saber, la necesidad para España de una relación preferencial con Italia, más allá de coyunturas penosas como la actual, en la que nuestros pueblos se ven juntos en una encrucijada que nos lleva al desastre económico. 

Una muestra de la crisis profunda que sufre nuestra Patria es la pérdida de un horizonte claro y coherente en política exterior, consecuencia directa del sistema liberal que tenemos, que sacrificó los principios y el alma de España en aras al interés plutocrático perpetuado gracias a los partidos. ¡Cómo no va a ser así si los políticos han dado la espalda y abandonado los dogmas nacionales, metas fundamentales de toda nuestra acción exterior, es decir, la recuperación de la soberanía sobre el estrecho de Gibraltar, la unión con Portugal y la Hispanidad! No obstante, si bien el año pasado traje a colación lo expuesto magistralmente por Vázquez de Mella al respecto, ahora es mi propósito situar esta relación entre italianos y españoles en el horizonte de nuestra acción exterior, no como dogma nacional, ni mucho menos, pero sí como un objetivo coherente, no sólo con nuestra tradición sino en conexión con nuestros intereses actuales en el mundo (entre otras cosas, porque los dogmas nacionales inciden en nuestro mismo ser como Patria, que alcanza su esencia en la Hispanidad. Las Españas no son las Españas sin la Hispanidad).

No así ocurre con Italia, claro está. Pero, si es necesidad de toda persona, como ser esencialmente sociable, entablar lazos de amistad con sus semejantes, y los padres procuran a sus hijos amigos con quienes poder crear "comunidad", así España debe procurarse amistad con quienes sabe que comparte unos mismos principios y sabe que su interrelación es una buena influencia. No en vano cuando allá por el siglo XV  colaboramos con un italiano de Génova, Cristóbal Colón, España descubrió el Nuevo Mundo.

La pena es que, como dijimos en la anterior entrada sobre la revolucionaria unificación italiana, y desde que en 1812 y 1833 los españoles nos dimos la espalda a nosotros mismos, nuestras naciones adolecen de la misma enfermedad liberal. Por eso, haber leído sobre el reciente encuentro entre el secretario general de la Comunión Tradicionalista Carlista, Javier Garisoaín y Nino Sala, del Partito Tradizional Popolare, me ha alegrado enormemente como gran noticia que es en línea con lo que he propuesto en estos días.

Por supuesto, que España e Italia recuperen los fuertes lazos que nos unen, más allá de los que entablemos a nivel particular, pasa por que nuestras naciones redescubran y se reconcilien con su propia tradición política, profunda y esencialmente católica; pero también es cierto que señalar desde ahora nuestras metas más inmediatas, en este caso en relación a nuestra política exterior, nos situará en la senda para que nuestra Patria recupere el norte, que falta nos hace.

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06 agosto 2012

Españoles e italianos (III)


Hemos visto ya (parte I y parte II) que no son pocos los lazos de unión entre italianos y españoles, pero conviene continuar acotando. Podría decirse que España ha tenido históricos nexos de unión, claro está, con toda la Cristiandad: desde Aquisgrán a Dublín, pasando por Praga, Viena y Bruselas. La historia de nuestra Patria está plagada de periodos de enfrentamiento y periodos de amistad con alemanes, franceses e ingleses. Enemistades seculares e intereses dinásticos, guerras y tratados que, a grandes rasgos, encontramos ausente entre Italia y España. Lógicamente, porque Italia, como reino unificado, no existió, pero además, porque, salvo contiendas concretas, españoles e italianos (o, si se prefiere, napolitanos, genoveses, sicilianos o parmesanos) estuvimos siempre de un mismo "bando". Baste recordar las grandes empresas comunes de las Cruzadas o, más avanzado en la historia, la Contrarreforma. Una vez más, una ciudad italiana, Trento, figura en lo más relevante de nuestro horizonte exterior.

España e Italia tiene en común, además, que siendo dos pueblos formados en la diversidad y personalidad de sus diferentes reinos, integraban la Patria en la comunión de una misma fe. No en vano, allá en el 1414, Italia y España fueron dos de las naciones que, agrupadas como tales, participaron en el Concilio de Constanza.

