26 junio 2013

Radiografía de una sociedad (por Aparisi y Guijarro)

 
En esta sociedad reina una hipocresía escandalosa; todos llaman al pueblo soberano, y todos se apresuran a robar uno por uno a este rey miserable los miserables harapos con que apenas puede cubrirse.

En esta sociedad todas las verdades se adulteran, y se falsean todas las instituciones.
Lo que hay de singular en esta sociedad es el usarse en ella una lengua nueva: pensaréis que es la misma que hablaban nuestros abuelos, os equivocáis; las voces tienen igual sonido, pero distinta acepción. A lo bueno se le llama malo, a la Religión fanatismo, libertad a la servidumbre, independencia nacional tanto quiere decir como "dejar de ser criados de una nación para constituirse esclavos de otra". Representación nacional es representación, sí, pero de las pasiones de un partido, que o por leyes viciosas, o por corrupción, o por violencia ha hecho enmudecer a una grande nación.
Voz del pueblo, se reduce a la voluntad de ciento o doscientos, a quienes habéis de creer sobre su palabra que son buenos patricios, los cuales en una populosa ciudad que calla porque teme, y teme porque no hay justicia, vocean y braman, y si es necesario asesinan.
En esta sociedad, cuanto más leyes, habrá más corrupción; cuanto más ensanche en las formas políticas más desenfreno; cuanto más publicidad menos vergüenza.
En esta sociedad, por fin, es todo una mentira, una farsa indigna, que no puede subsistir, que va a caer, que caerá en breve. 

Don Antonio Aparisi y Guijarro "En Defensa de la Libertad" (Rialp, 1957)
Y esto lo decía certera y proféticamente el señor Aparisi en 1872. A lo que se ve, más de 140 años después, la podredumbre permanece y se reinventa a sí misma. Entonces había esperanza en Don Carlos VII. Años después, en nuestros valerosos Requetés. Hoy depositamos nuestra esperanza en el mismo Cristo, que es Rey de todo lo creado, y siendo fieles, un día la gloriosa Comunión de los carlistas, inaccesibles al desaliento, seremos instrumentos de la regeneración social de España, bien ahora, bien cuando caiga. Tiempo al tiempo.

17 junio 2013

El Dogma del Cambio Necesario

El relativismo cansa al hombre común (es decir, al hombre que aún conserva algo de sentido común). Antes o después, a alguien, algo le parece tan obviamente cierto que, al ponerse en duda, no puede sino indignarse. Además, desde el relativismo como formulación teórica, en toda su absurdidad, uno puede aferrarse al axioma más irracional, bajo el supuesto de que, si todo es relativo, algo puede ser relativo a uno mismo, por lo que si para uno algo es "verdad" le da igual o no que lo sea para otros.

Casi me atrevería a decir que la "post-podernidad" o el "estamos en el siglo XXI" va dejando poco a poco de tener la fuerza de antaño (¡oh paradoja!) en el sentido de que si todo es relativo, aggiornar tecnológicamente lo pasado puede verse hasta chic. Ahí está la moda vintage, la vuelta a los 80 en ropa o música o incluso las ferias medievales que se desarrollan en numerosas localidades españolas. En el fondo, el nacionalismo tiene mucho de esto: un mélange de costra tradicional relleno de modernismo. Por eso, lo del "estamos en el siglo XXI" no suele funcionar como argumento frente a los eructos nacionalistas como el de "los derechos históricos" (eructos porque sólo remota y hediondamente puede hacernos recordar a un buen cocido manchego... ya me entienden ustedes, si identifican derechos históricos con el eructo y los fueros con el cocido antes de digerirse).

Lo que constituye hoy, pues, la punta de lanza contra la Verdad es una evolución, nunca mejor dicho, de lo que Gambra denominaba "vientos de la Historia": es la consecuencia del "todo es cambio". Así, con este Heráclito revisited, todo se envuelve en una provisionalidad paralizante para construir pero enormemente atomizante en tanto que vuelve a las personas sobre sí mismas en busca irrefrenable de un placer que pretende suplir la seguridad y estabilidad del Hogar (i.e. la Tradición, la Patria, las costumbres) ya desmoronado y desdeñado. Basta, pues, extender la idea inevitable de que todo cambia para que todo valga. En la era tecnológica, además, esta idea adquiere la apariencia de un axioma sin necesidad de demostración. La ideología post post-modernista es la del "cambio necesario": no solo todo cambia sino que debe cambiar para que las cosas sean "normales".

Todo debe cambiar, y la fuerza de esta idea es tal que no necesita más disquisiciones sobre la verdad relativa o el significado de la Modernidad. Relativismo 2.0

Para nosotros, en fin, es una nueva ocasión para ser "reaccionarios". Pero no reaccionarios asumiendo el "Cambio Necesario Pero al Revés" sino en el sentido contrarrevolucionario de fundarlo todo en construir sobre una herencia, sobre una tradición, sobre la Familia, la Sociedad, la Patria, y todo ordenado a Dios.

13 junio 2013

A cuento de lo de los Jóvenes de San José

No sé si todos los lectores de este blog conocen ya la noticia de que el Ayuntamiento de Barcelona ha prohibido a la asociación "Jóvenes de San José" continuar su labor de repartición de comida a personas necesitadas y atención a indigentes porque, al parecer "da mala imagen" (a lo que cabría preguntarse si la mala imagen es la que da un sistema económico inmoral e injusto que permite que existan personas sin las necesidades más básicas cubiertas o la de unos políticos con vocación de casta). 

Sí, sí. Como lo oyen.

¿Que quiénes son los Jóvenes de San José? Pues, como ellos mismos dicen, unos bautizados que buscan "dar de comer al hambriento". Según parece, el problema está en que lo hacen por Amor a Dios y, por Dios, a los demás. El flagrante pecado civil cometido no es otro que no poner al "otro" por encima de Dios, aunque no reconozca el ayuntamiento que ésta, y no otra, es la razón de su decisión. 

Desde luego que la noticia es para quedarse sin palabras, eso sí, después de proferir todo tipo de calificativos nada amables. Por mi parte os animo a que suscribáis la alerta que Cruz de San Andrés ha preparado.

Yo ya he firmado, y he añadido un mensaje personal que se me ha olvidado copiar pero que venía a poner sobre la mesa la gran farsa de la libertad abstracta que nos quieren hacer pasar por auténtica libertad. Y claro, la Libertad, cuando es libertad y no son libertades (es decir, variadas, múltiples como la realidad misma, concretas y reales) pues sucede que es más pretexto que derecho. Y en este caso la administración elegida "democráticamente" se siente, por un mero formalismo procedimental de elección (y a esto anudan la esencia de esa "libertad" abstracta) con la autoridad suficiente como para prohibir a unos chicos paliar en algo el sufrimiento material de muchas personas que sufren las consecuencias del sistema económico que se desarrolla en esa "libertad". 

Creo que tenemos que hacer, entre otras luchas, una clara cruzada de concreción de las ideas a todos los niveles. Dejar de hablar de libertad sino de libertades (y hablar de subsidiariedad, de mandato imperativo, juicio de residencia o representación orgánica); dejar de hablar de valores sino de virtudes (humildad, pobreza, templanza, justicia, etc.); dejar de hablar de individuos sino de personas; hablar de sociedad pero sobre todo de organizaciones, de asociaciones naturales, de colaboración y caridad; dejarnos, en fin, de ampararnos en -ismos sino en principios que se realizan -y esto es lo difícil- en políticas concretas y decir alto y firme, muy alto y firme que lo que ha hecho el Ayuntamiento de Barcelona es otra muestra más, pero igualmente flagrante, de to-ta-li-ta-ris-mo.

