16 noviembre 2011

A propósito del 20-N (y II): la democracia

Sentado lo dicho sobre el mal menor, queda la pregunta del millón: ¿a quién votar en las elecciones? Y yo respondo con un revés, pues niego la mayor. Mucha gente de mi entorno, menos los que me conocen de verdad, se alarman ante la insinuación de que no iré a votar. Pero el hecho es que creo que considerar el voto como una cuestión primordial, primera, y donde el ciudadano asumiría el genuino protagonismo en política es ya una toma de posición ideológica que no por totalmente extendida es menos perniciosa. La auténtica democracia no es sufragista, sino tradicional, orgánica, concreta, de todos los días, foralista (o modernamente, subsidiaria), en una palabra: libre. Libre, sí, pero de una libertad concreta y real, y no utópica o idealista, abstracta, que imagina el individuo sin coyuntura ni concreciones o como nebulosa de ideas almacenadas en la chatarra del partido político; y es que no podemos ignorar la creciente obsolescencia de la ficción de la soberanía nacional, que atomiza la sociedad mediante el sufragio como mecanismo de elección de qué chatarra-partido político nos ha de regir los destinos durante cuatro años. Y mientras, a callar.

Pero admitamos que el mecanismo sufragista se pueda tolerar y que la participación en ella de opciones realmente regeneradoras y restauradoras del orden natural nos pueda llevar a la participación. Entonces, vayamos a examinar la campaña, y sacaremos conclusiones elocuentes. Para comenzar, la enmienda que los partidos del sistema se han sacado de la manga para reformar la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG) en cuyo artículo 169.3 se exige a los partidos sin representación que obtengan para presentarse avales por el 0,1% del censo electoral. Mejor manera para plantar en la conciencia de una persona más o menos formada la semilla de la desconfianza (cuanto menos) hacia los partidos mayoritarios, no existe. Curioso que PP y PSOE se pongan tan rápido de acuerdo cuando ven peligrar el chiringuito: para unos el 15-M y a los otros les debió de entrar urticaria cuando el anterior Arzobispo de Pamplona Monseñor Sebastián nombró a algunos partidos a los que  poder votar, ejerciendo de verdadero Pastor de la mies desnortada

Y por último, el enésimo intento generosísimo de la Comunión Tradicionalista Carlista de construir una alianza electoral con algunos partidos defensores de principios No Negociables. Y por enésima vez, salvo por AES, ha recibido la negativa por respuesta. 

Conclusión: salvo la presencia aislada de algún partido en alguna circunscripción, simplemente, no hay opción.

O sí, el compromiso vocacional del católico, que busca el servicio a la sociedad por Dios, trabajando día a día en la regeneración social y por el Reinado Social de Jesucristo, cuya fiesta próximamente celebraremos. Y en esas me he comprometido.

¡Vamos 

14 noviembre 2011

A propósito del 20-N (I): malmenoritis reloaded

A pesar de que cada vez me convenzo más de que la democracia -la participación del pueblo en la cosa pública- tiene poco que ver con las elecciones sufragistas, no quisiera dejar de comentar algo sobre las próximas del 20 de noviembre. Y para ello, rescato y actualizo esta pequeña reflexión sobre la licitud del mal menor, a la luz de las enseñanzas magisteriales pontificias y episcopales:

¿Cuántos que hablan de mal menor saben que Juan Pablo II condenó el "error proporcionalista" de creer legítima la elección de cualquier mal sólo por tener enfrente a otro mayor? Cuando un partido defiende el aborto, cuando un partido aprueba la píldora del aborto libre, cuando un partido se carga a los objetores de conciencia frente a Educación para la Ciudadanía, y un largo etc (no hablo del PSOE), uno le podrá votar, sí, pero no podrá decir que lo hace "en conciencia".

En este sentido, me gustaría recordar  la Nota que la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe emitió el pasado día 21 de diciembre de 2010, a propósito de algunas lecturas de "Luz del mundo". Pues bien, la Nota, además de recordar precisamente el peligro "proporcionalista" en la interpretación de la teoría del mal menor, recuerda por un lado que "no es lícito querer una acción que es mala por su objeto, aunque se trate de un mal menor". Cita en su apoyo la Encíclica Veritatis Splendor, que a su vez cita a Pablo VI en la Humanae Vitae. Y algunos alertarán de las barbaridades en ingeniería social del PSOE, obviando las subvenciones al aborto en comunidades como Madrid o Valencia. Pues bien, dice el Magisterio perenne de la Iglesia:
"En verdad, si es lícito alguna vez tolerar un mal menor a fin de evitar un mal mayor o de promover un bien más grande, hacer el mal para conseguir el bien no es lícito,  (cf. Rm 3, 8)"
Nótese que dice "alguna vez tolerar", y no que "siempre" sea lícito tolerar, ni mucho menos dice que siempre sea lícito el mal menor. Al contrario, desde decir que "sería lícito en algún caso tolerar un mal menor" hasta "hay que querer el mal menor" hay una gran diferencia.

Y en todo caso, tenemos lo que dijo en el año 2002 la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en su Nota sobre el compromiso y la conducta de los católicos en la vida política:
"La conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral"
Para mayor aclaración todavía, el Papa Benedicto XVI en su Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis definió y concretó cuáles eran los principios que él denominó "no negociables":
"El respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas."
Y por terminar, que todavía he oído alguna objeción más a todo esto (si es que es posible), de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe:
El compromiso político a favor de un aspecto aislado de la doctrina social de la Iglesia no basta para satisfacer la responsabilidad de la búsqueda del bien común en su totalidad
 Además, 
"Cuando la acción política tiene que ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad. Ante estas exigencias éticas fundamentales e irrenunciables, en efecto, los creyentes deben saber que está en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de la persona."
 Y más recientemente, en su habitual y calculadamente críptico lenguaje, la Conferencia Episcopal de España señalaba el pasado mes de octubre que:
3. No se podría hablar de decisiones políticas morales o inmorales, justas o injustas, si el criterio exclusivo o determinante para su calificación fuera el del éxito electoral o el del beneficio material. Esto supondría la subordinación del derecho al poder. Las decisiones políticas deben ser morales y justas, no sólo consensuadas o eficaces; por tanto, deben fundamentarse en la razón acorde con la naturaleza del ser humano. No es cierto que las disposiciones legales sean siempre morales y justas por el mero hecho de que emanen de organismos políticamente legítimos.
En definitiva, el mal menor, que alguna vez puede ser tolerado, no vale siempre, y en todo caso, subordinado a la Ley Natural.