Pero hablábamos de Roma y es que la Roma católica está intrínsecamente unida a nuestro ser español. Roma es el origen y el destino de España. Origen, puesto que romanos son nuestros sustratos. Y Destino, porque romana es la Iglesia Católica, civilizadora y alma de nuestra Patria.

D. Alfonso Carlos I,
Zuavo Pontificio
Por eso mismo, la última presencia en Italia de España está marcada por la defensa del Papado y de los estados pontificios ante la barbarie revolucionaria de los Manzini, Garibaldi y Victor Manuel. Es, por consiguiente, coincidiendo con el principio del ocaso de España y la construcción en Italia de un engendro revolucionario, cuando Italia y España comienzan a darse la espalda. Son sus almas, rotas, las que se repelen y toman rumbos separados. Ilustrativos resultan los vaivenes que los reyes carlistas D. Carlos VII y D. Alfonso Carlos I sufrieron en su infancia, huyendo de la tea revolucionaria por toda Europa, y sobre todo tras las caídas de Parma y Módena. Es, en el lapso de tiempo en que se restaura el tradicional Ducado de Módena bajo Francisco V, restituido al trono, donde transcurre la infancia de estos dos egregios monarcas. Años después, D. Alfonso Carlos gallardamente sirvió al Pontífice en los Zuavos Pontificios. También en Italia, en Trieste, se encuentra el panteón donde responsan los restos de la mayoría de nuestros españolísimos reyes carlistas y un santo italiano, milanés, San Carlos Borromeo, su patrón e intercesor ante el Altísimo.

En la historia posterior, dos únicos momentos, el de la participación italiana en la Cruzada de Liberación de 1936, que más tuvo que ver con el fenómeno paralelo del auge del fascismo italiano y el nacionalsindicalismo en España, que sería un tema a tratar en sí mismo y que queda fuera del propósito de esa serie; y, posiblemente, la participación de italianos y españoles en la División Azul. Más allá, la historia de la Europa que se construye en oposición a la Cristiandad.

¿Conclusión a todo ello? Mejor en una cuarta (y última) entrada...

31 julio 2012

Españoles e italianos (II)

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, los caminos de italianos y españoles continuaron su curso, embarcándonos en la apasionante y nunca suficientemente estudiada Edad Media. Es época, en lo que a la relación italo-hispánica respecta, de Almogávares y de la Corona de Aragón, que asentó nuestra presencia en los reinos de Nápoles, Sicilia, Córcega, Cerdeña y algunos enclaves más. La relación de nuestros reyes con Italia desde entonces no fue menor, habida cuenta que la revolucionaria unificación no llegaría hasta avanzado el siglo XIX, y se vio concretada en distintos reinados de reyes españoles sobre tierras itálicas. Sin entrar en demasiadas disquisiciones históricas, baste recordar que cuando el rey Fernando VI muere, su hermano Carlos, llamado a la sucesión al trono de España lo era entonces de los reinos de Nápoles y las Dos Sicilias. Tanto él como su padre, Felipe V, mantuvieron en su propio Gabinete (Consejo de Ministros) a personajes de renombre italianos. A modo de ejemplo, Alberoni y Esquilache. No olvidemos que el actual okupante del trono de España es un Borbón-Dos Sicilias y que la dinastía descendiente de Don Javier I, rey carlista, son los Borbón-Parma. 

Aún hoy, en la localidad de el Alguer (Cerdeña), se habla catalán, o su variante, el alguerés, como testimonio de la presencia de la Corona de Aragón por tierras italianas.

Y, en fin, la influencia italiana en España en otros ámbitos es múltiple, como la que hubiera tenido en el arte o la literatura universales u otros campos. No desdeñemos un hecho aparentemente insignificante como que la calificada como "la más bella forma poética de todas" fue producto italiano, el Soneto, que recibió el Marqués de Santillana con sus "Sonetos fechos al itálico modo" y es uno de los vehículos más utilizados por nuestros autores del Siglo de Oro, como Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Garcilaso, que lo elevaron al grado máximo (sin desmerecer, por supuesto, a Dante). A un "Castellano de Milán" dedica Góngora un soneto, a quien fuera gobernador de dicha ciudad, Don Francisco de Padilla, Conde de Fuentes  de 1600 a 1610.