07 junio 2013

Chesterton se hace hueco en mis lecturas

No hay manera de volver a darle ritmo de nuevo al blog, ruego me disculpen. Además de la falta de ideas y tiempo, la inercia de la inactividad bloguera hace estragos. No cejo en mi empeño. Lo que sí ha mejorado últimamente es mi ritmo de lectura, gracias a Dios y a que, con motivo de mi último cambio de domicilio, he aparcado definitivamente el coche, brindándome el Cercanías una gran oportunidad de ir cumpliendo con mi interminable lista de lecturas pendientes mientras me acerco al trabajo. Así que, entre lo uno y otro, reanudo el blog con eso: mis lecturas.

El caso es que la susodicha lista va alcanzando una longitud amenazante. Y los libros comprados, si bien en menor proporción, también, por lo que se hacía perentorio escoger un criterio de selección u orden de prelación de lecturas. Hacía tiempo que me había adentrado, y este blog es testigo en alguna medida, en la lectura de algunos de los pensadores del tradicionalismo hispánico. Vázquez de Mella, pero también Aparisi y Guijarro, Rafael Gambra o Francisco Canals. Y algo más de Álvaro d’Ors. Debía leer algo de Santo Tomás de Aquino, y leí “De Regimine Principum” (o del gobierno monárquico). Incluso pude leer algo de Castellani y Menéndez Pelayo (en ambos casos, selección de textos). Sin embargo, no he tenido ocasión todavía de adentrarme en Balmes; de Donoso Cortés había comenzado (y dejado a medias, a la espera de volverlo a empezar) su "Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo" y tengo comprado “Defensa de la Hispanidad” de Ramiro de Maeztu. En esas estábamos cuando una y otra vez se me ha recomendado la lectura del gran (física e intelectualmente) G.K. Chesterton. Su agudeza en las citas que leo y “retuiteo”, su lúcida apologética y socarronería inglesa, y muy especialmente el asunto del Distributismo me cautivaban, pero algo me retenía, y es un cierto remordimiento por no conocer a fondo los clásicos hispánicos. Dice Santo Tomás de Aquino que la Caridad tiene un orden: quien no ama a su próximo no puede amar al lejano. Quien no ama a sus padres terrenales difícilmente puede amar a Dios o le amará mal: por ello, no podía darse que hubiera leído a Chesterton o Shakespeare y no a Lope, a Cervantes o Garcilaso de la Vega. Pero el influjo del gran príncipe de las paradojas me llamaba y su amor por España, siendo inglés, de manera particular. El caso es que me propuse construir la casa por el cimiento: leí algo de Lope de Vega (Fuenteovejuna y el Caballero de Olmedo) o una antología poética de Manuel Machado, pero cuando me adentré en el aquinate me rendí y decidí por fin leer el ensayo-biografía “Santo Tomás de Aquino” de Chesterton, a pesar de las recomendaciones de mi amigo “Don Quijote” de comenzar a leerle con otros libros más representativos. Lo cierto es que lo devoré y me propuse finalmente adentrarme en el universo chestertoniano. Me compré Ortodoxia, El Hombre Eterno y Lo que está mal en el mundo, pero antes, siguiendo mi inicial propósito, me leí y disfruté enormemente la Primera Parte del Quijote –sobre lo cual habrá ocasión de volver-. [NOTA: Sí, en efecto, es un gran pecado, siendo español, pero especialmente por ser hijo, nieto, bisnieto y así para arriba, de manchegos, no haberme adentrado en él mucho antes]. Por fin, la historia de la humanidad, penetrada en su auténtico sentido y viajado por las entrañas de su más profundo motor, tamizado por el agudísimo ingenio y finísima inteligencia, El Hombre Eterno se fue deslizando por mis dedos y las hojas volaron una tras otra dejando tras de sí su impronta imborrable en mi entendimiento, y de un modo particular al mostrar el sentido común en toda su crudeza y lustre. Hasta ahora ha sido mi última lectura terminada y sigo bajo su influjo. Intuyo que continuaré un tiempo pensando en la habilidad de un hombre como Don Gilbert en llevarnos sutilmente a través de paradojas, como de la mano, y aun a saltos, por un camino que descubrimos nuevo pero que llevaba delante de nuestras narices mucho tiempo. En Chesterton uno se cae del guindo. O mejor, hacemos el salto inverso del abismo a tierra. En el tradicionalismo tenemos autores así. Bueno, en realidad el tradicionalismo es eso: un baño de realidad y sentido común. Lo particular de Chesterton es que te conduce sin que lo notes y desde el otro lado, mientras piensas que juegas, cuando en realidad estás concluyendo un negocio muy serio. Chesterton no ha viajado a la modernidad, vive en ella por circunstancia coetánea y geográfica. La Inglaterra del siglo XX ya es una sociedad a las puertas de la postmodernidad, al menos en las ideas que los “intelectuales” de la época van delineando. En El Hombre Eterno se niega la mayor sin necesidad de grandes volúmenes enciclopédicos a toda una cosmovisión del hombre y su historia que aún hoy pervive. Chesterton responde en 1925 a las ideas “fuerza” (como diría un cursi) en las que se mueve el hombre de hoy. Es interesante porque el español medio (el que todavía piensa o quiere pensar) puede encontrar un camino entretenido pero revelador de vuelta a la cordura y el sentido común.


Mientras, y antes de volver a la Segunda Parte del Quijote, tras lo cual me espera quizá algo más de Aparisi o Mella (últimas adquisiciones en la feria del libro viejo de Madrid), he hecho un alto en el camino para leer a Tolkien. Lo que sí es seguro, es que me esperan “Ortodoxia”, “Lo que está mal en el mundo” y “san Francisco de Asís”. Quién sabe si, quizás, alguno se cuele, como el Chavo del 8, “sin querer queriendo”. Lo contaré aquí, D.m.

15 marzo 2013

El papado y San Francisco

A propósito del nuevo Papa, he ido dejando algunas reflexiones en twitter (@SerLibreHoy) estos días sobre la elección del nuevo Papa Francisco. Repasaba ayer la "Historia de la Iglesia" de Ludwig Hertling y me topé con un par de pasajes que considero apropiados en estos días:

A) Sobre Pío IX (que, por cierto, fue un Cardenal de nefastas ideas y acciones, que destacó como uno de los Papas que con mayor energía condenó las distintas herejías del siglo XIX, hoy Beato):
El Beato Pío Nono

Para los que no sean católicos, no es fácil hacerse una idea de lo que es el amor de los católicos hacia su papa, sobre todo del que sintieron a partir de Pío IX y siguen sintiendo hoy. El católico ama a la persona del papa por el cargo que ostenta, y ama el cargo por la persona que lo reviste.

Lo que por el papa siente es una veneración religiosa, sin necesidad de creerlo un ser de clase superior ni atribuirle facultades sobrenaturales. La postura de los católicos ante su papa es radicalmente distinta de la de las masas ante el caudillo del partido que los gobierna. Los católicos no esperan hazañas de su papa ni aguardan de él ningún beneficio. Su dicha consiste en poderle ofrecer algo. En cierto sentido, su amor tiene mucho de compasión. 