Quien tenga oídos para oír, que oiga, porque está muy claro ¿no?

01 noviembre 2011

Más allá del Jalogüín (II)

En la resaca del Jalogüín, se impone alguna reflexión que va más allá (nunca mejor dicho) del simple hecho "esotérico-festivo", que es lo que apuntaba en la anterior entrada, sobre la aplastante uniformización cultural que padecemos, aunque parezca por "libre" adhesión. Una fusión por absorción que se viene fraguando por descapitalización y devaluación de nuestros más preciados activos -y perdonadme el símil empresarial-, es decir, la debilidad cultural española por olvido y debilitación de lo propio es causa de que modas tan ajenas a nuestro ser se implanten con entusiasmo en suelo patrio, llámese Jalogüín o Papá Noel (y hasta que al Corte Inglés a algún gran Centro Comercial se le ocurra celebrar Thanksgiving o Martin Luther King).

No obvio el fenómeno de la interconexión creciente entre sociedades, por el progreso tecnológico, que ha favorecido el mutuo conocimiento. Pero hemos de destacar que la mutua influencia no conlleva necesariamente (contra lo que se suele afirmar) un enriquecimiento mutuo. De hecho, la experiencia nos está demostrando lo contrario. El fenómeno meramente tecnológico ha coincidido en la historia con un derrumbe moral e intelectual de lo que se suele llamar "occidente" que ha favorecido una globalización por asimilación pasiva de premisas ideológicas contrarias, seguramente por inercia, a los principios morales y religiosos que sustentaron la Cristiandad. 

Mantengo la teoría de que sólo desde la afirmación de lo propio puede uno enriquecerse con lo ajeno. Sin embargo asistimos a un fenómeno que pretende supuestamente construir mediante la destrucción de lo propio. Es la misma idea subyacente en la concepción relativista de la sociedad que funda el estado democrático por negación de las verdades eternas, de modo que por la tolerancia (que es realmente indiferentismo) se llegue a la pacífica (yo diría muerta) convivencia (o co-yacimiento). Decía Rafael Gambra que el conformismo moderno se manifiesta en una entrega total del individuo y las sociedades a la dictadura de "Los Tiempos", algo que de alguna manera vislumbró sin verlo del todo Ortega y Gasset en la Rebelión de las Masas. El inconformismo (el verdadero hombre libre) sería aquel que huye de esa dictadura para buscar la solidez de la Mansión donde poder construir y heredar (en definitiva, progresar). Por eso, Jalogüín es más que un mero divertimento, en el mejor de los casos. Jalogüín es la claudicación del hombre y la sociedad libre a la masa y a Los Tiempos.

31 octubre 2011

Más allá del Jalogüín (I)

A partir de esta noche entramos en la vigilia de Todos los Santos y, paradójicamente, comienzan a aparecer por doquier personas que van por la calle con extraños atuendos, siniestros vestidos (vestidos que son siniestros y siniestros que van vestidos) y los locales de todo tipo (pubs, restaurantes y centros comerciales) tímidamente al principio, sin descaro en la actualidad, se "customizan" para la ocasión: es Jalogüín o, siendo fieles a su origen, Halloween.

Confieso mi aversión a esta "celebración". El año pasado fui invitado a una fiesta a la que me negué a ir a pesar de que asistirían muchos de mis amigos, y mi plan se limitó a ir a un restaurante vasco de pintxos con mi novia, la acompañé a su casa y, de vuelta a casa en metro, el espectáculo era dantesco, por esperpéntico. Confieso también que no sé qué pensar sobre su origen: Juanjo Romero asegura que tiene origen católico, y yo no tengo elementos para poder dudarlo. Como tampoco pienso que hay que desoír las advertencias del Episcopado de Hispanoamérica (donde su práctica está más extendida) o el español. Lo que tengo claro son dos cosas: que la fiesta, hoy, es pagana (y con un punto de esoterismo) y que no es española. Y esto último es lo que quiero comentar.

A pesar de mi juventud, lo de Jalogüín me parece algo totalmente extraño, algo en lo que nunca en mi infancia participé. Haciendo memoria, creo que la primera referencia a la que llego en las profundidades de los recuerdos de infancia, es la película E.T., donde al pobre alien disfrazan para no ser descubierto. Pero en los últimos años (¿cinco?, ¿seis?) si bien se viniera ya celebrando con anterioridad, Jalogüín comienza a ser algo totalmente extendido y normal, en colegios católicos, privados, públicos, laicos, etc., abrazando una moda que nos es ajena, desarmados de un escudo y madurez cultural que nos permita españolizar el evento y olvidándonos pronto de lo que por generaciones hemos celebrado. 

Y aunque no es plan de mantenerse hermético ante lo extranjero (sería caer en un paralizante nacionalismo), lo que sí es cierto es que la tendencia mundial (y europea en particular) a la homogeneización cultural parte indudablemente de la pérdida de las raíces culturales y espirituales que han sentado las bases de las patrias que formaron la Cristiandad, afectando a cuestiones tan dispares como la integración de los inmigrantes, como al rumbo de la política exterior. En definitiva, la apertura necesaria a lo ajeno debe partir de una afirmación consciente de lo propio. Sólo desde una personalidad propia puede uno enriquecerse y enriquecer. Y en estas estamos: mientras España no redescubra su Fe, como fuente creadora de civilización y cultura que fue, el rodillo de la globalización uniformadora nos aplastará. Y Jalogüín, en lugar de integrarse como una oportunidad de acercarse al fenómeno natural de la muerte que la sociedad hedonista lucha por evitar, se convertirá en la noche de los espíritus malignos que andan por el mundo tratando de perder a las almas

Yo, por de pronto, me encomiendo a Todos los Santos, que falta me hace. A tanto santo que no tiene lugar en el calendario pero que vivió su vida como María, con santidad callada, divinizando el día a día con su quehacer cristiano, discreto y entregado, sin laureles, sin estigmas, sin milagros, dedicando una vida que no es nada, si no nos lleva hacia la Vida, cuya puerta es la muerte. Sí, la muerte.