Cabe mencionar la presencia de la pintura italiana en las colecciones de los reyes de España y que hoy forman parte de nuestro patrimonio nacional. Tiziano o Tintoretto son hoy parte de nuestro acervo cultural. Un sólo nombre en la arquitectura bastará para decir todo lo que hemos de decir: Sabatini; y  un valenciano, Ribera, el "españoleto", que acabó sus días en Nápoles.

Dejo a un lado hablar de rasgos físicos, étnicos, de modos de comportarse, etc. porque quedan fuera de mi pretensión, pero creo que el somero repaso entre nuestros orígenes y la historia compartida entre España e Italia bastan para señalar los lazos entre ambos pueblos.

Ahora bien, no desconozco que ha habido exageraciones de esa similitud. La más relevante, quizás, fue el concepto imperalista de "latinidad" que defendió Mussolini, según el cual pueblos como Italia, España, Francia, Portugal y los rumanos "medios" (sic) compartían unas características comunes, si bien él mismo aseguraba que "entre el español y el italiano existen afinidades aún más características". Tal vez tuviera razón en la apreciación, pero rotundamente no en las consecuencias o instrumentación que de ellas hizo, como veremos a continuación.

Plaza de España (Roma)
A mi juicio, tanto los que nos sitúan en el campo antagónico como los que siguen las ensoñaciones latinistas, e incluso los que se quedan en una similitud puramente aparente, fisiológica o "mediterránea" no entienden lo que Italia debe a España ni lo que España debe a Italia, porque desconocen lo profundo de la historia de estas dos naciones y lo común que nos ata, más allá de lo ya dicho. Porque alrededor de la Sede de Pedro, en Roma, se han movido las grandes decisiones, las grandes empresas que han llenado las páginas de los libros de historia. No en vano es bien conocida la definición de la grandeza de España que dio el gran Menéndez Pelayo: nada menos que ¡espada de Roma! Porque la Iglesia y el Papado, para un español, es su propio horizonte. Y el Vaticano está en Roma y "es" Roma.

Pero esto, también hoy, merece una entrada aparte. Que, D.m. será la siguiente...

28 julio 2012

Españoles e italianos (I)

Italianos y españoles estamos hoy en el punto de mira de muchas miradas, y no fue solo protagonizar la final de la última Eurocopa de fútbol. Vernos exhibidos en el escaparate internacional renace viejos desdenes, y máxime si la competición no consiste precisamente en alzarse con un trofeo deportivo sino en conseguir un diferencial mayor con el Bono alemán a diez años, esto es, en ver qué país lo tiene peor para financiarse en el inmoral mercado de deuda soberana. En uno y otro, en fútbol y en riesgo de quiebra, vamos ganando. 

Siempre he pensado que ese desdén que los españoles mostramos a menudo por los italianos es un tanto paradójico. Les acusamos de ruidosos, de caóticos, mafiosos, marrulleros y hábiles en el engaño. Pero quizás si juntásemos a dos españoles y dos italianos, pongamos por caso: un onubense, un navarro, un piamontés y un siciliano quizás las comparaciones serían más confusas de lo que el tópico nos puede presentar. Si quien acusa al vecino de marrullero es el país de la picaresca, tal vez lo que ha de considerar es la posibilidad de encontrar primero la viga que posiblemente le esté obstruyendo la mirada. Lo cual no obsta para que los pecados que ellos cometan contra nosotros reciban su propia enmienda.

Y es que los españoles compartimos con los italianos algo más que un mar. Una introspección básica a nuestra historia nos lleva, de algún modo u otro, a la península itálica y a sus gentes. Empezando por el nombre, España no es otra cosa, etimológicamente, que la Hispania romana, de donde nuestra historia recoge el firme y los cimientos para que la Evangelización asentara en nuestro suelo la gran civilización cristiana que da sentido a nuestra existencia. El Imperio romano toma el nombre de su capital, que está en Lacio, de donde son los latinos y su lengua, capital de la actual república de Italia. De ellos tomamos el nombre: hispanos somos e Hispanidad son las Españas de aquende y allende los mares. De los romanos, pues, tomamos la lengua que nos comunica con el mundo, vehículo de cultura, civilización y Salvación Eterna. Romanos son nuestros teatros y romanas las calzadas y acueductos. Mérida, Cartagena y Segovia nos lo atestiguan. Un emperador romano, Caracalla, nos otorgó la ciudadanía en el 212 d.C. y su derecho fue el que moldeó las conciencias jurídicas de los pueblos hispanos, ordenando su existencia cotidiana bajo sus leyes y principios. 