B) Sobre San Francisco de Asís:

Sobre la personalidad de San Francisco circulan muchas ideas erróneas. No era ni un iluso entusiástico ni un niño soñador que jugara con florecillas y rayos de sol. Era, al contrario, en todos los aspectos un hombre de cuerpo entero, sencillo, natural, sensato. No era un teólogo, pero poseía la fe sana y acendrada del pueblo católico. Era persona de pocas palabras y muy modesto. No tenía celos de que otros colaboraran en su fundación. En algunas de las anécdotas transmitidas aparece como un soñador carente de sentido práctico, pero en realidad era un hombre inteligente y cauto, un realista. Se entendió bien con las autoridades eclesiásticas. Era muy riguroso en sus exigencias ascéticas, tanto en las que se imponía a sí mismo como en las que exigía de sus discípulos, sobre todo en lo que toca a la pobreza. Pero no era un espíritu triste y obscuro, sino iluminado de bondad y mansedumbre, aunque no poseyera el ingenio chispeante o la gracia de un san Felipe Neri o un san Juan Bosco. A despecho de no ser ni un jurista ni un organizador, el movimiento popular que él despertó a la vida —pues se trataba de un auténtico movimiento del pueblo— nada tiene del desenfrenado entusiasmo de masas que caracteriza a tantos fundadores de religiones no cristianas. Este hombre modesto, de escasa apariencia física, cuenta sin duda alguna entre las más grandes personalidades de la historia universal. 

Se encuentra en él un grado de aproximación y vinculación a Dios, como nadie o muy pocos antes de él alcanzaron.
Me dieron que pensar estas reflexiones, mientras acababa de leer la primera homilía de nuestro recién elegido Santo Padre. Pensé que nuestro amado Papa, ahora emérito, Benedicto XVI había sufrido mucho, que esperábamos mucho de él y posiblemente dejamos que cargase con la Cruz sin ofrecernos de Cireneos. No cargamos suficientemente con la Cruz y dejamos que sucumbiera. Ahora tenemos otro Papa. Un Papa distinto, pero igual sucesor de Pedro. Un Papa que ha levantado no pocos desconciertos, pero que puso a rezar a toda la Iglesia en su primera aparición pública. Que rezó a la Virgen y ante Pío V en su primera visita y que en la primera homilía nos ha dicho que seamos intachables, que confesemos a Cristo pues otra cosa -dice- no tiene sentido; que habla del diablo y nos insta con sencillez a "caminar con la Cruz del Señor".

Es el Papa y nos toca el martirio de ser Iglesia, de aportar con nuestra oración y penitencia lo que falte al Papa. No hay excusas: 

Dominus conservet eum et vivíficet eum, et beatum faciat eum in terram, et non tradat eum in animam inimicorum ejus.


03 marzo 2013

El Papa que me confirmó en la fe (homenaje personal)

Benedicto XVI ya se ha ido y la Sede Vacante aguarda al sucesor de San Pedro. En esta hora el pueblo cristiano espera ansioso la próxima entronización: el Papa se ha ido y el Cónclave todavía no ha comenzado. Por eso todavía es tiempo de hablar de un Pontificado, a mi juicio, fundamental en la historia de la Iglesia. Y es que tras el extraordinario Pontificado de Juan Pablo II, el de su sucesor pareció, a los ojos del mundo, predestinado a vivir a su sombra. Sin embargo, la humildad de Benedicto XVI y su altura teológica e intelectual, además de por su piedad, nos ha conquistado de una manera particular. En mi caso, además, podría decir que de una manera más profunda que con su predecesor, a quien tanto quise. Resumo cuatro anécdotas que me unen a Benedicto XVI de un modo particular.

1.- Mi primer conocimiento consciente del Cardenal Ratzinger se remonta a una Semana Santa en Roma. Era abril de 2001 y tuve el privilegio de vivir el Domingo de Resurrección en la Basílica de San Pedro. Todavía resuena en mis oídos, por cierto, el estremecedor intento de un Papa anciano, Juan Pablo II, que con un hilo de voz vacilante pero lleno de la fuerza del Espíritu Santo se esforzaba por entonar un Gloria in excelsis Deo... totalmente falto de entonación, nada armonioso en la música, casi sin vocalizar, diríase que patético pero profundamente edificante al personificar y encarnar en sí mismo el misterio de la Cruz de Cristo. A un adolescente como era yo, el Papa era il dolce Cristo in terra con la Cruz a cuestas, con la Iglesia a las espaldas y una imponente catequesis sobre qué significaba el "niéguese a sí mismo, cargue con su Cruz y me siga" (Mt. 16, 24). Pues bien, recuerdo la procesión de entrada que pude ver en primera fila del pasillo central, ver pasar en una Basílica de San Pedro jubilosa por la Resurrección del Señor, al  anciano sucesor de San Pedro, seguido de un Cardenal cuyo nombre me sonaba como hoy me suenan tantos otros sin que sepa algo de ellos más que dos o tres datos biográficos o de los cargos que asumen. El Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe ("SCDF") pasaba con las manos juntas, orante, y un amigo me soltó: "ahí está el próximo Papa". Me pareció un disparate, una boutade, otra tontería más de las que se dicen cuando se hacen quinielas sobre el próximo Pontífice. Y estando Juan Pablo II vivo (nos parecía eterno), más aún. Pero desde ese día Ratzinger ya no era un Cardenal más.

2.- Algunos años después, sobre Ratzinger leía toda clase de improperios. Comenzaba mi carrera universitaria, leía, quería formarme de manera autodidacta y "experimenté" algo más de lo recomendable. Políticamente me deslizaba ignorante hacia un nacionalismo y un progresismo incoherente que siempre chocaba con la fe que, gracias a Dios, nunca perdí. Así que tanteé lecturas sobre el personalismo de Mounier, el socialcristianismo o la Teología de la Liberación. Rechazaba de un modo inconsciente toda afirmación expresamente contraria al Magisterio pero me encontraba perdido. Leyendo críticas sobre la postura de la Iglesia sobre la Teología de la Liberación encontraba reproches de inmovilismo e incomprensión del "Vaticano" y concretamente del Prefecto Ratzinger. Ya le tenía casi etiquetado cuando me propuse ver en primera persona esa "intransigencia". No lo comprendía. Así que me agencié la Instrucción "Libertatis Nuntius", "sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación" de la SCDF en la que el Cardenal afirmaba no poder servir de "pretexto para quienes se atrincheran en una actitud de neutralidad e indiferencia ante los trágicos y urgentes problemas de la miseria y la injusticia". Todavía guardo las notas de aquella Instrucción en las que, además, afirmaba que "todos los ricos son severamente llamados a su deber" o que "la nueva libertad, traída por la gracia de Cristo, debe tener necesariamente repercusiones en el plano social" y otras muchas enseñanzas que, más allá de la Verdad que mostraban, lo que me pusieron negro sobre blanco es la imagen distorsionada de aquel Cardenal que se mostraba conciliador pero firme y claro en la defensa de la Fe, profundo, empático y sobre todo humilde, lejos de la altivez o inmovilismo pretendidos. Se antojó cristalino dónde estaba el fanatismo y dónde la mansedumbre de la Verdad. Me descubrió el insondable campo de la Doctrina Social de la Iglesia, la falsedad los enemigos de la fe y los muchos vericuetos que se buscan para destruirla o falsearla de un modo u otro. Algo parecido le pasó a Peter Seewald.