12 octubre 2011

En el día de la Hispanidad


"Cuando yo le hablaba de Guzmán el Bueno sacrificando a su hijo en aras de la Religión y de la Patria; cuando le contaba las proezas del Cid Campeador; cuando le encarecía los talentos de Alfonso el Sabio; cuando le pintaba el noble esfuerzo de Pelayo y le describía la sublima cueva de Covagonda; cuando le encarecía los actos de justicia de D. Pedro I; cuando le presentaba a los Reyes Católicos concluyendo con el islamismo y amparando a Colón; a Carlos V venciendo al Rey de Francia en Pavía; a D. Juan de Austria en Lepanto; a Felipe II viéndose retratado en El Escorial; a Felipe IV rodeado de poetas y pintores; a Felipe V conquistando con su valor el corazón de los españoles, ¡ah! Entonces sus ojos negros brillaban, sus mejillas se encendían y, poseído de un entusiasmo que le hacía presentir la gloria, «¡Qué hermoso es ser español!», exclamaba."

El tutor del joven (tenía unos ocho años) D. Carlos de Borbón y Austria-Este, futuro Carlos VII, Francisco Ignacio Cabrera y Aguilar a su pupilo, recogido en el libro “Carlos VII, Duque de Madrid”, del Conde de Rodezno.

04 octubre 2011

Como les iba diciendo...

Dejaba soltar en mi anterior entrada que era inminente comentar el libro Requetés... que recién me había terminado. Y ya va a hacer mes y medio que no actualizo el blog. La explicación es bien sencilla toda vez que no preví mi mudanza y cambio de casa. El caso es que llevo mes y medio sin TV ni internet, lo cual es una experiencia que contar. A fuer de ser sincero, reconoceré que dicha abstinencia no es tal: ratos sueltos en el trabajo y en la Blackberry, por donde sigo actualizando twitter.

No obstante, me copié e imprimí para leer con fruición las cuatro entradas que Firmus et Rusticus ha dedicado a la monarquía parlamentaria como ficción y como mal, heredado de los estragos causados por la Revolución. Lo cito para que el lector que me lea y no lo haga del mencionado blog, lo haga recomendadísimo por mí. Asimismo, habré de contar que estar en casa y no tener TV me ha permitido aprovechar mucho más el tiempo. Por ejemplo, me le leído en este tiempo “El Silencio de Dios” de Rafael Gambra –extraordinario-; “El Carlismo” de Jordi Canal –bastante prescindible-; y “Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI”, recopilación de textos del argentino Leonardo Castellani  realizada por Juan Manuel de Prada –interesante-. No prometo  entradas ad hoc porque si es verdad el dicho de que “si quieres hacer reír a Dios cuéntale tus planes” conmigo debe de divertirse muchísimo. Valgan por el momento los tres adjetivos que he soltado en este párrafo.

Como eventos, tuve la suerte de asistir, gracias a Séneka y a D. Quijote, al Foro Alfonso Carlos I en el que este año se trató del tema del momento: la economía, los errores que nos han hecho caer en esta espantosa crisis que nos atenaza, todo ello desde la Tradición y la Doctrina Social de la Iglesia.

Y, last but not least, asistí a la presentación en Madrid el nuevo libro “El carlismo en Castilla-La Mancha (1833-1875)”, de Manuela Asensio, presentado por Luis H. de Larramendi y por el historiador Bullón de Mendoza. Dado que por parte de padre la familia es fundamentalmente manchega, y de abuelo materno con raíces en Cuenca, mi interés era evidente. Leyéndolo estoy.

Nada más por hoy, que encantado de volver a saludarles, perdonen si no he contestado a algún comentario y espero volver pronto.

14 agosto 2011

Verano aprovechado: Requetés, Jerez, 75 aniversario de Antonio Molle... (corregido)

Tumba donde reposa Antonio Molle Lazo.
Basílica de N.S. del Carmen (Jerez de la Frontera)
Foto tomada el 10 de agosto de 2011
(75ª aniversario de su martirio) 
Ayer por la noche finalizaban mis vacaciones estivales, un descanso reparador de poco más de dos semanas en las que gracias a la familia de mi novia me he sentido como un hijo, un hermano, un primo y un sobrino más, hemos descansado, hemos ahorrado, hemos disfrutado del maravilloso sur de España y lo hemos pasado bien. En estos días, varias cosas a reseñar en el blog: por un lado, me he terminado las novecientas y pico emocionantes páginas de "Requetés. De las trincheras al olvido", y al que dedicaré una entrada mañana; por otro lado, mi conexión a internet se ha reducido al Twitter en el móvil, donde me he peleado con todo quisque que, con motivo de la JMJ han proferido todo tipo de insultos, blasfemias, mentiras y ataques a la Fe, al Papa, a la Iglesia, la Virgen y a Dios (quizás hablaremos de ello en otra entrada, aunque no estoy seguro); pero el día que más voy a destacar es el pasado 10 de agosto, a la sazón, 75º aniversario del martirio de Antonio Molle Lazo.

Después de unos días en el Mar Menor nos dirigimos hacia Jerez de la Frontera a pasar unos días y conocer la zona. Tiempo hace ya que quería en algún momento ir a visitar los restos que reposan en la Basílica del Carmen de dicha ciudad, y providencial fue que justo el día 10 decidiera la familia que íbamos a pasearnos por Jerez para conocerla. Ese mismo día, gracias a @Papo37 (del blog "A las catacumbas") me entero de la Misa de 8 esa misma tarde en sufragio de Antonio Molle, así que mi novia y yo nos escabullimos momentáneamente del plan familiar y nos fuimos a la Basílica del Carmen. Lo primero curioso que nos ocurrió fue que rezando ante el joven requeté martirizado, una muy amable persona, sin mediar palabra me regaló una estampa de Antonio Molle; ante mi sorpresa, le pregunté y resultó ser, para mi alegría y honor, un sobrino del mártir (su padre era hermano de Antonio): primer alegrón. El siguiente, al preguntar en la sacristía por la Santa Misa que se iba a celebrar en su sufragio, tuve ocasión de conocer a D. Sixto de La Calle Jiménez, veterano requeté de la Cruzada cuyo testimonio acababa de leer en el libro antes mencionado y que, precisamente por narrar el martirio de Antonio Molle, todavía guardaba en la memoria. La emoción de conocerle todavía me dura. Ni que decir tiene que se portó amabilísimo conmigo, charlamos y, al finalizar la Santa Misa, el responso y el canto unánime de la Salve Regina y el Oriamendi, me presentó -tercer alegrón del día- a D. Domingo Fal-Conde y a su señora esposa. Espero mantener el contacto con tan gran persona e historia viviente de lo mejor de España y del carlismo.