Por supuesto, si en algo se ha caracterizado el español es en su "raza" entendida no como elucubración étnica sino pasional: como "furia", dado su carácter indómito, casi anárquico, irreductible en el combate. Por eso Numancia y por eso Hispania fue motor del Imperio. No sólo Quintiliano y Séneca engrandecieron las letras latinas; de tierras hispanas surgieron emperadores como Trajano y Adriano. A lo que se ve, el camino entre itálicos e hispánicos, parece de ida y de vuelta.


Es, finalmente, tras la caída del Imperio cuando la semilla está plantada para el nacimiento de España. No olvidemos que los reyes visigodos aún gobernaron bajo la autoridad romana a la que recurrían como refuerzo de su potestad. El derecho germánico y las costumbres de los pueblos peninsulares fueron ingrediente del mayor de todos que fue el romano. Sus lenguas y vocablos, huella perenne en el cuerpo principal, otra vez: romano.

Aunque ahí no termina la cosa, pues las Españas que nacían en ese siglo VI d.C. aún tuvieron que ver  con los italianos. Pero eso, si Dios quiere, lo dejamos para la siguiente entrada.

17 julio 2012

Los errores económicos ocultos bajo la crisis

Es difícil, si me voy a referir a la crisis económica actual, decir algo que suene a nuevo. Es difícil, si voy a manifestar algún tipo de sentimiento, mostrar alguno distinto al de indignación. Y más difícil aún, me parece a mí, hablar y mostrarme en un tono que no caiga en el pesimismo. Además, soy de la convencida opinión de que la crisis económica no es sino consecuencia, no causa, de una crisis más profunda, que podríamos resumir en crisis de civilización. Así que ya adelanto: no diré nada nuevo ni falto de crudo realismo, pero es una particular forma de verlo: la mía.

Vaya por delante que me gustaría que "esto" pase pronto. No sólo algunos proyectos personales se ven influenciados directamente, sino que alguna de las consecuencias de un empeoramiento de la situación (como por ejemplo la eventual salida del euro) se traducirían en graves, si no definitivos, daños laborales.


Pero no veo cómo salir de ésta sin que vayamos a peor. Y me explico: parto de la base de que el sistema capitalista actual se basa fundamentalmente, por un lado, en el concepto de la responsabilidad limitada, en el que el eje principal de la actividad empresarial viró desde la responsabilidad personal a la del capital, de modo que la propiedad de la empresa pasó de ser de quienes en ella se dejaban la vida a los que únicamente ansían el rendimiento de su capital. Ello, que hoy vemos tan "normal", produjo un cambio radical en la vida económica y social, en donde la profesión dejó de significar la realización del oficio adquirido mediante un aprendizaje paulatino y en el que los profesionales, en gremios, tenían un peso específico en la vida pública, para pasar a ser meros elementos secundarios de un fin primordial, que es el beneficio de los socios y accionistas. No en balde, en el estado actual de la doctrina mercantil, se va perfilando una distinción que va más allá de la Sociedad Anónima o Limitada, de ahí que en 2010 se publicase como texto refundido la Ley de Sociedades de Capital, que agrupa a las figuras jurídicas que, a día de hoy, forman la práctica totalidad de la vida económica. 