3.- Pasó algo de tiempo y mi formación continuaba algo más seria, en especial en lo referente al campo social y político, donde los católicos se ven a menudo confundidos entre los lobos que trabajan por instaurar el mal en la sociedad. Necesitado no ya de respuestas sino del mismo camino, me preguntaba sobre la licitud moral de los sistemas políticos. ¿Es posible enjuiciar moralmente los sistemas políticos? ¿bajo qué criterios?, abundando en lo que había aprendido de Libertatis Nuntius ("la justicia con respecto a Dios y la justicia respecto a los hombres son inseparables") ¿cuál es la relación debida entre política y religión? ¿entre Iglesia y Estado? es más ¿deben tener alguna relación? Hasta el momento, lo que había encontrado fueron respuestas que no me satisfacían. Mi profesor de Constitucional me recomendaba asomarme al fenómeno conservador norteamericano (entre otras lecturas, esta o esta), pero entonces llegó a mis manos el libro del anteriormente Cardenal Ratzinger, "Verdad, Valores, Poder. Piedras de toque de la sociedad pluralista" que, sobre todo, me alejó del peligro del liberalismo, me hizo las preguntas precisas y sirvió de cimiento sólido para mi formación. Y ese Cardenal humilde, sencillo y altísimo maestro, fue elegido Papa.

4.- Como ya he comentado otras veces, siento una particular veneración por la liturgia tradicional previa al Concilio Vaticano II por su silencio, por su recogimiento, su solemnidad, porque me hace sentir más visiblemente mi poquedad ante Dios, porque me une en especial comunión a los grandes santos que bebieron de la piedad eucarística según la misma riqueza litúrgica y al orbe entero que, con una misma lengua, como hermanos, adoramos a Dios de forma universal, católica y finalmente porque sé perfectamente que no me voy a encontrar sorpresas en la Misa lo cual, a mi entender, favorece la piedad. Pues bien, recuerdo asistir a la Santa Misa tradicional cuando era algo prácticamente clandestino, había que buscar donde se celebrase con todas las debidas licencias eclesiásticas. En Madrid se celebraba en San Luis de los Franceses y en España era prácticamente imposible encontrar donde se celebrase con el beneplácito del Obispo de turno. Y entonces el Papa nos regaló el Motu Proprio Summorum Pontificum tan importante como desobedecido, incumplido y despreciado. Pero el Papa lo hizo no como "concesión" sino de una propia convicción personal, expresada innumerables veces cuando era Cardenal y luego con su ejemplo personal.

Y luego han estado sus pláticas, sus Encíclicas, sus homilías, sus motus proprios, su Magisterio... Benedicto XVI ha sido, si cabe, más mi Papa de lo que hubiera imaginado. Aunque solo haya conocido a dos, y dos queridísimos, el humilde Benedicto ha sido mi maestro, mi guía, mi Pastor, mi Pedro, aunque se haya ido. Por eso el shock, por eso mi pena y mi desconcierto. Pero es el Papa que me ha confirmado en la fe. El Pontífice que ha iluminado mis pasos, en quien he confiado. Por eso siempre ocupará un lugar predilecto en mi corazón. Una gratitud infinita y verdadera.


¡Hasta siempre, Santo Padre!

Sede Vacante

16 febrero 2013

Un Papa que quería que rezásemos por él

Sigo como en una especie de estado de conmoción por la renuncia del Papa. Cuando leí la noticia sentí una mezcla de orfandad, abandono y decepción. Con los días, las ideas se van asentando, la perplejidad por las reacciones del personal creciendo y mi preocupación por el futuro tomando forma.

Y es que no comprendo, porque no puede comprenderse, que haya quien agradezca al Papa su marcha. Si es Cristo quien sostiene a la Iglesia, si Pelagio erró y es la Gracia y no nuestras fuerzas lo que salva y que el abandono en Dios es la vía para cumplir eficazmente su voluntad, la renuncia del Papa  (y sus razones) debe, cuanto menos, generar confusión. Porque parto del hecho de que tenemos claro que solo cuando habla ex cathedra de fe y costumbres el Romano Pontífice es infalible, y que hacía tiempo que  habíamos desterrado todo clericalismo acrítico.  

El primer pensamiento tranquilizador que me viene a la conciencia tras la noticia es que solo el Espíritu Santo guía a la Iglesia, aunque acto seguido resuenan las palabras del mismo Cristo: "Tu es Petrus et super hanc petra edificabo Ecclesiam Meam". Si Pedro se va, la Iglesia, forzosamente, se tambalea. Solo el abandono en la Divina Misericordia y un "non prevalebunt" más necesario hoy que nunca, son capaces de sacarme de esta sensación de fracaso que me invade.

Por otro lado, ¿tanto ha cambiado el mundo y la Iglesia como para que el ejemplo de un Juan Pablo II agonizante sin fuerzas pero abrazado a la Cruz fuese motivo de edificación de los fieles del mismo modo que un Benedicto XVI que renuncia por falta de fuerzas? Algo falla en el criterio del mundo cuando la reacción de agradecimiento es la misma.

Dicho lo cual, confío enormemente en el juicio y discernimiento del Papa, que amarga y repetidamente nos ha hablado de los "lobos", dispuestos a poner palos en las ruedas, en el mejor de los casos, a la labor del Santo Padre. En su primera alocución como Pontífice nos rogó que rezásemos para que no huyera, y en la última homilía nos hablaba de los "golpes contra la unidad de la Iglesia". Entre medias, desobediencias y traiciones.

La conclusión que saco es que hemos fallado al Papa. No hemos rezado suficiente. No nos hemos mortificado como debiéramos. No hemos sido santos. La renuncia del Papa no es un triunfo, es un fracaso. Posiblemente no de él, que ha sido un gran Papa (¡de los más grandes!) sino de nosotros. Quizás el Papa nos ha hecho un gesto desesperado para que espabilemos. Son tiempos muy duros. Y los que vienen más. Solo queda una salida: Conversión.

Y por supuesto, ¡Viva el Papa!

26 enero 2013

Las meteduras de pata... o cuando la "liamos parda"


Sucede que te levantas y quieres creer que todo fue un sueño; te desperezas con la esperanza de que todo esté en orden, pero la resaca de sentimientos corroe la conciencia y te acuerdas de la que has liado. A veces esa “resaca” es cosa de un momento, un renacer de la conciencia a la realidad y se traduce en un abismo que se abre entre ti y el entorno, y se das cuenta de tu pequeñez. Puede haber sido por el mal que has hecho a un amigo, a un familiar, a uno mismo; una terrible equivocación, una consecuencia desastrosa no bien calculada, una injusticia… en todos los casos, la memoria y la conciencia irrumpen de pronto haciéndonoslo saber: no solo has metido la pata, la has cagado, la has liado, y mucho. Y piensas, como en la canción ¿Qué ** estaría yo pensando?
Oh it's so embarrasing
I'm this awkward and uncomfortable thing,
and I'm running out of places to hide



Quizás nunca como en esos momentos somos más humanos. Y por humano debe entenderse en toda su crudeza o sencillez la condición de criatura que, como tal, es limitada, pequeña… ridícula. La desesperación no es más que un quijotismo mal entendido en que nos vemos caballeros o damas impolutos sin mancha. Los horrores y errores son para los demás. Pero ¡ay! Que a todos nos llega el día de la humillación. Y bendita sea porque sobre ella se han cimentado las más altas cotas de grandeza.