Por no hacer de esta entrada un tostón demasiado largo, apelo a vuestra empatía e imaginación para poder compartir el honor y alegría que sentí aquella jornada, 75 años que Antonio Molle Lazo fue acogido por Dios como un héroe del Amor a Cristo, a la fidelidad a la Fe, para mayor gloria Suya, para honor del Tercio de Nuestra Señora de la Merced, del carlismo y de las Españas. Seguro que su sangre de mártir será semilla de santidad personal y fidelidad a Dios, la Patria y el Rey legítimo, por los siglos de los siglos.

Dejo, por fin, esta descripción que D. Melchor Ferrer dejó escrito en su obra "Breve historia del legitimismo español" (Ed. Montejurra, 1958) y os animo a que recéis a Antonio Molle, pedidle cosas, encomendaos a él cuando las fuerzas de la fidelidad os fallen, para ser recios, firmes, semper fidelis; y así, de paso, colaboramos con la Asociación Pública de Fieles Servidores de Cristo Rey para que pronto sea elevado a los Altares como Beato, en beneficio de toda la Iglesia:

"...hemos de citar lo acontecido a un requeté del Tercio de Nuestra Señora de la Merced en el ataque a Peñaflor. Un muchacho joven, de veintiún años, Antonio Molle, al avanzar con los requetés en el pueblo, se adelanta y cae herido gravemente. Los rojos le rodean y le ofrecen perdonarle la vida si blasfema. Molle contesta con un ¡Viva Cristo Rey! Entonces, los rojos, enfurecidos, le cortan las orejas, le saltan los ojos, le torturan hasta que da su postrer suspiro. Molle no cesa de vitorear a Cristo Rey. Su expediente de beatificación se instruye en la archidiócesis de Sevilla y el cuerpo se halla enterrado en una iglesia de Jerez de la Frontera"

Pd.: he corregido el blog de Papo y he copiado el más adecuado a esta entrada. Aprovecho para recomendar que os paséis por él y le echéis un vistazo.

22 julio 2011

La política exterior española según Vázquez de Mella (Addendum): España

Lo hasta ahora expuesto, extraído de dos discursos de Vázquez de Mella entre 1914 y 1915, es también, en cierta forma un argumento de autoridad, pues carlistas, tradicionalistas y españoles todos hemos de tener en gran estima lo que opinara tamaño intelectual. Pero es que además, llevamos en la sangre como españoles, que el sitio natural de las Españas no es otro que el de completar un programa de Hispanidad, que pasa por lograr la unidad nacional en suelo patrio y con aquellos pueblos que han nacido entre nuestros brazos.

Son miras altas, pero no se arredraba el paisano (con perdón) de Don Pelayo, sino que animaba: "Propugnemos este ideal, defendámoslo todos, hablemos también nosotros de una España irredenta" y confesaba "quiero sumergirme, por decirlo así, en el espíritu nacional de mi Patria; siento que soy una gota de una onda de ese río, siento la solidaridad, no sólo con los que son, sino con los que fueron, y por eso la siento con los que vendrán (...). (V)eo  aquella Reconquista que se va formando con hilos de sangre que salen de las montañas y de las grutas de los eremitas, que van creciendo hasta formar arroyos y remansos, y veo crecer en sus márgenes los consejos, y las behetrías, y los gremios, y los señoríos, y las Cortes, y a los monjes, a los religiosos, a los cruzados, a los pecheros, a los infanzones, a los solariegos, enlazados por los Fueros, los Usatjes (sic), los Códigos, los Poemas, y los Romanceros; descendiendo hacia la Vega de Granada en un ocaso de gloria, para ver allí el alborear de un Nuevo Mundo, con las conquistas de América y del Pacífico; y entonces pasan ante mi fantasía Colón y Elcano, Magallanes y Cortés; los conquistadores, los navegantes y los aventureros; y, a medida que el sol se levanta, mi alma arrebatada quiere vivir y sentir y admirar a políticos como Cisneros y como Felipe II; a estadistas y caudillos, como Carlos V y Juan de Austria; y, por un impulso de la sangre, quiero ser soldado de los Tercios del Duque de Alba, de Recasens y de Farnesio, y quiero que recreen mis oídos los períodos solemnes de fray Luis de Granada y las estrofas que brotan de la lira de Lope y de Calderón, y que me traiga relatos de Lepanto aquel Manco, a quien quedó una mano todavía para cincelar sobre la naturaleza humana a Don Quijote; y quiero ver pasar ante mis ojos los embajadores de los Parlamentos de Sicilia y de Munster, que se llaman Quevedo y Saavedra Fajardo; y ver la caída de Flandes a través de Las Lanzas de Velázquez, y quiero sentarme en la cátedra de Vitoria para ver cómo el pensamiento teológico de mi raza brilla en aquella frente soberana, y quiero verle llamear en la mente de Vives, sembrador de sistemas, y en la de Suárez ascender hasta las cumbres de la metafísica; quiero más: quiero que infunda aliento en mi corazón y le caldeen las llamas místicas que brotan en lo más excelso del espíritu español con Santa Teresa y San Juan de la Cruz, y quiero ver a los penitentes varoniles y desgarrados en los cuadros terribles de Ribera, quiero, en fin, embriagarme de gloria española, sentir en mí el espíritu de la Madre España, porque, cuando se disipe el sueño, cuando se desvanezca el éxtasis y tenga que venir a la realidad presente, ¿qué importa que sólo sea recuerdo del pasado lo que he contemplado y sentido? Siempre habrá traído ardor al corazón y fuego a la palabra para comunicarle al corazón de mis hermanos y decirles que es necesario que se encienda más su patriotismo cuando más vacile la Patria"*.