La restauración de la propiedad:
fin del distributismo
Por otro lado, y unido al anterior, el sistema capitalista ha tenido su desarrollo gracias al concepto de "deuda". El endeudamiento se denomina, en contabilidad, apalancamiento, y es un buen término que nos acerca a la verdad de las cosas, puesto que la deuda actúa como "palanca" de la actividad, es decir, que lejos de darle vida, fuerza la naturaleza de las cosas. La deuda permite adquirir lo que no se puede adquirir, por lo que, en sí mismo, es ya una ficción. Al mismo tiempo, hay un pequeño detalle psicológico en ello que ha moldeado profundamente la fisonomía de la sociedad y es que se invierten los términos del orden natural en la adquisición de los bienes, pues el esfuerzo se postpone al disfrute del bien: de "esforzarse" (léase ahorro) para adquirir, hoy se disfruta inmediatamente y el "esfuerzo" es la necesaria consecuencia fastidiosa. Se pierde, así, el sentido del esfuerzo como medio para un fin y se ve como una mala consecuencia que estorba el disfrute inmediato del bien. Si se objetara que sin endeudamiento, sería imposible, por ejemplo, adquirir una vivienda, le respondo con el clásico del huevo y la gallina, y es que, lo veo claro, el propio endeudamiento crea inflación y, por tanto, mayor necesidad de endeudamiento (es un círculo vicioso que se retroalimenta). Con lo informados que estamos hoy en día con la Prima de Riesgo y el Bono a 10 años (que mientras escrito esto se acercan peligrosamente, una vez más, a niveles de rescate financiero de España), no es difícil entender este efecto en dramática espiral. Además, por incidir en las consecuencias psico-sociales de este fenómeno, intuyo que relacionados con esta inversión del orden (esfuerzo primero, disfrute después), está la pérdida de la capacidad de sufrimiento en la sociedad y la ascética, la pérdida de la paciencia (agravado por la sociedad de las tecnologías y la era digital), la renuncia a los proyectos a largo plazo, la entrega a la improvisación y al apresuramiento y, en fin, el trueque de la "construcción" por el "disfrute".

En sí mismos considerados, juntar unos capitales para afrontar un fin no es algo malo. Y endeudarse, o prestar dinero, tampoco. Lo es cuando forman el eje de un sistema basado en la irresponsabilidad y el endeudamiento, porque el capital llama al capital (y a su acumulación), la deuda a la deuda, y ello a la inflación, la inflación al encarecimiento de los bienes, el encarecimiento de los bienes hace necesario el endeudamiento para adquirirlos, y al adquirirlos mediante endeudamiento, crea ficción de riqueza, y el ansia de riqueza genera especulación y la especulación las burbujas económicas. Cuando las burbujas estallan no hay que perder de vista, de nuevo, que lo que estalla es una burbuja, es decir, una exageración que no contiene dentro sino aire, por lo que pretender rehacerla mediante más endeudamiento es propio de niños o locos. Y eso es lo que observamos hoy: la economía en su conjunto ha vivido la ficción de la riqueza falsa, porque gozábamos de bienes (desde el estado hasta la familia que pedía un crédito para irse de vacaciones) y dejamos para después el pagarlos. Hoy España no puede pagar su deuda, y la salida en último término es un rescate que no es otra cosa que más  deuda. El interés usurero del conjunto es la pérdida de la soberanía y la esclavitud: como ocurrió originariamente con las empresas, la "propiedad" de España es ya de sus acreedores.

Y tan lejos veo que cambiemos de paradigma que a veces pienso que, si salimos de ésta, qué no le esperará a nuestros hijos o nietos cuando les estalle de nuevo, cada vez más agresiva, cada vez más cruel, y todos cada vez más sumisos, más esclavos, más masa, menos pueblo, menos libertad y más totalitarismo. Si esta no es la definitiva, dudo que no lo sea la que venga.

El escenario es apocalíptico, no lo dudo, pero como en el Apocalipsis, una gran verdad recorre todos los acontecimientos y es un aliento de esperanza (que no de optimismo). Afortunadamente, el hombre no es hijo del dinero sino que aspira a un Fin que le trasciende y que es su mismo Origen. El amigo Conrad lo ha reflejado estupendamente en su blog. Si el dinero disminuye y escasea hasta que nos demos cuenta de ello, bienvenido sea (y lo digo temblando). Nunca renunciaré, de todos modos, por mi "militancia" carlista, a denunciar los errores y a esperar una acción de la misericordia que mude el corazón de mis compatriotas a fin de que sí se produzca una vuelta a los principios que hacen posible una economía basada en el orden natural, evitando la catástrofe. Propuestas hay y existen, ya sea el distributismo o la economía de comunión. Lo bueno es que nunca hemos de esperar nada de nosotros, sino que todo lo esperamos de Él. Eso sí, no pararemos de dar con el mazo: eso nunca.