Cagarla, además, tiene un punto de diversión, si se mira con el prisma correcto. En el peor de los casos, impone una gran aventura, que es la penitencia.



Ser un Judas hoy, es sinónimo de falso, pero un Judas debería ser alguien que no se arrepiente. O quien se desespera. Judas sería hoy un gran santo si se hubiera arrepentido después de traicionar a Jesús.

Por eso, soy fan del arrepentimiento. Cada vez más. Y confieso mi debilidad ante las grandes meteduras de pata. Y más ante los que no paran de cagarla y siempre se ríen –y lloran- y tiran para adelante arreglando su desastre. Tal vez la vida no es más que un arreglar entuertos, los de uno mismo y, si puede, los de su alrededor. Lejos de ser triste, es la vida más maravillosa que puede haber, porque es cómica y real y permite la redención final.

Creo que todos, antes o después, llegamos a ese punto de resaca del que hablaba al principio. El fracaso, con humildad, es reformador. Pero los hay que se han inventado una historia cuyo hilo argumental navega entre la negación del mal o del arrepentimiento. En ambos casos ese negacionismo inhumano, que es verdaderamente triste, convierte la vida en una quimera desesperante. Por eso, una vida tan humana, tan desastrosa y a la vez tan brillante como la de Édith Piaf no deja de maravillarme porque parece siempre tan cerca de la redención a la que conduce el sufrimiento y al mismo tiempo no la alcanza.



Imagino un final en que elle se regrette de tout, avec l’espoir de Dieu y en que verdaderamente, esa vida del que commence avec toi sea verdaderamente la de Él.

Pero en fin, si hay una vida que me inspira cercanía y compasión, más cercana a la redención como la entiendo sea la de un genio entre los genios como Johnny Cash, cuya vida, por sobradamente conocida, no hace falta señalar.



Y con él cierro esta entrada, para recordarla en el éxito y en el fracaso porque, en última instancia, no es a nosotros a quien corresponde la gloria, sino a Él.


31 diciembre 2012

El 2012 que se nos va

Ya se acaba el 2012, que en lo personal ha sido un año de demasiados contrastes. Entre otras muchas cosas, hace apenas un mes perdí a mi última abuela tan importante para mí y mis hermanos. Se marchó abandonada en Dios, poco a poco, yéndose sin hacer ruido, con su Virgen del Carmen a la cabecera. Estará con el abuelo, ¡tan felices -siempre lo decía- habían sido! y gozando de la presencia de Dios. Mis dos abuelas son un enorme referente personal, de fe, de vida y ejemplar modo de cuidar una familia. Les debo este humilde reconocimiento. Ahora las tengo en el Cielo, haciendo de madres, con la Madre de todos.

En otro orden de cosas, el que nos ocupa, el año ha transcurrido bregando en esta crisis tremenda que tenemos encima, en el que los efectos de un sistema fallido que se tambalea debería hacer caer muchas vendas que demasiados ojos tapan. No podía ser de otra manera cuando existe y se apoya un sistema que proclama la soberanía nacional de un pueblo que día a día se encuentra más esclavo de un poder partitocrático agarrado a la poltrona. Nunca como ahora la realidad contesta de modo tan arisco a los principios ideológicos que se proclaman. Y, permítaseme que lo diga, los dos brazos o costados del problema que tenemos se reparten la culpabilidad: las derechas y las izquierdas, maniqueas ellas, tuertas y destructoras nos corroen el espíritu y fuerzas de una Patria que desaparece. En esta empresa común de la derecha y la izquierda que se llama odio a la fe y destrucción de España, la corrupción hace estragos y se emplean chivos expiatorios, realizando cambios para que todo continúe igual en las dos sectas partitocráticas. Y su paradigma, este año, está en Cataluña en el que el delirio paranoide del nacionalismo lleva al abismo a todo su pueblo, en cruzada anti-quijotesca donde se enfrentan gigantes molinos de viento cual monstruos fantasiosos bajo unas ideas, a diferencia de nuestro caballero de la Triste Figura, nada nobles, altos y sublimes sino rastreros, bajos y materiales.

Pero como siempre en los peores momentos en que la Patria se encuentra sumida en el caos, siempre habrá un puñado de hombres y mujeres dispuestos a sacrificarse por un ideal altísimo que, no buscando su gloria ni el triunfo inmediato sino la gloria de Dios y simple fidelidad a su Amor, no cejan en su empeño por levantar las cosas. Por eso, en este 2012 se han puesto en marcha algunas iniciativas que, en este año de la fe, nos llenan de esperanza. Al menos para que, en el día del Juicio, el Señor nos cuente entre los que dieron de comer al hambriento, los que fueron fieles en lo poco y, en definitiva, habiendo sido tan misericordiosos como para alcanzar la necesaria misericordia de Dios:

- Asociación de Abogados Luis de Trelles: asociación que nace "con conciencia de responsabilidad social, vocación de testimonio y voluntad de ayuda a las personas más afectadas por las injusticias derivadas de las lógicas de poder y de egoístas intereses particulares, nos constituimos voluntariamente en asociación de abogados consagrada a restablecer los legítimos derechos de las personas y los colectivos según el Derecho y la Justicia en el ejercicio profesional. Dicha misión se concretará en un compromiso de ayuda a las personas y colectivos que en cada momento sufran las consecuencias del proceder arbitrario e injusto de los poderes políticos, económicos o sociales, cometidos por instituciones o particulares, conforme a criterios que la asociación definirá en cada momento según sus normas de funcionamiento."

- Grito contra la usura: con la idea de "promover una auténtica reacción defensiva al actual sistema liberal-disgregador contribuyendo a devolver el protagonismo a la sociedad. Por ello la plataforma GRITO CONTRA LA USURA Y EXTORSIÓN está alentando la creación de un auténtico movimiento de defensa y desarrollo social en base al Orden Natural, teniendo como protagonista a la familia, célula básica de la Sociedad; estimamos que la defensa del trabajador, del autónomo, del consumidor de bienes de primera necesidad o del dependiente tiene como sentido la defensa de la familia; detrás de la categoría laboral de parado, no sólo hay un trabajador o un “individuo abstracto o anónimo”, hay una unidad familiar afectad"

- I encuentro de la Liga Tradicionalista, auténtica reunión familiar, de El Escorial (junio de 2012). Un éxito que esperemos sea precursor de muchos otros. Os animo a leer la crónica. 

- Concentraciones por la Vida el 28-D. Por fin vemos acciones unitarias de los que defendemos lo mínimo de lo mínimo, es decir, los cuatro principios no negociables que el Papa pronunció en Sacramentum Caritatis: la Vida desde la concepción hasta la muerte natural; la familia, es decir, la unión natural de hombre y mujer abiertos a la vida; la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos y el bien común en todas sus formas. Así, CTC, AES, Cruz de San Andrés, Foro Arbil y más de 50 adhesiones más, el pasado 28-D nos concentramos en distintas ciudades de España, por los millones de niños no nacidos, asesinados en el vientre de sus madres y contra el partido abortista de derechas, el PP.