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* Parte final del discurso que D. Juan Vázquez de Mella pronunció en el Teatro de la Zarzuela el 31 de mayo de 1915.

Textos extraídos del tomo dedicado al escritor, político y filósofo tradicionalista, de la serie "Textos de Doctrina Política", de la Dirección General de Información, Publicaciones españolas, Madrid 1953 (estudio preliminar, selección y notas de D. Rafael Gambra Ciudad), extraídos, a su vez, de las "Obras Completas del Excmo. Sr. Don Juan Vázquez de Mella y Fanjul" editadas por la "Junta del Homenaje", según consta en el libro que obra en mis manos.

21 julio 2011

La política exterior española según Vázquez de Mella (III): la Hispanidad

Los Tlaxcaltecas vieron en los españoles a sus libertadores
Del mismo modo que cuando en 1492 los españoles culminamos la empresa de la Reconquista no vimos en el mar sino la puerta para llevar la Evangelización más allá de nuestras fronteras naturales, así Vázquez de Mella entendió el "requerimiento a los pueblos americanos" como una consecuencia de la unidad geográfica de España. Y es que para él, "la cordillera Cantábrica es un brazo de España, y termina en Galicia su mano, y tiene un índice, Finisterre, que, con la sombra temblorosa que proyecta en el mar, está señalando a América"*. 

Su propuesta venía muy clara, con un mensaje fácil de entender que no pretendía poner sobre la mesa una forma política concreta sino el referente inmediato de su objetivo: "formemos los Estados Unidos españoles de América del Sur, para contrapesar los Estados Unidos sajones del Norte."

Pero en fin, de forma más profunda e íntima que una mera confederación en sentido moderno, su visión entroncaba con lo más auténtico del concepto de Hispanidad pues "cuando hablamos de cuestiones internacionales, no debemos apartar nunca de nuestra mente y de nuestro corazón a América". Así, impelía al político "verdaderamente español" a que se dirigiese a todos los pueblos americanos y les dijese: "os hemos dado nuestra fe, os hemos dado nuestras costumbres, porque nosotros os hemos llevado hasta el Gobierno representativo y hemos celebrado las primeras Cortes del Nuevo Mundo. Nosotros os hemos dado aquel Municipio Glorioso de las Ordenanzas seculares de Alonso de Cárdenas, que sirvieron, en el siglo XVIII, de base al de los Estados Unidos y del cual nosotros sacábamos la copia, sin saber que el original lo teníamos en la propia casa; nosotros os hemos dado las leyes inmortales de Indias que no había dado jamás ningún pueblo; aquellas leyes en las cuales, en todos los litigios, se prefería al indigena sobre el peninsular, y que establecieron en el siglo XVI la jornada de ocho horas para los indios mejicanos; nosotros hemos cubierto en poco más de un siglo, desde la época del descubrimiento, de Universidades y de escuelas el Continente americano, en tal forma, que su catálogo, todavía incompleto, produce verdadero asombro; nosotros os hemos dado nuestro carácter con sus virtudes y sus defectos, y la sangre española que corrió durante siglos y siglos, despoblando el patrio solar; y, por manos de apóstoles y de héroes, hemos arrancado del tronco peninsular ramas frondosas y las hemos insertado en las razas indígenas, a las que hemos sellado con el sello indeleble de nuestra civilización, de tal manera, que si un cataclismo geológico hundiera parte del Continente americano, no podrían las olas cubrir la Cruz de nuestros misioneros, ni el murmullo de esas olas apagar las estrofas de nuestra lengua, y todavía andarían errantes sobre ellas las sombras de Hernán Cortés y de Balboa, para decir a los supervivientes que, en la hora en que la madre Patria disminuye de vida, tienen ellos la obligación de devolvernos algo de lo que les dimos y de fundir su vida con la nuestra para formar un imperio espiritual que sea todavía más ilustre y más grande que nuestro antiguo Imperio" **.

Y volvía al principio, pues de nada serviría la llamada, ya que "ellos (los pueblos de Hispanoamérica) no podrán ver bien, si sobre la frente de España está proyectada la sombra de servidumbre que lanza la bandera de Inglaterra izada en Gibraltar" **

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* Discurso en el Congreso de los Diputados, 28 de mayo de 1914
** Discurso en el Teatro de la Zarzuela, 31 de mayo de 1915

Los dogmas nacionales: la soberanía en el Estrecho, la unión con Portugal, y la Hispanidad.

19 julio 2011

La política exterior española según Vázquez de Mella (II): Portugal

Si en la anterior entrada Vázquez de Mella situaba como espina clavada de todos los españoles, la infame situación que padecemos con la pérdida ilegítima de soberanía sobre el Estrecho de Gibraltar era, además de las razones de justicia, por las razones que hacen necesaria la autonomía geográfica de España y, para completarla, "es necesaria la unión con Portugal. ¿En qué forma y de qué manera? La conquista, jamás; la absorción, nunca; una federación. Si nosotros llegásemos a dominar en el Estrecho, si ejerciésemos en él la soberanía (...) la unidad geográfica de España exigiría una unidad de política internacional (...), sería necesario un órgano, y ese órgano sería una federación, o bien en forma de monarquía dual, o bien en forma de Imperio, con una Monarquía en lo internacional subordinada. Se dice: ¿es que entonces estableceríamos una dominación indirecta sobre Portugal? No; estableceríamos una federación"*

Y es que, citando a Olivera Martíns en su Historia de Portugal, "quien pise Portugal y España, observará ciertamente, o no tiene ojos, una afinidad innegable de aspecto y de carácter, un parentesco evidente entre los pueblos de los dos lados del Miño (...). Si esos hombres no hablasen, nadie distinguiría las dos naciones". Y yo diría aún más, no como cosecha propia sino atreviéndome a sugerir que el propio Mella las haría propias: si el código genético de las Españas vio la luz aquel 8 de mayo del 589, en Toledo, sobre los pilares de la fe católica y la Monarquía que la sustentó; si en la Reconquista los españoles forjaron sus cristianos reinos para que en Felipe II la gloria de sus antepasados reposase al fin en los pilares originarios; entonces, ni España sin Portugal es España, ni Portugal sin España es Portugal.