Y más y más acciones, calladas o no, pequeñas y grandes, que se han realizado este año, como los círculos carlistas que en Tortosa y Alicante van cobrando vida gracias a la gran labor mis correligionarios de aquellas tierras. O las reuniones de todos los viernes con jóvenes en el Círculo de Madrid, las actividades en Andalucía, Pamplona, la gran labor que hacen en Barcelona para toda España los de Cruz de San Andrés y Genocidio Cristiano, las familias que educan en la fe y piedad a sus hijos y tantas y tantas acciones por las que es menester entonar un Te Deum a Dios en este 2012 que ya acaba.

¡FELIZ AÑO NUEVO! 

24 diciembre 2012

¡Feliz Navidad a todos!

Es un misterio insondable para el hombre la Encarnación virginal del Hijo de Dios en el seno puro de la más excelsa de las mujeres, su Madre y Madre Nuestra, Santa María. Y sorprendente para los esquemas pobres de nosotros pecadores, que el Rey del universo, Cristo Jesús, anduviera la víspera de su nacimiento en busca de cobijo para venir al mundo. Tanto más triste y estremecedor es que la pureza inmaculada de la Virgen encinta encontrase rechazo en las más variadas posadas del lugar por donde sus santos pies pisaban. Hasta el asno reconoció a su Señora, la más generosa y entregada de las criaturas del Padre, y le ofreció su lomo para que aquella Custodia, más preciosa que todo el oro del mundo, tuviese donde apoyarse en el largo camino que recorría para encontrarle al Niño-Redentor un humilde pesebre donde limpiar a la humanidad pecadora de sus horrendos crímenes.

La espera es al tiempo dichosa y enternecedora, que el Salvador viene a darse por entero, el más inocente de los corderos, a sacrificarse en redención de los culpables, y no tiene más que un pobre pesebre para nacer. San José acondiciona el rincón para tan ilustres huéspedes que él tiene misión de guardar y proteger. La escena es estremecedora. Es tan infinito el abismo que separa al Justo de los culpables, al Santísimo de los pecadores, que aparentemente no era necesario explicitar más aún la indignidad humana pecadora con un lugar tan impropio del Rey de reyes. Y es que Dios, el Verbo encarnado, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad nos enseña su corazón misericordioso desde su Niñez amorosísima. Resulta tan abrumador el contraste de la deformada forma y fealdad del pecado cometido por el hombre en su naturaleza corrompida, con la Majestad infinita del Creador, que parece insalvable a los ojos humanos.

Sin embargo, nace el Divino Niño en el pajar de un establo, para que los hombres no tuviesemos razón al pensar que en nuestra miseria no podemos albergar al Mesías que nos salva del pecado. ¡No! El Verbo encarnado se hizo Niño y nació en un pesebre para que nada nos impidiese regresar cuantas veces necesitemos al Agua redentora del Salvador. El Rey se hace Niño para que nosotros, que estamos ensoberbecidos por nuestro pecado, al descubrir nuestra pequeñez por acción de la Gracia vayamos humildes a adorar a Dios. Ya no hay excusas para alegrarnos, pues nuestra miseria, por muy grande que sea, siempre será una minucia frente a la Misericordia y Amor de un Dios que adopta la naturaleza humana para redimirla de su culpa. El niño siempre se ensucia, siempre tropieza, siempre cae. Que nos humillemos, que nos abajemos, que volvamos al pesebre y veamos al Niño y a su Madre Purísima que nos acogen en su humilde morada, para que nos pongamos junto a los animales del establo, nos limpiemos con ese Agua divina, nos sequemos con la toalla que nos da José y, de su mano, vayamos a ver al Nacido y a su Madre que se recuestan para que le adoremos, más niños que nadie, más pobres que nadie, más felices que nadie...

¡¡FELIZ NAVIDAD!!


08 noviembre 2012

Sobre la tentación dualista o maniquea (I)

Huir del maniqueísmo exige juzgar con fundamentos
de Verdad y no de "partido"
Lo que sigue son extractos del artículo publicado en agosto de 1971 por D. Francisco Canals Vidal en la revista Cristiandad, y cuyo contenido enlazo directamente con mi anterior entrada "Guardemos las formas (sí, la formas)". No obstante, la profundización sobre este tema, tan trascendental para no caminar ciegos o cojos por el mundo de la política o vida social, requiere también una lectura atenta al magistral artículo "MONISMO Y PLURALISMO EN LA VIDA SOCIAL", que enlazo en esta entrada. 


LA TENTACIÓN DE LAS ANTÍTESIS MANIQUEAS

"Algunas sectas pitagóricas del siglo IV (a. De J.C.) afirmaban como fundamento del Cosmos, pares de principios opuestos:

   BIEN y MAL
                LUZ y TINIEBLAS
     DERECHA e IZQUIERDA
            UNIDAD y PLURALIDAD
ESTABILIDAD y MOVILIDAD
   CLAUSURA y APERTURA

Era un “dualismo” del tipo del que profesaron después los maniqueos. El MAL es concebido como esencial, consistente y originario. En consecuencia se afirma que en la realidad se dan elementos y dimensiones que son en sí mismos, por su propia esencia, tenebrosos y malos.

Aquellos pitagóricos eran tal vez “maniqueos” derechistas. Ya que ponían, en serie con la derecha el bien y la luz, lo unitario, lo inmóvil y lo cerrado. Con lo que merecerían las acusaciones que se dirigen hoy a los aborrecidos conservadores y reaccionarios.

O tal vez eran izquierdistas tan consecuentes y radicales que encontraban aburridos a los bienpensantes y se gozaban ya en las flores del mal. Tal vez hallaban en lo tenebroso la plenitud de posibilidades de un izquierdismo móvil, pluralístico y abierto.

La mentalidad maniquea es blasfema y desintegradora, ciega para la verdad. Según la verdad es bueno lo que es, en razón de la perfección de su ser, y el mal se da como desorden y carencia privativa. (…)

El sofisma maniqueo pretende enfrentar lo ABIERTO y lo CERRADO al modo del BIEN y del MAL. Si el maniqueísmo izquierdista opta por lo abierto, hasta preferir, por aperturismo, lo malo en caso de aceptar que lo cerrado es lo bueno, un derechismo contagiado de mentalidad maniquea puede tender a sospechar el mal en lo abierto.

Pero lo bueno es lo que es, en la perfección de su ser. Malo es lo desordenado y privado de perfección. De acuerdo con la filosofía perenne de la fe cristiana.

Y así como en el bien está el tiempo de morir y el tiempo de matar –y no el tiempo para el suicidio y el homicidio-; y el tiempo de sembrar y el tiempo de cosechar –pero no el de sembrar cizaña en el campo de trigo, ni el de meter la hoz en mies ajena-; está también en el bien el tiempo para el movimiento y la quietud –pero no para la agitación inútil ni para la pereza-; en el bien está el cerrar y el abrir –aunque es indecoroso abrir lo que tiene que estar cerrado, e injusto cerrar lo que tiene que estar abierto. (…)
Cuando el pensamiento tradicional defiende las libertades de expresión; la autarquía de las instituciones docentes y la libertad de enseñanza; la vida espontánea de los cuerpos intermedios y el respeto a las libertades de asociación fundadas en el orden natural; la autarquía de los municipios y corporaciones locales; nunca falta quien crea ver en estas actitudes como una concesión del tipo “nosotros también defendemos la libertad”.

Sería disparatado responder a esto con aquello de que “hay que reconocer las razones de la revolución”, o recordando que “hay que hacer lo justo porque es justo”, y no porque lo porque lo propugne la revolución y para anticiparse a ella, según se expresó el presidente Kennedy.

(…) La apertura de todo lo que ha de ser abierto para que la vida social despliegue su dinamismo al orden natural de Dios [Nota de SLH: o el cierre de lo que debe permanecer cerrado…], lo propugna el pensamiento tradicional, no como ofreciendo su alianza al progresismo izquierdista [N: o al conservadurismo derechista], o como si mediase a modo de TERCERA FUERZA, sino como una PRIMERA FUERZA política orientada hacia el orden integral de la sociedad.

06 noviembre 2012

Guardemos las formas (sí, las formas)

Hace unos meses salí de Misa un tanto indignado con la homilía que acababa de escuchar. Lo que prometía ser una buena predicación contra la hipocresía se convirtió en un alegato contra el "formalismo" que derivó hacia un desprecio a la "forma" frente a lo "auténtico", que sería la intención o la disposición interior. Mis ojos se tornaron como platos al escuchar la burla hacia la antigua costumbre del luto, que incluso llevaba a muchachas jóvenes que debían contraer nupcias vestidas de negro si tenían la mala suerte de que, al tiempo de casarse, habían sufrido en su familia la muerte de un pariente cercano.

Como en los meses siguientes he puesto atención a argumentos de este tipo, que invocaban lo "auténtico" que sería la disposición interior frente a lo "falso" que es la forma exterior, he ido reparando en lo extenso de este errado pensamiento, mucho más arraigado de lo que creía.

El error de fondo y profundo tiene su raíz, por ir al meollo del asunto, en un olvido total de Santo Tomás de Aquino, que rescató el realismo aristotélico al pensamiento cristiano para superar el anquilosado platonismo -incluso si tamizado por el pensamiento agustiniano- que no lleva sino al dualismo, y en ocasiones dualismo maniqueo. 

En efecto, en el hombre no existen como realidades separadas o independientes alma y cuerpo, como no lo están las ideas y la realidad, al modo que pretendía Platón. Por tanto, la verdad no está en la "idea" cuyo reflejo es el objeto. De igual modo, la abstracción de materia y forma como realidades independientes supone una ruptura de lo real en favor de lo idealista, o de lo que no se corresponde con la unicidad natural de las cosas. O mejor dicho: las cosas son reales y aunque se componen de "materia" y "forma", ambas forman una unidad necesaria que, al menos tienden a unirse. Anteponer la materia a la forma equivale a la traumática ruptura de la realidad que ya realizaban algunas sectas pitagóricas y se encuentra presente en toda forma de dualismo, como el maniqueismo de derechas e izquierdas.

En resumen, la forma ha de obedecer a la materia, igual que toda materia tiene una forma determinada.

Este neodualismo se ha infiltrado en tantas esferas del pensamiento cristiano actual, que el "guardar las formas" se ha convertido en sinónimo de hipocresía, como si el amor y el afecto a una persona fuesen compatibles con arrearle todos los días golpes en la sesera. 

Se ha aplicado, por otra parte, a promover la falta del decoro en el vestir, a la desacralización de la liturgia en aras de una "sencillez" muy mal entendida, a la pérdida de los sacramentos, a la manera de hablar, de comportarse, a la devaluación del arte, el olvido de la belleza, la incapacidad para objetivizar lo bello, a la pérdida de la llamada "urbanidad de la piedad" y así un largo etcétera que, aniquilando la forma, va cercenando la materia porque, recordemos, las cosas son reales y existen como tales. Se da la paradoja de que, buscando la "sinceridad" se acaban desfigurando las cosas. Me recuerdan a aquellos que, proclamando ese "yo es que soy muy sincero y no me callo las cosas" lo que hacen es, una y otra vez, herir, importunar, cuando no blasfemar o, simplemente, alzar la voz por encima de quien tiene razón -unos cretinos, vaya.

Errores son -no está de más decirlo- tanto el formalismo hipócrita que bajo la máscara de la forma se oculta la suciedad, como el espiritualismo idealista que aspira a un mundo de "intenciones" alejado de las "formas". En ambos casos se da un desorden contra el que todo cristiano debe luchar.

Por último y por acabar, una pequeña reflexión en defensa de las "formas". ¡Cuantas veces la estructura es protectora de lo que contiene o debería contener! Las formas, en sociedad, crean costumbre, norma y constituyen un "educador", incluso de la moral. Hasta en el huevo, la cáscara que de poco vale, es imprescindible. Las virtudes, por su parte, nacen de "forzar" a realizar actos externos o formales contrarios a nuestra inclinación íntima, hasta que la inclinación o impulso interior se adecúa a lo bueno creando hábito: así la importancia de las formas contribuye a la mejora interior. Cuando falta la referencia externa, se hace más complicado la mejora porque lo interior adquiere valor en sí mismo. Se dice que el amor crece con los actos de amor, y no al revés. Recuerdo la historia de aquel marido harto de su esposa por la rutina y los años de matrimonio, que decide el divorcio justo en el momento en el que a ella le diagnostican un cáncer terminal. Decide entonces, por compasión y por "guardar las formas", comportarse como un marido enamorado, y acto tras acto, acaba por enamorarse de nuevo.

Hagamos que las cosas sean lo que son, parezcan lo que son y que sean lo que parezcan. Eso es lo cristiano.

12 octubre 2012

El pilar que asienta la Hispanidad [corregido]


Ante todo, no debemos perder de vista que la Hispanidad comenzó cuando, sobre un pilar, la Madre de Dios se apareció a Santiago Apóstol, abatido en medio del camino, y le dijo: ¡Evangeliza!

Bajo esta perspectiva se levanta con coherencia toda nuestra historia y la del 12 de octubre. Los seis siglos que siguieron a aquel ¡evangeliza! sirvieron de simiente para que en Toledo el rey Recaredo confesara la fe católica, y la monarquía visigoda unificó a todos los hispanos por vez primera bajo esta voz: ¡Evangelicemos!

Y desde el 711, perdido el suelo patrio y perdida España una vez, don Pelayo engrandeció lo que posiblemente fue una escaramuza pero trascendental, que permitió la cabalgada póstuma del Cid sobre Valencia, las Navas de Tolosa, el santo rey Fernando III, el sabio Alfonso X, el conquistador Jaime I y finalmente el pueblo de Granada que se rinde a sus reyes. Isabel y Fernando, recibidas las llaves entre las lágrimas de Boabdil, pronunciarían humildes, tras 1492 años de espera: ¡Hemos evangelizado las Españas!

Y en la Pinta, la Niña y la Santa María zarparon con el beneplácito e impulso reales, Colón y un puñado de valientes que, en este y otros viajes, proseguían la marcha civilizadora que comenzara en Covadonga. La reina Isabel oraba en un rincón de Extremadura y la Madre de Dios la escuchó: estaban en Guadalupe, y de aquellas tierras Dios bendijo a la Corona con hombres de extraordinaria entrega que por el rey don Carlos libraron del tormento a Tlaxcaltecas y Aztecas. Hernán Cortés, Alvarado, Pizarro, Pedro de Valdivia, entre tantos más, fueron adalides de una bandera que, con las aspas de San Andrés, proclamaban a sus hombres: ¡Evangelizad!