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Los dogmas nacionales: la soberanía en el Estrecho, la unión con Portugal y la Hispanidad.

18 julio 2011

En el 18 de julio

Hoy es 18 de julio, y por generaciones esta fecha estará ligada a la de 1936. 75 años ha que sucediera el Alzamiento y qué ciertas son aquellas palabras quasi proféticas de D. Francisco Canals, quien ya en mayo de 1966 señalaba que "la fidelidad del 18 de julio no puede ser puesta en duda sin llevar de nuevo al país a un clima de guerra civil". Y a la vista está que el derrumbe moral de España ha propiciado el envalentonamiento de los cobardes que ahora, casi 40 años después de las palabras de Canals, aplican la histeria de la historia para lavar las memorias y los recuerdos de los españoles. Y es que el 18 de julio, en opinión del profesor, fue uno de esos momentos "constituyentes" en la historia de una Nación, pues "La permanente vigencia del 18 de julio implica el mantenimiento, como base inamovible del edificio político español, de la unidad católica que, después del Vaticano II, han insistido Paulo VI y el episcopado español en recomendar."

¡Qué pena cuando, al comentarle a un amigo que me gustaría asistir a la Santa Misa en recuerdo de tan señalada fecha entendiera que me refería a Franco como centro de la atención! Muy pronto hemos olvidado que el 18 de julio la España sana sintió la liberación de deshacerse del yugo genocida y anti-teo, que para la gran mayoría de los católicos aquello no fue sino una cruzada de liberación, como los propios Obispos y el Papa tuvieron a bien reconocer; que no fue solo un levantamiento militar, sino profundamente popular, como tan emocionantemente leemos en "Requetés. De las trincheras al olvido". Y en fin, que ahora podrán decir lo que quieran pero la realidad fue la que fue, y hoy ni usted ni un servidor estaríamos aquí si no fuera por aquellos valientes y generosos españoles que salieron desde el 18 de julio a darlo todo por su Fe y su Patria. 

Dejo, como colofón final de la entrada, un soneto que compuso mi abuelo, incluido dentro de su reciente libro "La Guerra en Cuenca (crónica urgente de la Guerra Civil de 1936)" y que refleja muy bien lo que digo:

II. La violencia preliminar

Los guiaba el instinto iconoclasta y jacobino
del axiomático "Dios no existe" que adoctrina
en el odio a la imagen y su marxismo inclina,
ateo, a ignorar todo lo cercano a lo divino.

Brutal el asalto en mayo al convento paulino (1),
presagiaba la persecución incontrolable;
ciegos, buscaban a Cristo como al gran culpable
el zafio "de buena fe" y el sacrílego asesino.

No separó una línea los dos bandos en duelo,
hecha de alambre de espinos y bunkers hostiles
en sangrienta lucha palmo a palmo por el suelo;

los separó la agresión que se infligió al kerygma,
no los trincherones erizados de fusiles,
porque la religión fue la clave del enigma (2).

[En el libro, las referencias (1) y (2) explican el expolio al Convento de San Pablo en Cuenca, en una jornada de reivindicación socialista en mayo de 1936. Al parecer, los escombros arrojados al Huécar llegaron a orillas de la carretera y allí permanecieron hasta el final de la guerra. Por otro lado, las llamadas de Pío XI en 1931 ("Quadragessimo Anno") y 1937 ("Divini Redemptoris"), contra las agresiones que estaba sufriendo la Iglesia católica en España.]

Por todos aquellos que desde el 18 de julio dieron su vida por Dios y por España, incluyendo a mi tío-abuelo Luis, que escapando del bando republicano, luchó con los nacionales hasta que fue abatido, en las inmediaciones de Madrid, en el ataque por Ciudad Universitaria; por todos ellos, una oración por su alma. 

17 julio 2011

La política exterior española según Vázquez de Mella (I): Gibraltar

Una de las causas de la decadencia española en los últimos dos siglos, producto natural del auge de las ideologías sobre la Nación, es la pérdida en el horizonte de lo que Vázquez de Mella llamó los "dogmas nacionales"; y es que con la ruptura de la unidad espiritual que supusieron los partidos políticos parlamentaristas se perdió también la referencia única en nuestra proyección exterior como Patria. No tener un camino claro ha sido, sin duda, una causa del descarrilamiento.

Los tres dogmas, objetivos, camino o como queráis llamarlo son, y serán siempre que España sea España, el eje sobre el que debe pilotar nuestra política internacional: Gibraltar, Portugal y América. Y es que, para Vázquez Mella, "restaurados nuestro poderío y nuestra Nación, podríamos dirigirnos a los Estados americanos, que hemos amasado con nuestra sangre, a los cuales hemos infundido nuestra civilización, y fundar con ellos un Imperio espiritual, diplomático y mercantil, en pie de igualdad, y volverían a resurgir a la vida de la Patria aquellos dieciocho Estados que hablan nuestra lengua con una confederación tácita; y vendrían a agruparse alrededor de nuestra bandera. Y todo eso, que son los tres ideales de España, los tres objetivos de nuestra política internacional -el dominio del Estrecho, la federación con Portugal y la confederación tácita con los Estados americanos-, ¿quién lo ha negado?, ¿quién lo ha destruido? (...): Inglaterra."*

La cuestión de Gibraltar es una de las cuestiones que aún hoy, si bien ingenuamente, todavía perduran de alguna forma en lo sano del ser español. ¿Quién no habrá gritado, sea en tono jocoso, alguna vez lo de ¡Gibraltar español!? Todavía recuerdo el cabreo que se cogió mi abuelo materno, que hizo el servicio militar en San Roque, cuando un tío mío, de vacaciones hace pocos años, visitó con su familia Gibraltar. Prácticamente como algo personal. Y es que "Nosotros, como decía Floridablanca, tenemos clavada la espina de Gibraltar: pero ¿no es nada más que Gibraltar? Yo sé que un embajador inglés, presentando un plano de Gibraltar, exigió de España (y está concedida esta exigencia) que, trazando una circunferencia, cuyo centro sería el Castillo del Moro, de Gibraltar, abarcase unos quince kilómetros dentro de los cuales España no podría fortificar ni emplazar una batería o el más insignificante fuerte que pudiera amenazar la plaza, sin que Inglaterra lo considerase como casus belli; de modo que no es la plaza y el Peñón de Gibraltar, son trece kilómetros de territorio español los que están sojuzgados por otra potencia. Nuestra soberanía está limitada y enfeudada (...). Y hoy, cuando se habla de estas cosas, siempre se cita y se señala a Gibraltar, y este es un grave error. No se trata sólo de la plaza de Gibraltar; se plantea muy mal la cuestión: se trata de la soberanía sobre el Estrecho de Gibraltar".*