Y como en la madurez de todo hombre, la Hispanidad fue la vocación cumplida de los españoles: vascos, castellanos, catalanes o extremeños se unieron a mexicanos, peruanos, chilenos o argentinos para que las Españas que todos formamos bajo el nombre de hispanos fuesen una llamada al orbe entero que admiraba cómo la fe en Dios, la confianza en su Madre, la lealtad a sus reyes y fidelidad a su tradición, creaban un gran pueblo, el mayor que nunca jamás se vio en la historia. Y en el sentimiento de todos, una enseñanza de Amor: el ¡Evangelio!

Es hoy, cuando obstruidos los entendimientos por la miseria humana, la Hispanidad se yergue quizás más resplandeciente ante nuestros ojos que, acostumbrados a la oscuridad hodierna, tal vez retiren la mirada. Pero no por ello ha de dejar de lucir porque es su Luz la que nos permite caminar y, aunque abatidos como Santiago en medio del camino, cansados y desanimados, en algún pilar, en algún recodo, o en el interior de nuestra alma española e hispana, la Virgen del Pilar, Nuestra Señora de Guadalupe, en Cáceres o en el Tepeyac, nos vuelve a interpelar: ¡Reevangeliza!

10 septiembre 2012

Homenaje a la auténtica Cataluña

Como cada 11 de septiembre los catalanes celebran su "Diada", en recuerdo de la rendición de la ciudad de Barcelona en la guerra de sucesión, que significó la victoria de las tropas de Felipe V frente al Archiduque Carlos. La misma fiesta en la que se rinde ofrenda floral como adalid de una supuesta resistencia "nacional catalana" a Rafael Casanova, obviando deliberadamente que el Conseller en Cap resistió el sitio "por el rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España", así como el jefe de la defensa, el general Villaroel que "por toda la nación española combatimos".

Pero este año, la Diada viene precedida, si cabe, por un ambiente independentista mayor que antaño. Referendums, declaraciones unilaterales de independencia por parte de algún pueblo, la petición de rescate financiero de la región y, para rematar la faena, las declaraciones imprudentes de algún Bisbe desorientando a la feligresía al declarar moralmente inocua la opción por el independentismo.

El caso es que el nacionalismo va consiguiendo sus objetivos de transformación del futuro mediante la manipulación y tergiversación del pasado. Pero es que el caldo de cultivo está listo, al haber asumido todo el espectro político las ideas desintegradoras del liberalismo. Ya he explicado anteriormente estos entresijos ideológicos por lo que a ello me remito. En estos tiempos, además, el nacionalismo posee una componente (falsamente) esperanzadora, que dota a una sociedad desnortada la posibilidad de culpar al "opresor" de todos sus males y tiene en la consecución de sus objetivos (sea la Hacienda propia o la independencia final) un modo de desviar la atención hacia un punto alejado de los problemas reales. Por eso el nacionalismo, allá donde ha triunfado, ha tenido en las situaciones de crisis o depresión colectiva su oportunidad de avanzar en su proyecto suicida. Ese componente mesiánico funciona como una auténtica religión civil y no en balde, como dice el profesor José Morales "el nacionalismo más o menos extremo tiende a instrumentalizar la religión para sus propios fines".

El único combate posible, me parece a mí, además de desenmascarando la mentira y sus resortes ideológicos, es amar intensamente lo que el nacionalismo, so pretexto de un falso amor, diviniza idolátricamente (la "nación"). Por eso admiro la Cataluña de los verdaderos maulets, de los malcontents, de los matiners, y en fin, la Cataluña grande que cultivó su maravillosa lengua, la de Ramón Muntaner, Jacint Verdaguer o incluso de Josep Pla (a quien nunca está de más leer). La Cataluña que luchó por las auténticas libertades frente a la uniformización y centralismo liberales. Nunca estará de más recordar que, de vivir en 1714, lo progresista y moderno sería, sin ningún tipo de duda, el bando botifler (de Felipe V).

Que no nos roben la auténtica Cataluña, la Cataluña hispánica y tradicional, defensora de sus libertades y las de todas las Españas, catalana, católica y universal. Por eso, parafraseando al gran Mossèn Cinto, me permito esta licencia sin ningún tipo de pretensión ortodoxa en la forma, pero sí en el contenido:

Dolça Catalunya, Pàtria del nostre cor,
Quan de nosaltres et sentim allunyar-te,
la nostra ànima s'esmicola pel dolor.

Pàtria catalana, filla de Montserrat,
escut de les Espanyes, bella terra
en veure't patir el cor prorromp en esclat.

No et deixis ensibornar pels qui no et volen
sinó per construir el seu feu particular
Nosaltres, el teus germans d'arreu la Hispanitat, sí t'estimem!

(Traducción: Dulce Cataluña, Patria de nuestro corazón / Cuando de nosotros te sentimos alejarte / nuestra alma se rompe en pedazos de dolor / Patria catalana, hija de Montserrat, escudo de las Españas, bella tierra / al verte sufrir el corazón prorrumpe en estallido / no te dejes embaucar por los que no te quieren / sino para construir su feudo particular / ¡Nosotros, tus hermanos de toda la Hispanidad, sí te amamos!)

09 septiembre 2012

El mito de la Inquisición (gran documental de la BBC)

La historia es a la Patria lo que la biografía a la persona. Por eso es tan paradójico que en la época de la autoafirmación subjetivista y autodeterminista los españoles tengamos nuestra historia tan oculta por prejuicios, mitos y leyendas que la deforman. Tal vez sea así porque España ha sido el pueblo menos egoísta de la historia universal, teniendo en cuenta que consagró desde el origen su misión e identidad a la realización de la Civilización del Amor, desde los tiempos de la Reconquista a los que siguió la maravillosa aventura de la Hispanidad. Pero ¡ay! que la Cristiandad vino a quebrarse con la entronización del "yo" autónomo bajo las formas de la Sola Scriptura, Sola Fide y, sobre todo, el libre examen a los que no pudo seguirse sino la división hasta el infinito de las interpretaciones de la Verdad. Y con ello, las llamadas "guerras de religión" rompieron la unidad de "Europa" (permítaseme la licencia del término) y las naciones que optaron por rechazar lo katholikós (lo universal) en favor de lo subjetivo, lanzaron sus infamias contra el enemigo, el más grande de los cuales fue España. Llamamos "leyenda negra", pues, al conjunto de estas infamias, entre las que se encuentra la de la Inquisición española. Sobre el cómo los españoles la adoptaron, volveremos otro día.

Pero no quisiera que esta introducción propia reste interés a lo que ahora traigo a colación (prescindan de ella, si quieren). Se trata de un gran documental sobre la Inquisición, de la cadena británica BBC cuya importancia es múltiple: no sólo por venir del país originario de la mencionada leyenda negra (admitiendo su falsedad) sino por lo bien documentado y las pruebas que muestra en favor de la mencionada institución sobre la que tantas mentiras se han vertido. Gracias a "Don Quijote" que lo colgó en su magnífico blog "El Rincón de Don Rodrigo", cuya lectura recomiendo. 



Y es que ya lo dijo el egregio polígrafo Don Marcelino Menéndez Pelayo: "Desengañémonos: si muchos no comprenden el fundamento jurídico de la Inquisición, no es porque él deje de ser bien claro y llano, sino por el olvido y menosprecio en que tenemos todas las obras del espíritu, y el ruin y bajo modo de considerar al hombre y a la sociedad que entre nosotros prevalece".