Y es que, de una y otra manera, Gibraltar está presente en lo que somos los españoles, y hasta podría decirse que sirve de reclamo de audiencia para algo nada sospechoso como el putrefacto negocio televisivo. ¿A quién no se le esboza una gran sonrisa al ver esto?:



Sin embargo, ya en serio, sobre Inglaterra, "Recorred su historia, miradla con relación a España, y veréis que, para dominarla y dividirla, no empieza por Gibraltar ni por el estrecho: empieza por Portugal"*. 

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* D. Juan Vázquez de Mella, discurso en el Teatro de la Zarzuela el 31 de mayo de 1915.

13 julio 2011

La democracia, esa palabra (-ota)

"La democracia es buena". Si rascásemos un poco, esta afirmación es tanto como decir "este palo es bueno". Pues si te doy en la cabeza con él, seguro que no opinas lo mismo. O sí, si lo que quieres es resaltar que ha cumplido el fin para que lo he usado: darte un mamporro para que pienses. La "democracia" permite que decidamos sin follones a qué restaurante vamos a ir los amigos, antes de irnos de vacaciones: votamos, y hacemos lo que salga por mayoría. Hasta la Santa Madre Iglesia reúne en Cónclave a sus Príncipes para que elijan democráticamente quién será el próximo sucesor de San Pedro. Pero ahora bien, ¿y si votamos democráticamente que con el palo te arreemos una somanta que te deje en la cuneta? (perdonad la chabacanería). O ¿podemos votar democráticamente que la ley de la gravedad haga que los cuerpos se repelan? Sería gravemente antidemocrático pensar que estas dos últimas votaciones son ridículas, que eso no se vota. Sería, repito, gravemente antidemocrático, pero estaríamos recuperando algo del sentido común de cuya falta tan bien alertaba D. Álvaro d'Ors. Decir que no se puede someter todo a la decisión democrática es antidemocrático, pero es lo correcto, lo sensato y el primer paso para regenerar esta sociedad.

Pero para desenmarañar un poco, entiendo que existen tres acepciones de democracia: a) como participación ciudadana en la vida pública; b) como método de elección de los gobernantes; y c) como sistema político de la soberanía popular, heredera de la Ilustración y la Revolución francesa. La primera implica el concepto de libertades, de que las personas y habitantes de un país vivan realmente como responsables solidarios del conjunto de la sociedad, pero esto, que no sólo es bueno, sino imperativo moral de nuestra naturaleza de animales políticos (zoon politikón), no es determinista a priori, ni de forma universal, de ningún sistema político concreto, ya que permite numerosas articulaciones de dicha participación*. La tercera daría -y da- para un tratado, pero me quedo con la explicación que Carlos Ibáñez Quintana nos ha regalado recientemente. 

La segunda es la que me interesa ahora, ¿es buena o es mala esa democracia? Pues creo que casi he respondido al principio, pero lo haré ahora con ejemplo deliberadamente sencillo y concreto: si se ha de elegir entre dos opciones buenas, la democracia es buena como método para elegir. Si elegimos entre una buena y otra mala, la democracia deja de ser algo bueno en sí, y sólo podría tolerarse en el supuesto de que fuera el único medio plausible y real al alcance para que el bien se imponga al mal. Pero si las dos opciones son malas, siendo incluso una menos mala, o mejor que la mala de remate, pues la democracia es perversa. Y en esas estamos, ¿no es así?

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* No tenemos mejor muestra que nuestro tradicional sistema foral, con la Monarquía representativa, que ha sido, y es, la forma en la que hemos dado forma concreta y libre a la democracia en Las Españas.

07 julio 2011

Tradicionalismo en el s. XXI

Es evidente que el mundo actual es fruto de las revoluciones que ha habido desde finales del s. XVIII hasta ahora: la francesa puso los cimientos, la americana el contrapunto "conservador", las liberales* del s. XIX el desarrollo político, la comunista de 1917 fue la vuelta de tuerca, y la sexual y de género del s. XX las lógicas consecuencias. Como quiera que todas beben más o menos del mismo vaso autodeterminista de Dios y todas buscaron la transformación de la sociedad, revolvieron los cimientos del Orden Natural cristiano. Podríamos perfectamente simplificar y llamarlas, a una, la Revolución, pues la coherencia interna de ambas premisas en las distintas revoluciones las sitúan en un mismo plano. 

Ante la Revolución, el hombre católico se opuso, hasta con su sangre martirial. Porque entendió perfectamente que la servidumbre a las ideologías impone una revolución que aplica las ideas de la abstracción pura a concreciones deformadoras de la realidad. Sea por esto, y por las consecuencias que trajeron las revoluciones que han pergeñado la Revolución, el católico ha sido contrarrevolucionario. Y si hasta aquí se ha seguido el razonamiento, se convendrá, como yo lo hago con Joseph de Maistre, que la Contrarrevolución no puede ser una revolución "en sentido contrario", sino "lo contrario de la Revolución". Por eso es tan difícil, porque exige vivirla concretamente. No nace de un partido político aunque se articule por él momentáneamente, ni de una ideología o idea. Ser contrarrevolucionario es ser consciente de que el Orden Natural cristiano que hemos de restaurar nace en nuestra vida, viviendo una vida de vocación a Dios en el estado Él quiere: sea fundando una familia cristiana, llamado a la vida sacerdotal o religiosa y, siempre, siendo una persona comprometida con la sociedad. Ésa es la militancia. En España, el contrarrevolucionario, el posteriormente llamado tradicionalista, fue carlista**. Perdón: es carlista. Su vigencia es hoy seguramente un milagro de la Providencia, que se muestra en su capacidad de adaptación a los tiempos defendiendo los principios inmutables que se resumen en Dios, Patria-Fueros y Rey.

Y fruto de dicho saber defender la Verdad en cada momento, son las tres iniciativas a las que quiero hacer publicidad hoy:

- La Liga Tradicionalista: que nace como una hermandad de entidades que defienden el mismo ideal del tradicionalismo político español, con el doble objetivo de procurar el conocimiento mutuo y la ayuda fraterna.

- La Red Tradicionalista: repositorio de blogs sobre temática política, cultural, eclesial, histórica, literaria, etc. para conocer de primera mano las respuestas en clave tradicionalista a los temas de candente actualidad.

Y last, but not least, una iniciativa que contrapone claramente, con argumentos y propuestas inteligentes, a los que recientemente han caído en la cuenta de la farsa del sistema pero sin renunciar a sus principios:

- ¡Representación Real Ya! que se muestra convencido de que "muchas soluciones a los inaplazables problemas que los indignados jóvenes españoles han puesto sobre la mesa se encuentran contempladas en el acervo de la Tradición española de siempre. Aquí las propuestas, concretas, reales, sacadas de la experiencia probada de la Tradición y no de abstracciones utópicas convertidas en ideología.

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* liberales en sentido político, porque liberales en su hondo sentido, como sabiamente enseñara León XIII, son todos aquellos que, aun en diferentes grados, reservan alguna parcela de la vida de la persona -individual o social- lejos de la soberanía de Dios. Es decir, lo son todas las ideologías nacidas de la Revolución.

** En esto reconozco que me cautivó en su día la opinión de D. Francisco Canals en "Carlismo y Tradicionalismo" (I y II).

05 julio 2011

Contra la memoria histérica: algunos recuerdos familiares (I)

La izquierda totalitaria, fue sincera unos pocos años.
Una de las herencias que nos deja el gobierno de Zapatero que hemos tenido que soportar estos siete -larguísimos- años es la vuelta de tuerca a la manipulación histérica de la historia, en especial de lo referente a la Guerra Civil (de Liberación, tendría que matizar) y al gobierno de Franco durante casi cuarenta años. Salvo honradas y muy dignas excepciones, la reacción del adormecido pueblo español ha sido la indiferencia, la trágala, cuando no la aceptación del falseamiento de la realidad.

Viene esto a cuento de un fenomenal artículo publicado en RenL sobre la "represión" franquista en un pueblo de La Mancha del que algo me honro en conocer: Alcázar de San Juan. Al parecer, el Patronato Municipal de (in)cultura viene exhibiendo un trabajo demencial sobre la referida represión en Alcázar. En fin, lean Uds. el artículo y saldrán de dudas, pero aprovecho y cuento un trozo pequeño de mi historia familiar, ni mejor ni peor que otras, pero elocuente al menos:

Tanto mi padre como mi abuela son de Alcázar y mi abuelo, aunque del pueblo de al lado -Campo de Criptana- también vivió en Alcázar toda su vida. Mis abuelos paternos eran de condición humilde. Ella de una familia muy católica -y lo sigue siendo. Él no tanto: por lo que me han contado, mi abuelo aprendió su oficio y a escribir, gracias a algunas actividades que hacía el Partido Comunista con obreros.  Sin embargo, como recuerda mi abuela, ya desde que eran novios nunca levantaron el brazo con el puño ni con la palma abierta: ni cuando pasaban camiones cantando la Internacional ni lo mismo con el Cara al Sol. Hasta salían corriendo para no verse en tal tesitura. El caso es que mi abuelo hubo de marchar a la guerra. Con los republicanos, claro, aunque la historia familiar dice que por su oficio le destinaron a cavar, preparar y construir trincheras. Así, hasta que finalizada la guerra se volvió "a pata" hasta el pueblo, donde fue encarcelado por razones obvias. 

Finalmente, mi abuelo salió al poco de la cárcel, es verdad que por influencia de un familiar directo de mi abuela, Camisa Vieja de Falange. Después, o por aquel entonces, vino lo del dinero: según me ha contado mi abuela, de la noche a la mañana (o quizás así fue para los que tenían escasos medios informativos), el dinero de la República dejó de valer y el poco dinero que tenían, por tanto, se esfumó. A esto habría que añadir que mi abuela fue huérfana de padre a los 9 años, por lo que desde entonces ya trabajaba en una fábrica, hasta la guerra.

Pues bien, y resumo: gracias a una subvención nacional, se pudieron casar mis abuelos, se fueron de viaje de novios a Ciudad Real y, al volver, vivieron unos pocos años en casa de un familiar. Trabajando mucho, de ferroviario por el día, del albañil por la noche -y viceversa- se construyeron su propia casa, sin hipotecas de por vida ni gaitas. Mi padre y su hermano -mi tío- estudiaron carrera universitaria. Mi padre, obvio, se casó con mi madre, de una posición social muy diferente, y todos los nietos tenemos carrera. Digo esto para reflejar -para quien lo quiera entender- cómo le fueron las cosas a un "vencido" durante la "represión franquista". Ni que decir tiene que mi abuelo acabó viendo con buenos ojos el gobierno del General Franco y cuando se murió, en 1992, lo hizo viendo y consciente de una España que se pudría por la corrupción y la crisis económica bajo el gobierno socialista de Felipe González.

Esto es una parte, personal, subjetiva, de lo que ocurrió aquellos años. Pero es lo que ocurrió. Sobre el cómo vivió mi abuela paterna la guerra, otro día. Del lado materno, mucho que contar también. De cómo mi abuela materna vivió el fin de la guerra en Barcelona y la entrada de las tropas nacionales en la Ciudad Condal. O cómo mi tío abuelo -hermano de mi abuelo-, médico, se pasó al bando nacional donde murió en Ciudad Universitaria. Y cómo no, la entrada que debo al libro que acaba de publicar mi abuelo materno: La Guerra en Cuenca (crónica urgente de la Guerra Civil de 1936). Un libro del que intentaré hablar largo y extenso. De momento, dejo este crónica de un diario regional.